martes, 3 de diciembre de 2024

EL RÍO ES EL MISMO RÍO.

Contra toda lógica seguimos en el mundo de los vivos. En el mundo de los vivos donde el atributo principal, la vida, es una sustancia tan sumamente extraña.

Este blog nació de semillas escolares, sus primeras entradas reflexionaban sobre la burocracia, los currículos, las programaciones de aula... sobre la doble realidad del maestro, al menos del que esto escribe: la realidad de los papeles y la realidad real, la que ocurre cuando cierras la puerta y haces lo que puedes, lo que te atreves, lo que eres. Aún ayer, veinte  años después, en otra de esas reuniones lamentables, un compañero lamentaba la programación de aula tan mal hecha que difícilmente podía usar para trabajar. Yo me reía y pensaba... joer, es lo mismo siempre, somos un desastre de gremio, parece que no somos conscientes de que en 20 o 30 años casi todos los presentes estaremos muertos. Pude al menos susurrar a la alumna en practicas que estaba a mi lado que no hiciera mucho caso, que nada de lo que estaba allí presenciando estaba realmente ocurriendo ni, por supuesto, tenía ningún sentido. Finalmente me he convertido en el maestro de mediana edad que a primera vista pasa por un poco desajustado, que desconozco, muy esforzadamente, la ley que debería dominar, quizá incluso amar, que renuncio a aprender la neojerga de cada nueva ley-panfleto, y que la mayor parte de mis acciones en mi escuela están fuera del foco de lo oficial, legal o preceptivo. Cargo con el peso de la preocupación por caminar por terrenos inestables, inseguros... pero llegados a este punto, a esta mediana edad, ya será así hasta el final. Como poco, es bastante más divertido para mí y para mis alumos.


Releo algunas ideas escritas, quizá incluso pensadas, hace varios años y siento vértigo ante lo que estaba por venir y resultaba imprevisible. Doble vértigo ante la certeza de que esa circunstancia se repetirá siempre: cuántos caminos del todo imprevisibles están aguardando para aparecer en cualquier instante. Ramón Lobo, Pensión Lobo... podrías haber esperado un poco más... La vida te cambia por completo en un instante cotidiano. Los grandes acontecimientos de nuestra vida suelen suceder tras momentos cotidianos, cuando nuestra mente está muy lejos de advertir que en la siguiente escena de la película viene una cambio drástico en el guion.


Vuelvo al mundo de los vivos, sumo instantes cotidianos, aguardo la siguiente curva.






 

lunes, 8 de abril de 2019

UNA OPINIÓN INNECESARIA MÁS. EL ALEGRE ADOLESCENTE EN LA SOCIEDAD DEL YO.

Apenas recordaba las contraseñas de acceso. Desde hace meses, años seguramente, pienso frecuentemente en escribir sobre algunos temas pero en seguida pierdo la intención al comprobar la hiperabundancia de opiniones constantes sobre cualquier asunto y en cualquier circunstancia. Tuíteres, comentarios a artículos, tertulias eternas... acabo concluyendo que mejor sería estar un poco más callados de vez en cuando para escuchar, alguna vez, el sonido del silencio, e incluso poder escuchar a los demás.

Hoy, en contradicción con lo anterior, añadiré mi dosis de ruido y opinión innecesaria. 

Leí una entrevista hace unas semanas donde una conocida cantante española opinaba que ser adolescente actualmente era una gran putada, que se alegraba mucho de no tener que pasar por ello. Doy vueltas a estas cosas de los jóvenes desde hace mucho tiempo. Una amiga chistabina me decía también hace unos meses que estaba muy apurada con su hijo recién nacido, siendo madre soltera, que estaba contenta el día que dormía un rato o hacía comidas consistentes en un trozo de queso... pero que no era nada comparable al agotamiento mental resultado de su hija adolescente. Tengo en mente otros artículos leídos, charlas con otros padres, con profesores de instituto...

Si algo me da miedo es que mi pensamiento se encuentre bajo la influencia del antediluviano tópico que han sufrido todas las generaciones pensando que las siguientes eran menos trabajadoras, más vagas, más rebeldes, menos educadas... Recuerdo a mi querido profesor de Física, Javier Faci, manifestando este prejuicio hace ya casi treinta años. En la otra cara de la moneda, seguramente somos espectadores, es probable que lamentablemente seamos precisamente espectadores, del cambio social más rápido en la historia humana. 

La cuestión es si los ya viejos estamos observando bajo el prisma de la añoranza la vida  tan diferentes de los jóvenes actuales, o realmente existen algunos problemas objetivamente dañinos que han surgido del abrupto cambio social generado por la globalización, el consumismo y las tecnologías digitales. El debate es tremendo; de lo que esté ocurriendo realmente dependerá, en alguna medida al menos, cómo será la sociedad futura.

Con temor a estar ya fuera de onda, me coloco entre los que piensan que ser adolescente hoy es una gran faena. Ver a los jóvenes absorbidos por las pantallas de su móvil (¡igual que los adultos!), poner morritos y poses ridículas para sus selfies y cargar con la presión insoportable de mostrarse siempre maravillosos y actualizados al segundo en varias redes sociales (en la época de su vida donde precisamente es muy sensible lo relacionado con su imagen, su autoestima...), consumir contenidos adultos desde que tienen escasos diez años, ya con su contrato de datos ilimitados en el móvil, estar atados al constante flujo de estímulos de las pantallas, sin tiempo apenas para hacer algo que tenga que ver con lo tranquilo y pausado, pasar la tarde con ocho amigos donde cada uno mira su pantalla sin apenas reparar en la cara de los otros... 

La cuestión es muy compleja y exige muchos enfoques. En cualquier caso, de momento también estoy muy contento de no tener que ser adolescente en la actualidad. Creo que a los que tenemos algo que ver con los jóvenes nos está pasando por encima una ola gigante y, como casi siempre, no estamos ni enterándonos.

jueves, 31 de mayo de 2018

VIDA FICCIÓN I. CARTA DE AMOR A UN POLÍTICO.

Típico patio de escuela zombi. Gritos, muerte y destrucción entre los escombros.

Hace unos días, en uno de los últimos revuelos de la infame muchedumbre política, creo que fue alrededor de la toma de posesión del presidente catalán, el moderador de la sesión indicó a los presentes que se comportaran de una vez porque "aquello estaba pareciendo el patio de un colegio". Lo escuché mientras conducía y recuerdo con claridad cómo la ira me nublo el pensamiento. Malditos ineptos e hijos del demonio, pensé. Igual es el patio del colegio en el que ellos piensan cuando hostigan a la escuela con sus tsunamis burocráticos o recortan los presupuestos escolares y ahogan los intentos de programas pedagógicos necesarios y eficaces.

Deberían saber que ocurre al contrario: con frecuencia, ¡a diario y desde hace años!, pienso que los modelos de comportamiento y de comunicación característicos de nuestros representantes políticos no serían admisibles en un centro escolar del Primaria. Más aún, habitualmente pienso que ni a los niños de infantil les permito buena parte de los comportamientos que ellos exhiben. Queridos políticos, la mentira, el tú más, la falta de asunción de responsabilidades individuales, la descalificación, los gritos, la falta de escucha... no son elementos habituales en los patios de las escuelas; más aún, en ningunas de sus dependencias. En concreto, como maestro de EF, me preocupo con especial preocupación de que el patio de la escuela sea justamente el lugar donde aparezcan aquellos atributos de los que, según lo que vemos cada día, las estrellas de la política nacional adolecen: diálogo, responsabilidad, dignidad y coherencia, respeto escrupuloso.

miércoles, 9 de mayo de 2018

MEDITADO DESEO PARA LA DESAPARICIÓN DEL EJÉRCITO Y OTRAS PRÁCTICAS HUMANAS TAN ESTÚPIDAS.


Vida real sin likes ni dislikes.

Eran apenas las 9:30 y me disponía a realizar una humilde clase de maestrico con unos cuantos niños. Estábamos en el frontón del pueblo y ya había barrido los restos del suelo roto para evitar tropezones y heridas de los pequeños. Estábamos en un pequeño corro, pues les ayudaba con los últimos ajustes de los patines y les daba las últimas indicaciones antes de empezar. En estos asuntos andábamos cuando han pasado dos aviones de guerra sobre nuestras cabezas, muy bajitos y a unos cuantos miles de kilómetros por hora. El estruendo ha sido atronador, terrible, todos nos hemos agachado instintivamente para protegernos… y esa imagen se ha quedado en mi memoria… agachado y rodeado de ocho niños en el suelo con cara de susto. Extraña estampa en el año 2018 y en un avanzado pseudo país como España… realmente tan solo quería maldecir al ejército español, y por extensión a todos los demás, desear que desaparezca, que se diluya o desintegre, que deje de hacer el ridículo en estúpidos juegos de guerra en espacios naturales soberbios como son las Bardenas Reales, que ceda el gasto de uno de esos aviones terribles para poder atender a los niños con los que la escuela se siente impotente y sin recursos y a los que simplemente puede observar resignada mientras van cavando un profundo pozo del que les resultará muy difícil, quizá imposible, salir.

Entre estas peripecias fluye y se abre paso la vida. También con niños que a los diez años andan enganchados a videojuegos instructivos como Fortnite, donde idolatran a personajes de muy dudosos valores formativos. Igual que idolatran y siguen a diario a youtubers profesionalizados en la venta de escoria y mala educación. Es muy posible que me haya quedado repentina e instantáneamente fuera de onda generacional. O eso o lo cutre, hueco y maleducado se está instalando como un tapiz que calladamente cubre nuestra vida social.

A saber.

miércoles, 25 de abril de 2018

LA EXTRAÑEZA NO MENGUA, PERO LA MODERNIDAD LA CAMUFLA.

Escribir es un bien preciado, así que vuelvo a intentar instaurar el hábito perdido. Que pensar y teclear robaran tiempo a los pasatiempos basura de la vida moderna sería fantástico.

Durante todo el periodo sin escribir, he pensado también menos. Si generalmente solían no gustarme las cosas que yo mismo escribía e incluso sentía pudor al releerlas, ahora me ocurre lo contrario (¡en ocasiones!): releo algunos textos y me sorprendo por haber hilado algunas buenas ideas que ahora mismo no sería capaz de generar y enlazar. El cerebro está fuera de forma.

A punto de acabar un nuevo curso, me he convertido definitivamente en un maestro grisáceo, con los maestros viejos y descreídos que se mueven más por la evitación de problemas que por las férreas convicciones éticas profesionales. Algunas carencias dolorosas han ido horadando ese canal. En general, creo que nos damos mucha más importancia de la que tenemos, que casi nada es demasiado grave y que gastamos una parte muy valiosa del tiempo en asuntos muy poco importantes. Al final será todo muy sencillo y la dificultad real radicará en darse cuenta de ello. 

Intentaré volver a escribir sobre montañas, lunas, arrendajos y perros, escuelas e incluso políticos españoles, por incluir alguna pizca de humor. Hasta el próximo texto!


lunes, 27 de noviembre de 2017

CRECEPELOS Y OTRAS DUDAS.

Hace pocos días un alumno insultó a un compañero musulmán diciéndole que él y su familia eran terroristas y mataban a la gente. Tienen 9 años. Los problemas de convivencia se suceden cada día a ritmo fantástico. Una niña de ocho años señalaba que el maestro de la clase contigua no sabía enseñar, que allí los niños no aprendían nada. Peleas e insultos propios de discotecas depravadas, túdevuélveselamásfuerte, falta de atención generalizada y comportamientos muy sorprendentes en algunas clases... estos son algunos de los hechos planteados este curso.

Intentando analizar la convivencia, sus problemas, no cayendo en los tópicos, no atribuyendo la responsabilidad a factores externos, qué fácil y tentador resulta, acabo comentando con algunos compañeros que cuando un problema está tan generalizado no podemos caer en explicaciones ligeras, que tiene que haber algo que pasamos por alto.

¿Será que la sociedad ha cambiado a un ritmo tan difícil de asimilar y de tan compleja adaptación? ¿Nos habremos quedado precozmente anticuados y alejados de los valores que rigen y regirán en la sociedad en los próximos años? Quedarse anticuado muy rápido parece un rasgo común a cualquier elemento de este tiempo, por qué no también en los maestros igual que en los iphone.

Creo que hay un fenomenal lío. En la escuela, en las familias, en la sociedad, nadie sabe muy bien hacia dónde apuntar porque parece que todo es volátil, imprevisible. La vida líquida de Bauman. Nadie sabe qué será el Mundo en 30 años, por lo que trazar un camino razonable plantea múltiples dudas, resulta más una cuestión de fe y de intuición personal. Cada uno hace lo que puede, cubierto prudentemente ante los inciertos e imprevisibles problemas propios del momento por una cantidad suficiente de burocracia, mientras los gurús se suceden cada instante ofreciendo certezas y milagros que apuntan en cualquier dirección imaginable. Vendedores ambulantes de crecepelo 2.0.

Me encantaría echar un vistazo en 200 o 300 años y comprobar en qué quedó todo este jaleo, si finalmente nuestros esfuerzos por destrozar el planeta funcionaron, qué injusticias se consiguieron revertir, cómo les fue a los gurús y a sus recetas mágicas, cómo acabo funcionando el Mundo. A ver si llego.

jueves, 14 de septiembre de 2017

AL FINAL NO HAY NADA, ERA (SOLO) ESTO.

Letras del desengaño. Tras muchos años de búsqueda, parece que finalmente no hay nada que encontrar. Donald Trump, Kim Jong Un, los políticos españoles circenses, la escuela sin apenas la capacidad de cambio en la que creí como un seminarista recién llegado del pueblo, los incendios, la infinita ansia humana de crecimiento ajeno a las consecuencias, a los que no tienen nada, al futuro y a los que nos seguirán, el ritmo de extinción mil veces superior al ritmo natural, la basura que se acumula en cada cuneta, en cada campo o sendero, los programas de fiestas con exclusividad de vacas y procesiones con el santo a cuestas.

También está Yllana y los que son como ellos. Personas dedicadas a un trabajo consistente en hacer felices a los demás. Un rato al menos. ¿Cómo sería el mundo si esta opción fuera la predominante?

Una nueva circunstancia escolar. Creo que ya tengo todas. Seré maestro itinerante. Llevaré mis cacharros de un pueblo a otro. Sin un burro, que sería lo auténticamente sensacional. Cobijado por una buena montaña, algo es algo, pues echo mucho de menos a mis alumnos, sus montañas y sus lagos. Pero. Este pero es bueno. Pero no sufriré con compañeros carentes de responsabilidad y de implicación con un oficio que exige algo de corazón, que no preparan sus clases, que llegan sistemáticamente tarde... daré mi mínima clase, desataré el burro y marcharé al siguiente lugar.

Me bromea mi antiguo amigo con que ya no creo en las ideas escolares románticas que nos embriagaban hace no tanto tiempo. Quizá estemos en pleno proceso de reconversión a maestros grises. Quizá ya lo seamos. Fue difícil con tantos indicadores de evaluación, tantos ítems, tantas metaevaluaciones y metamorralla escolar disfrazada de ejecutivo engominado. La escuela pulcra, aséptica y empresarial nos comió. Probablemente lo mejor es concentrarse en los hijos, o irte a Sevilla a ser feliz con tu pareja.

En 30 años todos muertos, repetía Emilio. Para qué tantas complicaciones.

viernes, 3 de marzo de 2017

(RE)MIRANDO HACIA EL INTERIOR.


Recuerdo despertar a media noche sintiendo la necesidad de escribir alguna idea inmediatamente. Leo estos días lo escrito hace ya un puñado de años y me sorprende extraordinariamente la confianza y ligereza con la que escribía y valoraba cualquier tema, ya fuera sobre Naturaleza, sobre economía o sobre la sociedad. ¡Qué incauto y atrevido me observo desde el futuro! 

La escuela era mi tema preferido y sentía enormes ganas de reflexionar y escribir sobre ella. Hoy no siento ninguna gana de escribir sobre la Educación. Creo haber adquirido una sensación muy pesimista sobre mi oficio que disipa el interés para referirme a él. Es posible que cuando escribía con frecuencia mantuviera un sentimiento íntimo de confianza en la mejora de las circunstancias. Hoy esa confianza ha desaparecido en buena medida. O quizá es más probable que sean mis fuerzas las desaparecidas o que me haya convertido en un maestro de escaso valor que no posee capacidad alguna para transformar y mejorar la realidad circundante más cercana.

De los felices años pasados quizá quede solamente el sentimiento de perplejidad, de no entender casi nada y sentirme muy extraño rodeado de personas que parecen entender todo a la perfección. Hoy, en la escuela, miro a los alumnos mayores y me pregunto cómo será su vida adulta, cómo encontrarán un hueco para desarrollar una vida plena y satisfactoria. Es incierto ese camino, con tanto aviso y amenaza de cambio, de inestabilidad, con tanto ruido desde todas partes.

Cada día florecen gurús y expertos omniscientes, expertólogos decíamos cuando cenábamos juntos en la aceitosa calle María Moliner, que dan su receta acerca del camino de la verdad en la escuela: unos quitarían los exámenes, otros las asignaturas, algunos cambiarían los muebles, hay quienes relegarían al maestro a un papel de supervisor, quienes dejarían en manos de videojuegos o aplicaciones informáticas variadas buena parte de la Educación... decenas de opciones avaladas por el último pedagogo de moda nominado al mejor maestro del siglo. Sin embargo, en mi caso acumulo nuevas e intensas dudas cada curso superado.

Lectura y escritura reposadas. Leí a Juan José Millás hace unos cuantos años señalar a la lectura como una de las actividades más transgresoras y subversivas posibles. Creo que la idea adquiere mayor sentido cada segundo que pasa. Vamos a ello.

martes, 18 de octubre de 2016

ESPÍRITUS Y FLOREROS.

Mientras escribía un texto sonaba el runrún de fondo de la televisión. En un momento dado las palabras captan mi atención: el tema recurrente sobre el origen del sistema educativo en unas condiciones sociales muy diferentes de las actuales, la inadaptación del sistema actual… ¡lo iban a tratar en Cuarto Milenio!, el programa dedicado a espíritus, hadas y demás cacharrería paranormal. He dejado de teclear un momento sin saber si partirme de risa o echarme a llorar. Un asunto se caracteriza en buena medida por las circunstancias que le rodean. En el caso de la Educación lo circundante es tremendo. Este tipo de situaciones mitad desternillantes, mitad deprimentes solo son superadas en la actualidad por el mundo de la política. De hecho, seguramente habrá una clara conexión entre el desastre de ambas.

Si bien hasta el momento actual he estado muy contento en mi clase, esta ha sido la semana en la que la oscuridad ha comenzado a apoderarse de mis pensamientos. Dar clase a cinco niveles es extraordinariamente difícil. Esto sí que es el número de los platillos chinos. Además, conforme vamos trabajando se muestran más lagunas y desfases curriculares. Es una especie de caída constante en la que no encuentro suelo firme desde el que comenzar a trabajar. Este desfase generalizado y severo en algunos casos, junto con lo apremiante de trabajar los contenidos propios de cada nivel, me han llevado a un atasco mental en el que pongo en duda las posibilidades de llegar a un punto razonable y digno con el grupo.

Por otra parte, he mantenido reuniones individuales con muchas familias. Todas eran conocedoras del retraso existente, pero en muchos casos desconocían el alcance real. Por una parte, me sorprende que a una familia le pueda coger por sorpresa un desfase académico de varios años en algunos casos. Por otra parte, comunicar y tratar sobre estas situaciones es tremendamente peliagudo y desagradable.

Me sigue sorprendiendo hasta el extremo el asunto de la evaluación. Mientras la administración y sus inspectores robóticos desarrollan y exigen un sistema de evaluación difícilmente aplicable e irreal, la realidad plantea situaciones tan alarmantes y ajenas a lo que el currículo prescribe como la que observo actualmente (que tampoco es una excepción, puesto que es algo percibido en cada centro por el que paso… y van unos cuantos).


Y me despido con otro runrún televisivo. Campeonato del mundo de ciclismo de carretera. Cierro el artículo mientras se entregan las medallas en el podio. Sorprendentemente no hay chicas florero en la ceremonia, quizá sea la primera vez que contemplo la no presencia de este anacronismo sonrojante. La pena es que no ocurre precisamente por un desarrollo especial de los derechos de las mujeres; más bien, no tienen siquiera el derecho de ser mujeres florero.

viernes, 7 de octubre de 2016

SOBRE LA NEUROSIS Y OTROS ELEMENTOS ESCOLARES.

Me intriga profundamente el asunto de los deberes escolares. Las familias andan enfrentadas: mientras unas reclaman en Change.org la abolición de lo que consideran una forma de esclavitud moderna, otras piden encarecidamente al tutor de sus hijos de seis años que les mande más faena para cada día, habiendo centros donde los niños de los primeros cursos de primaria hacen más de una hora diaria de trabajo en casa... abro paréntesis... dándose la curiosa paradoja de que trabajan en muchos casos más horas que sus maestros.

Como en casi todo lo demás, no tengo una opinión muy clara, sí desconcierto y apenas algunas ideas:

- Sorprendentemente los técnicos educativos van bajando determinados contenidos a cursos inferiores, creo que para satisfacer los alborotos post informes Pisa y para dar la sensación de mayor nivel educativo. Hasta donde yo sé, bajar a segundo las multiplicaciones, acelerar el aprendizaje de las potencias, etc. apenas sirve para aumentar el jaleo mental de los niños y no asentar convenientemente los aprendizajes que su desarrollo psicológico permite. Desde mi pequeño lugar, parece que a medida que las decisiones sobre currículum más se acercan a los niveles políticos, menos tienen que ver con lo que parece esencial: el desarrollo evolutivo de los niños, y más con cuestiones coyunturales e improvisaciones. Al final, los niños aprenden lo que biológicamente pueden aprender y aparecen situaciones en las que debes enseñar las potencias a alumnos que no comprenden aún el concepto elemental de sistema decimal o, en general, abordar contenidos que superar rápidamente con la certeza de que muchos niños no los comprenden (¡con la frustración que implica si eres bien consciente de las lagunas que se van generando sin poder hacer demasiado!). Aunque para esto último el maestro posee una herramienta fabulosa: la evaluación feliz, es decir, aquella nacida para contentar a familias y entorno general, así evitar problemas variados y pasar cuanto antes a otra cosa.

- ¿Para qué son los deberes? Como en muchos casos, apenas hay argumentos de peso, con criterios razonables. Hay ruido, necesidades y opiniones muy personales. Preguntas cómo "¿para qué sirven?, ¿cuál es la progresión lógica en tiempo y dificultad en primaria y secundaria?, ¿cuál es el papel de los padres en esos deberes?... tienen tantas respuestas como debatientes.

- ¿Los maestros somos expertos en algo? Una buena definición de maestro... persona que va haciendo faenas en la escuela hasta que se presenta un problema o una decisión a tomar y entonces se debe llamar a un experto. En torno a los deberes y a cualquier otra polémica resulta que no somos capaces de establecer un criterio profesional, consensuado, razonable. De hecho, somos los que menos participamos en el debate.

- Me sorprende hasta límites estratosféricos: en mi época de primaria mi madre se preocupaba por mí, me cuidaba y me quería en términos maternales razonables, etc., pero no sabía cada día en qué tema estaba de cada asignatura, no hablaba con mis profesores quince veces cada semana... y la vida aparentaba normalidad. Yo llegaba a casa, cogía mi bocadillo de chorizo e iba a jugar dos o tres horas a la calle. Y la vida aparentaba normalidad. Parecía lo propio en la vida de los niños de siete u ocho años. No éramos pseudoejecutivos con agendas repletas de citas y obligaciones deberiles. Quizá algún día teníamos que hacer algo de faena, pero ni lo recuerdo. Recuerdo los bocadillos de chorizo, queso o jamón, el fútbol, la bici y las canicas. De esa forma de vivir han surgido adultos que han superado sus objetivos curriculares en cada época de su vida, gentes responsables, muchos fenomenales profesionales en sus campos laborales. Quiero decir... ¿no estamos los maestros, familias y cualquier adulto en torno a la escuela neurotizando el mundo infantil de la misma forma que ya hemos hecho con el adulto? Si los niños muy pequeños tienen que hacer tantos deberes cada día... ¿no apunta eso hacia algún tipo de fallo en los contenidos que deben aprender o en la labor del que debe enseñarlos?, ¿son los niños menores de 8 o 9 años autónomos para hacer estas tareas sin volver locos y cargar de trabajo a sus familias?, ¿no privamos en muchos casos a los niños de la posibilidad de hacer cada tarde auténticas actividades de niños, e incluso a sus familias de la posibilidad de disfrutar de tiempo libre con sus hijos?

Esto se me ocurre decir. Ahora voy a enseñar temario rápidamente para cumplir los objetivos que las gentes sabias establecen. Buen día para todos.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

EL ARTE MAYOR.

Los niños de quinto y sexto estudian sobre la poesía de arte mayor y menor. Incluso en tan obligatorias como inservibles evaluaciones iniciales se les pregunta por ello. Sin embargo, ninguno lee nunca poesía, en ninguno se ha despertado cierto interés hacia ella, ninguno sabe dar una mínima aproximación sobre qué es la poesía; y lo peor, nada de esto último preocupa a nadie. Mientras cuenten sílabas y escriban con atino si arte mayor o menor, todo está bien en la escuela y en la poesía. 

Comienza el día, pronto llegan los niños.

lunes, 29 de agosto de 2016

POLVO DE ESTRELLAS.

Estoy absolutamente hipnotizado tras la lectura de la introducción de un libro que comentaré por aquí en algún momento. Es una idea de tal profundidad que no comprendo cómo las charlas de los habitantes del Planeta, los bien alimentados al menos, no giran cada instante en torno a ella. En cualquier caso, alabanzas para Pere Estupinyá por ocupar de un modo tan meritorio parte del hueco enorme que existe en España en torno a la divulgación científica. Aunque sin ciencia es difícil hacer divulgación. Mariano y sus secuaces.

Hace mucho que no revolotea alguna por aquí

En unos días comienza el curso, un nuevo curso. A la incertidumbre de siempre le añadiré esta vez un poco de miedo. El curso pasado dudé en muchos casos si era un maestro mínimamente decente y competente. Y las dudas aún me acompañan. Algunos compañeros ejemplares, por otra parte y casualmente, sin relación con lo anterior, me lanzan algunos piropos en relación al trabajo. En mi cabeza es muy difícil de asumir ser buen maestro y mal maestro a la vez. Desearía que mi oficio fuera más sencillo y unívoco. Igual finalmente soy muy mal maestro y no soy capaz de enseñar lo necesario a los niños que se sitúan frente a mí.

Como en las grandes rupturas amorosas o los grandes traumas en general, cuesta hablar del suceso hasta pasado un tiempo y las consecuencias suelen ser importantes y con efecto a largo plazo. En lo que me respecta, la principal consecuencia es que, a la primera ocasión que encuentre, intentaré dejar de ser tutor. Me parece un oficio de un riesgo a la altura del de torero o funambulista. De una responsabilidad máxima y con una colchoneta muy pequeñita bien lejana. Representa una enorme pena, puesto que ser tutor en una escuela rural ha sido siempre una de las mayores ilusiones que he sentido en mi trabajo. No tengo claro si es válida la generalización de que las relaciones con las familias son cada vez más complicadas. Me inclino a pensar que sí en base a mi no muy larga trayectoria. Ser especialista de Educación Física es precioso en similar medida, con capacidad para invertir todo el trabajo que se desee, e implica un 99% menos de quebraderos de cabeza. 

Parece ser que para despedirme de esta faceta estaré con un grupo de niños de segundo a sexto de primaria. Un grupo con cinco edades diferentes y con cierta problemática de comportamiento desde hace tiempo. Será un buen reto antes de la retirada parcial.


miércoles, 6 de julio de 2016

SEVERINO PALLARUELO.


Releyendo escritos de hace años me entristezco comprobando que soy un maestro y una persona muy diferente a la que comenzó. Quizá el cambio no sea negativo en sí mismo; el problema es que compruebo haber perdido muchas virtudes y energía del comienzo y haberlas sustituido por desilusión en muchos casos. Las grandes personas que he tenido la suerte de conocer tienen el factor común de mantener la ilusión intacta y a prueba de bombas, precisamente han enfocado su carrera y su vida hacia lo positivo, dejando de lado los problemas e inconvenientes. Examen de conciencia, perdón de los pecados y propósito de enmienda. Creo que era así. A los dioses de todas las religiones pasadas y futuras pongo de testigos para este nuevo propósito que me planteo.

Este curso pasado no pasará a la historia personal como un buen curso, más bien al contrario, pues me enfrenté a un problema que me superó y me hizo considerar la opción de cambiar de trabajo o planeta. Sin embargo, sucedió que uno de los días que lo integraron fue quizá el mejor día que he pasado en la escuela. Ese día acudió a mi clase Severino Pallaruelo. 

No pude dejar constancia de esta visita en el blog de clase ni en ningún otro lugar, así que me gustaría que quedara reflejado, al menos, en este lugar.

Se planteó la posibilidad de su visita gracias al contacto de una compañera. Severino desde el primer momento se mostró interesado, así que fuimos dando forma a la visita poco a poco. Sus múltiples perfiles nos hacían dudar sobre qué actividades plantear. Su enorme figura también suponía cierta presión para dar lugar a un muy buen día escolar.

En lo personal significaba recibir en mi clase a una persona muy admirada y escritor de uno de los libros más cautivadores que he leído.

Finalmente y si la memoria no me falla, hace ya tres meses, las actividades consistieron en una presentación del visitante por parte de los alumnos mayores, una presentación del pueblo hecha en conjunto por los niños, un repaso de Severino de sus principales libros, un taller de escritura (¡con uno de los mejores y más prolíficos escritores aragoneses!) y una parte final en la que los niños realizaron una entrevista al escritor. Las semanas previas habíamos visto algunos vídeos (navatas, por ejemplo) y estudiado temas de historia y tradiciones cercanos a los temas que finalmente tratamos este día.

Para una persona que no ha trabajado con niños suele resultar difícil acceder al registro adecuado en vocabulario y complejidad del lenguaje, pero no fue el caso... los tres maestros presentes recibimos una lección magistral sobre el arte de mantener embobados a 11 niños y tres adultos con el simple artilugio de la palabra. Pudimos conocer historias emocionantes del Capitán Hook y el escorbuto de sus marineros, de los abuelos gemelos curanderos de caballos, de cómo se fue hilando el libro de José (de la dignidad humana ajena a trajes y titulaciones; su asistencia a la presentación del libro, sus miradas a la librería La General de Aínsa para comprobar si se vendía su libro...), de la impactante anécdota del batanero de Lacort... conocimos la historia del aula 28 del IES Biello Aragón de Sabiñanigo, fuimos testigos de las reflexiones de un profesor que ejerció con total dedicación más de cuatro décadas, de un inspector de educación que sintió el peso de la burocracia sin alma, de un escritor de veintiún libros publicados (¡"y cinco o seis más por los cajones de casa"!), de un profundo conocedor del arte y las tradiciones aragonesas y, seguramente, del mejor conocedor del territorio aragonés. Además, o quizá causa de todo lo anterior, tuvimos frente a nosotros a un entusiasta del conocimiento y del aprendizaje. Y, además y como guinda, a una persona que irradia bondad.

No sé realmente qué huella quedará a los niños de ese día. Supongo que unos pocos encontrarán en el futuro alguna referencia y caerán en la cuenta de que recibieron en su clase a esa persona cuando eran bien pequeños. Sí tengo la certeza de que para mí fue una de las actividades más afortunadas que he emprendido desde que soy maestro. Muchas gracias a Severino Pallaruelo y a los que colaboraron en su visita.

viernes, 17 de junio de 2016

WHY DOES MY HEART FEEL SO BAD? LA VIDA. VOLUMEN II.

Siempre he pensado que moriría pronto. Siempre pienso con extrañeza en estar aún vivo. En cualquier caso sí parece que es apostar sobre seguro considerar que he comenzado hoy, quizá de forma simbólica (pero, ¿qué hay más importante?) la segunda parte. La primera comenzó saliendo de un lugar oscuro a través de algo similar a un túnel, así que para esta ya cuento con la ventaja de la experiencia. Curioso paralelismo.

La escuela, perdonadme los optimistas, se ha confirmado como un lugar extremadamente difícil donde rige cada vez más la burocracia. Y no cualquier burocracia, sino aquella cuyo principal objetivo consiste en salvar el culo con el menor número posible de rasguños o responsabilidades. El curso que ya concluye ha sido una fantástica experiencia sobre la variedad de mentalidades presentes en las familias, sobre cómo se pueden generar algunos problemas que sin atajarse a tiempo se convierten en sensacionales problemas. Cómo cada nivel jerárquico simplemente busca evitar problemas aunque ello suponga obviar los problemas y la responsabilidad profesional, y cómo, de forma muy llamativa e incluso graciosa, deben agarrarse a fórmulas radicalmente opuestas. Un equipo directivo que se aferra a la inacción y a satisfacer a las familias a cualquier precio y una inspección educativa que para satisfacer igualmente a las familias se limita a contemplar robóticamente los indicadores, estándares, criterios, rúbricas y demás inefables hijos del apocalipsis tecnócrata que asola las escuelas aragonesas tratando de convertirlas en fábricas de tornillos. Creo, del modo más riguroso que soy capaz, que ser maestro comprometido es actualmente una labor titánica.

Y la vida sigue corriendo, igual que en la primera parte. Estoy muy contento, hacía muchos meses que no sentía la necesidad de escribir. Continúa el diecisiete de junio de 2016.

lunes, 16 de noviembre de 2015

LA AGONÍA DE LA ESCUELA, EL ESPLENDOR MEDIEVAL.

Hace unos días, en clase de Ciencias Naturales, unos cuantos niños soltaron las frases de "es que los humanos no somos como los animales", "es que eso es así porque Dios lo hizo...". A partir de ahí pasamos una hora discutiendo sobre el pensamiento que exige razones, argumentos, explicaciones, y el pensamiento que se cree las cosas porque sí, sin requerir justificación o prueba alguna. He pensado mucho en los días sucesivos y he llegado a la conclusión de que me equivoqué, no tuvo sentido dar tantas vueltas al asunto con niños muy pequeños que aún no tienen argumentos suficientes y madurez como para valorar ajustadamente este tipo de ideas. Pero precisamente aquí radica el gran desastre de la religión en la escuela: se cuela en la cabeza de los niños cuando no tienen espíritu crítico para juzgar la validez de lo que se les ofrece y, a partir de ahí, solo si se dan las circunstancias adecuadas, quizá algún día se replanteen algunas ideas, pero de entrada el sistema operativo ya está configurado de serie en el modo religioso. En la citada clase hablábamos de evolución, de fósiles, de descubrimientos sobre adaptaciones de distintos seres vivos. ¿Qué hacer cuando los niños tienen ya preconfigurado el pensamiento para atribuir las explicaciones a causas divinas y milagrosas? La batalla está perdida. A la vista de un niño de primaria, los argumentos con pruebas, con nombres de científicos, los frutos de décadas de estudio e investigación... poseen exactamente el mismo rigor que la última fabulilla que hayan escuchado en religión y que puede tratar sobre la creación del mundo hace 2000 años o sobre la creación de los humanos por intervención divina, en unos minutos y a partir de unos trozos de barro, para gobernar al resto de bestias naturales. Esto está así establecido en la cabeza de los niños que estudian religión. Queda establecido como verdadero o, al menos, con la misma veracidad que cualquier otro contenido que les trasmitimos en el resto de áreas. Es un crimen contra la razón permitir en la escuela la asignatura de religión que se imparte muchas veces a continuación de las Ciencias y que impide radicalmente el desarrollo de los contenidos propios de las áreas, como son todos los que tienen que ver con los seres vivos y su evolución, la astronomía, la historia de La Tierra, etc. Si los maestros, incluidos los que imparten religión, tuviéramos un poco de sentido común y rigor en lo que hacemos, clamaríamos contra esta situación.

Las materias que se imparten en la escuela están muy cerca de variados campos científicos y de conocimiento: biología, fisiología, matemáticas, anatomía, filología,  arte... Todos estos campos han experimentados desarrollos enormes durante su existencia, con especial incidencia en las últimas décadas. Por ejemplo, las ciencias biológicas y la tecnología caminan con pasos de gigante y se sitúan hoy en disposición de avances y descubrimientos que a los profanos nos parecen con frecuencia más propios de la ciencia ficción. Pero la escuela es ajena a cualquier avance. Avance y escuela solo pueden convivir en forma de palabras en un blog de un miserable maestro como yo, no en la realidad. Se habla de maestro innovador cuando un maestro actúa del mismo modo que ya actuaban otros hace ciento treinta años (¡imaginen las prácticas del no innovador!), los cambios que se producen son fruto del último ramalazo que ha sufrido el iluminado de turno, bien sean los estándares de evaluación, la inclusión o no de la religión en el currículo escolar, el desglose de Conocimiento del Medio en Ciencias Naturales y Ciencias Sociales, el mandar 2 horas de deberes cada día o no mandar nada, el tener a los niños de cursos inferiores de primaria trabajando al estilo de un campo de trabajos forzados o dejándoles directamente que se guíen por sus libres apetencias y hagan lo que les venga en gana... En la escuela no existe ningún avance en base a lo aprendido en el pasado, un avance fruto de la formación, fruto de expertos que marquen un camino claro según criterios avalados por sus resultados. Se llenan los currículos de palabras a las que, en la acción real, vaciamos de sustancia: ciudadanos libres, espíritu crítico, capacidad para pensar autónomamente... Palabrería hueca más cercana a los políticos que a un campo que quisiera avanzar hacia prácticas más acertadas, rigurosas y coherentes. La escuela actual está llena de centros y de maestros cuyo comportamiento se limita a leer el libro de texto, mandar los ejercicios, corregirlos y hacer exámenes que inciden únicamente en la capacidad memorística. Esta forma de actuar es simplemente una gran forma de perpetuar prácticas pasadas que nada tienen que ver con esas bonitas palabras que aparecen en nuestro currículo. Para mayor jolgorio, una buena proporción de las familias equiparan esa forma de enseñar con lo correcto, pues es lo que ellos vivieron y además es más fácil justificar el esfuerzo con la prueba de la memorización que con métodos que realmente trabajen hacia el esfuerzo en pensar, en entender, en expresar, en ser críticos. Incluso demandan explícitamente actividades repetitivas, mecánicas, más trabajo para casa y más exámenes. Un magnífico maestro de maestros solía repetir que hiciéramos lo que hiciéramos en el aula tuviéramos siempre muy claro por qué lo hacíamos, qué buscábamos con esa actividad. Esta norma no se cumple ni a nivel organizativo general en los que planean los currículos y definen las leyes educativas ni en los maestros que cada día abren las clases. Se actúa en base a ideologías, en base a lo que uno vivió en su escolaridad, en función de las mil modas que nos asaltan cada semana (salud, emociones, valores, inteligencias múltiples...), o directamente en función del mínimo esfuerzo, pero son siempre cambios y actuaciones que no obedecen a un plan rigurosamente planeado según unos conocimientos validados. Hace unos días leía a Gregori Luri; hablaba sobre diferencias en los entornos de aprendizaje de niños de distintos estratos sociales. Aportaba datos como las palabras que cada tipo de niño escuchaba cada día y lo que ello implicaba en su vocabulario, su lenguaje y el desarrollo de su pensamiento. Partía de datos claros y constatados, analizaba la situación y establecía propuestas orientadas a objetivos claros. Era magnífico leerlo porque no se suelen encontrar este tipo de planteamientos alrededor de la escuela.

Hace unos días, mientras visitaba a una persona querida en esos centros donde los ciudadanos de los países avanzados aparcamos a los mayores a la espera de que mueran y dejen de molestar en una estructura social donde no cabe ser lento y no productivo ni consumista, me encontré con una cita de Víktor Frankl, el eminente psiquiatra autor de El hombre en busca de sentido. Decía algo parecido a que nos pueden arrebatar absolutamente todo lo que poseemos, pero siempre seguiremos siendo dueños de nuestra actitud ante esa pérdida. Estaba dando vueltas a los temas sobre los que acabo de escribir cuando leí la frase... y entonces pensé en cuál debería ser la actitud ante una escuela religiosa, desorientada y en muchos casos con prácticas más cercanas al franquismo que al momento de modernidad y cambio en el que supuestamente vivimos. En principio, aunque no creo que el señor Frankl lo aprobase, frustración, desesperación y derrotismo. Buena semana.


martes, 13 de octubre de 2015

DECADENCIA.

Ojalá firmara yo las siguientes líneas. Qué atino.

Así, no sabiendo creer en Dios, y no pudiendo creer en una suma de animales (la humanidad), me quedé, como otros de la orla de las gentes, en aquella distancia de todo a la que comúnmente se llama Decadencia. La decadencia es la pérdida total de la inconsciencia; porque la inconsciencia es el fundamento de la vida. El corazón, si pudiera pensar, se pararía.

El dolor ante la incomprensión de la vida. Vivir entre las grietas del desasosiego punzante. Fernando Pessoa.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

SOBRE LA IMPOSIBILIDAD DE SENTIR LO INEXISTENTE. Y UNAS FOTOS.


En principio, mejorar el lenguaje permite ampliar las posibilidades de pensamiento y estas, a su vez e igualmente en teoría, actuar de un mejor modo ante las distintas situaciones que la vida va colocando por delante.

E
El árbol del gotero. Así se llama la especie. O el de echar de menos a un hermano, en jerga científica.

Estaba tumbado en el suelo antes de ponerme a teclear considerando cómo actuaría en las circunstancias actuales en las que vivo si mi pensamiento fuera de un modelo de mejor calidad, si no fuera de los encontrados en la sección de oportunidades y restos de fábrica. Qué ocurriría si el lenguaje me permitiera una mejor comprensión del mundo. Tras varias secuencias de pensamientos y con mi leal compañero observando y e intentando mostrar su siempre acertado punto de vista, he llegado a considerar que es imposible. No es posible saber qué haríamos si fuéramos otro. Solo tenemos experiencia desde nosotros, no existe la opción de valorar qué haría si no fuera yo. Solo he sido yo durante toda mi vida. Una lástima en casos como este. El amigo perro ha añadido que sería similar a intentar valorar un sabor de un alimento inexistente. He replicado que me parecía un ejemplo un poco forzado y sobre ello hemos discutido unos instantes.




En mi granja habrá gallinas libres y filósofas y estas vacas.

Hace unos días escuchaba a unos periodistas hablar sobre la profesionalidad que supone transmitir siempre durante los directos el estado emocional requerido independientemente de los sentimientos y las circunstancias personales. Decían que eso era ser profesional. Siempre me ha parecido curioso este asunto referido a trabajos en los que tienes que mostrarte positivo, alegre, dinámico... al margen de que ese día tengas ganas de tumbarte y llorar durante horas. Me parecía curioso porque a mí me resultaba difícil dar clase algunas veces cuando los demás ámbitos no acompañaban. Sin embargo ahora, ya ocurrió el curso pasado, estar en clase con los niños supone un paréntesis en el caos que rodea lo demás. En el peor momento posible no hay opción a no sentir su alegría, sus ganas de juego y de conocer el mundo. Son las horas en las que más ganas de vivir siento durante el día. Es una auténtica fortuna. 

La hora azul se pone roja.

 Limpieza turistera, buscarán ruralidad el próximo verano.

Y en estas andamos mientras se asoma el otoño que nos devolverá la oscuridad y el frío. Los turistas compradores de mermeladas made in abuela pirenaica dejarán paso a la quietud y al tiempo detenido. 


 Aunque suelo firmar yo, él siempre es coautor intelectual de los escritos que salen medio decentes. Y fotogénico, ¡quién se pareciera!

sábado, 22 de agosto de 2015

METAFÍSICA DE LO VOMITADO.

Fantástico recurso para el pensamiento racional

En el pasado de este ciberhumilde blog solía recoger noticias de algunos medios que me llamaban la atención y comentarlas. Hace años, creo, que no lo hago, pero ayer vi una que merece romper esta dinámica: El 70% de las aves marinas ha desaparecido desde 1950. Parece apocalíptico, motivo de parar las bolsas y las industrias, de hacer esperar a los turistas un momento y ponernos a pensar en semejante tragedia y, especialmente, en sus consecuencias. La cuestión es que el ruido loco (Loko) y la prisa constante que marcan nuestras vidas tiene este tipo de características. Convivimos con evidencias terribles con total naturalidad e inmunidad. De hecho, en esa otra locura de ofrecer enlaces y noticias para que consultes una vez has acabado la que te interesa, en el caso de esta noticia se encuentran sugerencias como: 4 trucos para volar a precio de ganga, quién es Eva Carneiro, la mujer odiada por Mourinho, Isabel Preysler y Vargas Llosa se casan, Sí, soy guapa y viajo sola, 15 canciones que no creerás que tienen 15 años, Milley Cyrus enseña todo otra vez. Lo terrible y relevante al lado de lo más decadente, cutre e insustancial, así sean guerras y sufrimientos terribles, la última sobre la destrucción del Planeta, o los últimos desheredados muriendo al intentar alcanzar un país donde vivir dignamente. La realidad se muestra como una maraña inabarcable de basura y trampantojos donde resulta difícil encontrar algo cierto y relevante.

Cada día estoy más contento de ser maestro. Es una muy buena opción para refugiarte de la irrealidad y conservar un pequeño hueco donde rigen principios cada vez más desfasados en la citada Vida LoKa Moderna (este verano he sentido por primera vez y en distintas situaciones la posibilidad de ser un retrógrado; es muy curioso, quizá ya sean indicios de pertenecer a otro tiempo y esto explique el espíritu de este escrito). 

Preparando algunas actividades para el nuevo curso que empezará en unos pocos días, de nuevo me encuentro con una que fue interesantísima hace unos años: analizar huesos de distintas especies para recomponer un esqueleto y compararlo con el humano. Una de las pestes que más cuesta desterrar de nuestra conciencia religiosa y medieval es la supuesta separación entre los humanos racionales y obra cumbre de la creación y, aparte, los animales. Esta falacia monumental esta presente en obras sobre fauna e incluso en la mente de biólogos que trabajan en investigaciones punteras, no digamos en la conciencia social general. El caso es que tener la suerte de contar con cráneos, costillas, fémures, mandíbulas, …, de musarañas, ratones, ratas, topillos, …, nos brinda una buena oportunidad para aprender y constatar que somos esencialmente lo mismo que un roedor o que un escarabajo patatero. Y como la otra vez, la idea filosófica que me atrapa: un ratoncillo haciendo su vida en la noche del colosal valle de Glen Coe, en Escocia, con sus cosas de ratón, su comida, sus crías, su desenfreno sexual, etc. Una lechuza ajena al interés del ratón por la vida, pues razonablemnente piensa en sus cosas de lechuza, vuelo silencioso y ratón al estómago. Proceso digestivo, egagrópilas y muchacho que sale a descansar de su estudio, observa a la lechuza y recoge estas bolitas que finalmente vuelan tres mil kilómetros para acabar de secarse en un balcón de Zaragoza y ser desmenuzadas y utilizadas en la escuela de un pequeño pueblo en las montañas. Si el ratoncillo inicial, aún con vida, hubiera sido consciente de semejante historia, supongo que no daría crédito a la locura que reina en el mundo humano; y no le extrañarían las noticias como la de las desaparición del 70% de aves marinas.

domingo, 2 de agosto de 2015

EL SEGUNDO AÑO.

Creo que en el mundo de los maestros con plaza definitiva no he desarrollado un recorrido profesional demasiado típico: he estado en seis centros distintos un máximo de dos años. Ya he escrito en ocasiones que este hecho tiene su parte positiva y su lado negativo: conozco bien la realidad educativa general de Aragón (centros mastodónticos urbanos, pequeñas escuelas rurales, centros de educación especial, CRIEs, etc.) pero, por la otra cara, siempre he sentido con claridad que el segundo año en el centro permite un rendimiento muy superior al primero y me he quedado con las ganas de vivir el tercero, que imagino con más posibilidades aún de recoger beneficios de proyectos a medio plazo. Pienso en los maestros que han pasado veinticinco o treinta años en un mismo lugar con envidia ante las posibilidades que otorga tal estabilidad.

Considerada mi movilidad, los segundos años se plantean como momentos en los que tengo que esforzarme especialmente, pues representan lo más parecido al tiempo de recoger los beneficios del medio y largo plazo. Llevo unas semanas pensando en muchas ideas... tengo la suerte de haber trabajado con un grupo de niños magnífico, con alumnos muy implicados, con ilusión por la escuela... por tanto con muchas posibilidades ante propuestas variadas. Hay ya en movimiento ideas sobre la escritura de un libro, sobre proyectos en torno a la Naturaleza y la ciencia, una posible colaboración con otra escuela que resultaría, con seguridad, magnífica... La carpeta "Ideas" esta llena de líneas tan desordenadas como llenas de buenas intenciones.

Así se van descontando los días de vacaciones, mientras los días de la vida avanzan sobre una estrecha y destensada cuerda floja bajo la que surge un abismo negro e infinito. Espero la vuelta al trabajo porque los niños son capaces de llenar de sonrisas y trabajo optimista un buen porcentaje del día.

sábado, 18 de julio de 2015

FOTOGRAFÍA EMOCIONAL.




Estas son las cosas que hay dentro de la cabeza. Y otras muy malas, claro, que sería feo enseñar.