martes, 7 de marzo de 2006

A menudo establezco comparaciones con mi trabajo en la Anunciata el año pasado. La verdad es que tienen poco que ver, pero son curiosos ciertos paralelismos. Para empezar, recuerdo que el año pasado, en marzo, estaba ya al límite de mis fuerzas, saturado y desbordado de trabajo. Sin embargo, ahora mismo sólo siento que el curso está consumiéndose a toda velocidad. Siento fuerzas para hacer 3 ó 4 cursos de tirón.

Y bueno, también estoy desconcertado por esa revelación que un amable anónimo me indicó el otro día: "debes aprender a olvidar, a empezar de nuevo". Y es que yo no tenía esta carga prevista para la mochila. Jaime se ríe de mí, y se burla de mi inocencia al quedarme sorprendido por esto que él considera algo evidente para una mente mínimamente despierta. Lo dicho, desconcertado. No contaba con ello, y aún sigo sin tener clara mi capacidad para llevarlo a cabo.

Mañana marcharé a esquiar. No se ha planteado la actividad de un modo mínimamente cercano a lo que sería lo ideal para mí, y pensaba mantenerme al margen de la misma, pero me apetece estar con los alumnos, y ayudar a que salga lo mejor posible, así que allí estaré.

Ya dejé caer este problema hace unos días. La cuestión es que lo ha organizado la asociación de padres de manera totalmente independiente, y creo que esto no tiene demasiado sentido siendo que nos referimos a una actividad insertada en pleno horario lectivo. Ocurre que al principio de curso, cuando estas cosas comienzan a gestarse, mi despiste aún era muy grande, era recién llegado, por lo que hice (o no hice) bastantes cosas de un modo ... poco correcto. Ahora obraría de manera muy distinta. Es otro ejemplo de cómo un maestro nuevo cada curso supone un montón de decisiones poco acertadas hasta que se adapta, si es que lo hace.

Hoy ha sido otro día de descubrimientos, otro día feliz. Hoy, Jaime, no intento hacer llorar al lector.

En un momento de la mañana he llamado al maestro de la clase contigua para que observara cómo un niño que hace unos meses afirmaba no desear leer nada, y no mostraba interés hacia libro alguno, cuando he anunciado el recreo y todos han comenzado a correr, a buscar el ordenador, a gritar, se ha quedado quieto, ajeno a la clase, sumido en la lectura que se trae entre manos: Los Tres Investigadores. Quizá sea una simple anécdota, pero ya es un motivo para estar feliz un buen rato. Siempre que hablamos de la lectura me acuerdo de Mariano Coronas.

domingo, 5 de marzo de 2006

Frente a la pantalla, con las teclas dispuestas. Hoy la información es un pena:

Concurso de traslados: José Luis Capilla Lasheras. Origen: CRA Río Aragón (Huesca). Destino: CRA Algars de Cretas (Teruel).

Alguien importante se ha enterado de mi felicidad y ha decidido pegarme una gran patada en el culo.

Desde que empecé a trabajar en Huesca hace 4 ó 5 años, con mis queridas abuelas de gerontogimnasia, me han resultado muy difíciles las despedidas. Me temo que uno de los aspectos más duros de mi trabajo va a ser este.

Llevaba semanas esperando el destino. Y mi novia y mi madre, claro, y algunos más. Yo tenía la esperanza de poder seguir en Ansó. Ya saben: la naturaleza, el pueblo, su olor, sus casas, ..., y mis alumnos. Unos alumnos que se convierten en la familia de un maestro al ser las únicas personas con las que se comunica durante la mayor parte de la semana, si no toda. Y no sólo eso: los primeros alumnos que me han dado la oportunidad de ser tutor, de conocerles, de mostrarles algunas pocas cosas del mundo que nos rodea. Probablemente los alumnos que más me enseñarán durante mi camino como maestro.

He invertido, y sigo en ello, un buen esfuerzo cada día en tratar de mejorar mi relación con ellos. Ahora, esa voz de la resultante final de los movimientos migratorios de los 100.000 maestros ambulantes me dice: "Olvídese de las chorradas, que el año que viene ponemos ante usted otro grupo y vuelta a empezar". Realmente no tengo ninguna gana de volver a empezar.

Recién conocida la noticia, al comentarla con los compañeros, los alumnos detectaron alguna cosa extraña, ¿una cara triste?, y pedían información. No les dije nada (algún "¿qué pasa?" sonó 250 veces). Creo que no me atreví. La historia se repite. A mis queridas abuelas también les informé de mi despedida en los últimos días, tratando de evitar, por todos los medios, una información que resultaba dolorosa.

Al curso le quedan 4 meses, pero ya van a ser 4 meses tristes, con la certeza de que llegará junio, y el día 20 ó 21 cerraré por última vez la clase, haré de nuevo las malditas maletas, y me alejaré de Ansó. Muchas ilusiones, ideas, etc. se quedarán atrás, junto al pueblo. Y para los alumnos el nuevo curso comenzará con una nueva incógnita de lo que la ruleta les haya deparado, recordando quizá alguno al maestro recién desaparecido.

Los 6 meses anteriores han estado repletos de descubrimientos, de compañeros, de tiempo, de trabajo y resultados, ... de felicidad, en definitiva. Pero todo ha quedado empequeñecido ahora, y todo ha perdido un poco de sentido y de brillo.

Cretas es el pueblo de Jaime. Otro guiño del destino.

jueves, 2 de marzo de 2006

Ayer oí que un señor había tirado al metro a una joven, por lo que había perdido una pierna. En el juicio se utilizó, con éxito total, el atenuante de que el tipo no estaba en sus cabales. Y es cuando uno se queda pensando si está tonto. ¿No es evidente que alguien que tira a otro , sin mediar palabra ni conocerle, al metro, no puede tener jamás la mínima salud mental?.

También ahora está muy de moda lo del acoso escolar, bulling para los académicos. Además, como la TV está tan interesada en el asunto, pues parece que es algo que han descubierto los medios de comunicación. En la escuela se ha comentado un poco el asunto estos días. Y todos hablan de la gravedad y complejidad del asunto. Yo, en mi afán de llevar la contraria (Jaime), no veo sentido a tal revuelo. Sólo veo que es una consecuencia lógica de la sociedad. No creo que el problema o la solución haya que buscarlos en la escuela. Me recuerda a los intrincados debates sobre las drogas en los jóvenes. Y resulta que los adultos que debaten el problema celebran el final de la reunión con un brindis y un puro, tras las copas de rigor.

Magisterio cambia de aires. La convergencia europea creo que se llama. Cuatro años de carrera, un practicum, sólo dos especialidades (primaria e infantil), y las especialidades convertidas en "menciones" que se eligen durante la carrera. Creo que estos son algunos de los principales rasgos. Me pregunto si habrá algún cambio en lo esencial.

Mariano Coronas me manda la revista Gurrión. Aún no la he leído entera. Me preguntaba si suscribirme o no, pero inmediatamente me he avergonzado de tal pensamiento. Una revista que nació el mismo año que yo, y sigue contando cosas, 25 años en el camino, demuestra tener muchas cosas que han de ser leídas. Además, es una revista que nace en el Pirineo, en Huesca, y qué voy a contar. Estas tierras me están brindando muchos de mis días más felices.

Hoy no he dado clase. Hoy los niños se han ido a esquiar. O eso creo. Mañana hablaré de esto.

lunes, 27 de febrero de 2006

Disculpas por el apagón informativo. La ciudad borra mis ideas.

Muchas vueltas, muchas visitas, y ganas de volver.

El viernes recorrí los pasillos de magisterio. Las listas de apuntes en reprografía, los despachos, las clases, los listados de notas, la biblioteca. La sensación, después de las peripecias de los últimos meses, fue nostálgica, melancólica, confusa.

Por la tarde, otra visita. La Anunciata. Debía saludar y despedirme de los que fueron mis compañeros el curso pasado. También sensaciones especiales al recordar sus escaleras, clases, rincones, ruido de los niños al bajar, olores. Algunos niños me preguntaban por mi pelo como si la última vez que me hubieran visto hubiera sido el día anterior, y no hubieran transcurrido 8 meses realmente. Y, por si Ignacio cayera por aquí, un abrazo y los mayores ánimos y deseos de rápida recuperación.

Y libros. Seguí la recomendación de mi hermano y leí "El Principito". Además, recibí el regalo de "El Convoy de los 927" (gracias Víctor y Maite), y compré "Historia de España Contada por los Estudiantes".

El sábado por la noche, mientras me entregaba a esa tarea que la ciudad me brinda con generosidad, perder el tiempo, escuchaba una charla entre dos mozos de 2º de bachillerato que hablaban sobre la universidad en la marquesina de la parada del autobús. Ella afirmaba querer estudiar magisterio, puesto que la nota le llegaba y había oído que no exigían demasiado. Agaché la cabeza, seguí concentrado en no congelarme, y ví pasar por mi cabeza en unos segundos los que probablemente serán los próximos tres años de la alegre muchacha. Así de fuerte, Có.

martes, 21 de febrero de 2006

Hoy ha sido un extraño día.

Había apatía generalizada en el ambiente. Nuestros estados variaban desde la enfermedad leve de algunos hasta el adormecimiento mayúsculo de otros. A ello le añadimos el color gris del cielo, y como resultado tenemos un día de clase con un ambiente lento y viscoso como el puré de patatas y calabacín que acabo de cocinar.

Hay algunos temas que me gustaría comentar, y recibir consejo, pero entran dentro de lo que se puede considerar secreto profesional.

Ayer en clase de ESO tratábamos temas teóricos relacionados con el aparato cardiovascular. Estas clases suelen acabar en un torbellino de preguntas y mil dudas de los alumnos, muchas de ellas sin relación con el tema principal. Aprendizaje en todo caso. La cuestión es que hablábamos del cáncer y del sida cuando comentaron que el señor cura les había indicado que la lepra era una enfermedad de pecadores, que era una especie de castigo divino. No sé qué diría el señor cura realmente (espero que...), pero la cuestión es que lo que los chicos habían obtenido como conclusión final era eso. Me acordé de Diario de Motocicleta, del Che Guevara y sus leprosos. Los propios alumnos reían, así que pensé que no debía hacer comentario alguno.

Doy la bienvenida a Jordi Roca, un visitante habitual de la página que nos ofrece frecuentes comentarios e ideas desde una escuela catalana. Espero que Acebes no repare en los lazos que se establecen en esta página con el enemigo. Muchas gracias por tus aportaciones.

domingo, 19 de febrero de 2006

Muchas veces en clase digo algo y me quedo después pensando que es algo que ya viví como alumno. Entiendo así la importancia e influencia de muchas cosas de nuestra vida ya vivida, que se manifiestan, de repente, en algunas circunstancias. Momentos con D. Gustavo en mi EGB hace ya 15 años (¡!) aparecen, sin avisar, en la Escuela de Ansó.

Ayer sábado se celebraba en el frontón un concurso de disfraces. Me acerqué un momento para saludar a mis alumnos. Son, aún, sensaciones extrañas las que se crean al ver a los chicos fuera del contexto habitual (el escolar), y, más aún, a las familias.
Además, en unos minutos de mirada silenciosa y furtiva, comprobé el comportamiento de mis alumnos en esa situación. Ninguna diferencia con la escuela.

Por cómo me hablan, por lo que me cuentan cuando nos cruzamos por las calles, por otros pequeños detalles, veo que mi relación con ellos sigue avanzando. Muchas veces hacen referencias a profesores que han pasado por el pueblo, y me pregunto qué comentarios se harán sobre mí. No sé si esta preocupación tiene sentido, o incluso que pueda ser negativo el hecho de tenerla. No sé si tendrá que ver con ser novato y con la necesidad de encontrar "puntos de refuerzo", referencias positivas.

Quiero pensar que tiene más que ver con una forma de entender la escuela en la que la (buena) relación con los alumnos es importante. Aunque también hay quien dice que ofrezco excesivas confianzas a los alumnos.

Quizá sería interesante que algún maestro, de los que por aquí pasan, ofrezca su punto de vista sobre la relación profesor-alumno. O algún estudiante manifieste qué opiniones va creando a este respecto. Creo que esto no se estudia, sino que tiene más que ver con el modo de entender la vida y cómo esta te hace entender la escuela.

jueves, 16 de febrero de 2006

La vida sigue su curso.

Empezaré por una cuestión de las llamadas de Perogrullo: si preparas las clases... las clases funcionan mejor. Yo me entiendo: he comentado alguna vez que en este segundo trimestre, entre algunas ideas nuevas que estamos poniendo en marcha, trabajo que se empieza a acumular, papeles que se amontonan, etc., iba un poco apurado. Pero intento dedicar el tiempo necesario a planificar cada día porque compruebo cada momento que esa planificación tiene repercusiones en todos los sentidos (aprovechamiento del tiempo, control del grupo, satisfacción final con lo realizado, etc.).

Recuerdo una de esas fotografías que la memoria va almacenando: curso pasado, un poco de sueño, esquivando coches y viendo niños escondidos fumando el primero del día. Yo alegre a buscar a los niños de 3º para hacer Ed. Física, "hola hermana Teo, ¿qué tal va todo?". Su tutor, Antonio, con su mesa, y casi él, cubierta de cuadernos, notas, cartas, papeles, carpetas. Cada día que pasaba más papeluchos por todas partes.

Y este año, igual que esa especie de "ilusión de lo ya vivido" que me asalta en el patio recordando Campo, también me voy muchas veces de mi clase y aparezco en esa clase de la Anunciata, pensando que al profesor se le apoderan los papeles. Y entonces algún alumno me llama, vuelvo, y comprendo (porqué mi mesa está como está). Déjà vu.

Algún día habrá que hablar de Cristian. De nuestro amigo de Campo. De cómo la suerte y el azar (y 10 días de calor y enfados), en buenas dosis, deparan caminos tan dispares, tan insospechados. De tribunales donde un fantasma ha abducido al presidente.

Tenemos en marcha un experimento psicológico. Intentaremos conocernos un poco mejor a través de la ayuda de los compañeros. El primer voluntario es el que esto escribe.