viernes, 8 de junio de 2007

CAMINO A LA PERDICIÓN.

- ¿Estás seguro, Joan?-, le pregunté. - James, yo todavía no he visto esos cambios, ¿y tú?-

- No se han producido todavía, y creo que se debe al hecho de que aún no hemos hecho suficiente daño a la tierra que se ve en aquella fotografía para darnos cuenta de lo maravillosa que es. El próximo siglo pagaremos el precio de nuestras acciones: la destrucción de la atmósfera, la eliminación de los hábitats naturales. Todo esto lo pagaremos y sólo entonces nos daremos cuenta de lo maravilloso que era nuestro planeta.-

Este fragmento pertenece al diálogo entre E. Punset y James Lovelock (inventor, escritor e investigador. Trabajó para la NASA colaborando en los experimentos de la primera misión lunar Surveyor. Es especialista en química atmosférica y uno de los padres de la teoría de Gaia: la tierra concebida como un superorganismo. Quiero decir, Jaime, que no es como cuando lo digo yo). Está extraído del libro Cara a Cara con la Vida, la Mente y el Universo, una obra de esas capaces de removerme las entrañas, generarme pensamientos que me impiden el sueño, y hacer navegar ideas inquietantes por mi cabeza durante todo el día.

miércoles, 6 de junio de 2007

ARTE DE MAGIA.

Hoy hemos celebrado el día de la ciencia en el CRA.

Éste, como todos los demás “Día de…”, me genera importante escepticismo. Me temo que lo celebrado estos días suele ser más propio de tratar los otros trescientos sesenta y cuatro días restantes del año, cosa que no suele ocurrir. Mejor celebrar los no cumpleaños, como hacía el personaje de Alicia en el País de las Maravillas. En todo caso, sí parece que un día como hoy supone un buen punto de partida dado el interés y curiosidad que despiertan entre los niños los experimentos y actividades realizadas.

Como posible ejemplo de lo que pretendo decir: cuando los correspondientes grupos de niños (desde infantil hasta sexto de primaria) iban pasando por mi clase para realizar los talleres de los que yo me encargaba respondían primero algunas dudas que les planteaba; a la pregunta ¿qué es la ciencia? han respondido mayoritariamente la palabra magia. Éste creo que es el efecto conseguido si las actividades de un día como éste se quedan en simples experimentos que los niños no asocian con situaciones y contextos reales de aplicación, lo que, por otra parte, supone un proceso costoso y largo.

Algunas de estas ideas me llevan a meditar sobre la formación científica (en sentido amplio, no sólo aplicado a las áreas tecnológicas y biológicas; quizá sea suficiente con decir formación) requerida en un maestro de primaria. No hace falta mi opinión. Suele ocurrir, me parece, que, dado el menor nivel y la menor especificidad de los conocimientos presentes en la etapa, desde el exterior, y también en el propio interior de la escuela, se acepta como normal que el maestro tenga un dominio general y básico de lo que enseña. A la escasa exigencia que el temario a impartir genera en el maestro habría que unirle la más escasa aún formación en contenidos que la formación inicial ofrece.

Me despediré con algunos de los científicos que mis alumnos han sabido citar como referencias importantísimas al tratar este tema: Hubble, J. Goodall, Carl Sagan, S. Hawkings, Galileo Galilei, Copérnico, Miguel Server, o S. Ramón y Cajal. Añadiré yo otro: cada uno de los niños que mantienen viva su curiosidad ante la vida y su espíritu de descubrir e indagar acerca del mundo. Creo que no consiste en otra cosa la ciencia: cosa formada por personas adultas que han podido mantener bien vivo, a pesar de todo(s), ese espíritu (los que escalan los pelillos del conejo, otra vez, Pablo).

Por cierto, ¡lectores del mes! (ya les diré).

lunes, 4 de junio de 2007

REENCUENTRO CON LA VIDA.

Poco a poco el barro se posa suavemente en el fondo y las ideas se tornan claras. Sigue habiendo suciedad, pero se empieza a vislumbrar el horizonte.

Cinco años es el plazo límite para encontrar una idea brillante, genial. En caso contrario servirá casi cualquier cosa.



He vuelto a pasear por las nubes y he recuperado parte de la sonrisa.

viernes, 1 de junio de 2007

SOBRE CASQUETAS, LIBROS, TOMATES, Y MADRES.

Hace unas semanas fue firmado un pacto de sangre según el cual cada vez que quien ahora escribe cubriera el hueco dejado en el blog por su compañero de fatigas, éste le compensaría con un par de cajas de las afamadas casquetas fritas (casquetas a la paella) de Cretas (Queretes). Quede ello en el conocimiento de la blogosfera, y sépase que la cantidad adeudada ronda ya las treinta cajas.

Soy informado de la llegada a este blog de algunos nuevos visitantes. Les doy (o damos, aunque esto supone que serán treinta y una las cajas) la bienvenida, y les invito a que manifiesten su opinión para enriquecer este sitio que pretende ser un espacio de opinión y reflexión.

He hecho algo mal con la poesía. Un par de sabandijas no van a albergar los sentimientos que yo pretendía hacia esta forma de escribir, o de vivir, que lo mismo es. Aunque ella me sorprende cada día pidiéndome un trocito más de la poesía (prosa poética, mejor) “El Árbol” de R. Tagore. Y mi buen alumno, todo un reto este curso, me ha dejado atónito hoy cuando ha llegado a clase habiendo leído ochenta páginas de un libro que acerqué hace unos días a la escuela (cortesía fraterna). Además, después ha acabado con las treinta restantes, se ha quedado muy contento y ha cogido otro para leer los próximos días.

Siguiendo con la escuela, hace un rato he acabado mis doblemente iniciales labores agricultoras. Si sale algún tomate u otro fruto serán los más caros de la temporada, dado el despliegue de medios utilizado para hacerles crecer sin disponer de huerto. Aunque tierra he movido como si lo tuviera. El caso es que andaba trasplantando brotes y he guardado unos cuantos para mostrar en clase mañana en relación con el tema botánico que estos días estudiamos. Hoy hablábamos de algunas cosas de las hojas, la fotosíntesis que algunas plantas hacen en el tallo, o las diferentes formas y funciones de las raíces. Y, mientras observaba una plantita pendiente de trasplantar, me preguntaba cómo tenía el valor de no haber llevado aún a clase algunas de estas cosas para mostrar a los niños. La dictadura contra el pensamiento que impone el libro de texto (una especie de listado de dogmas laicos, o no, que obligan a un desmesurado esfuerzo creyente; algo así como lo de “no lo he visto, mas lo creo con mayor firmeza que si lo viere ahora”) está bastante arrinconada, pero, aún así, he dado una vuelta virtual por la mente de los niños, por sus oídos obligados a escuchar cada día cuatro, cinco, o seis horas explicaciones de adultos desconectadas de cualquier vínculo con algo material, tangible, y real. Pocos de estos adultos seríamos capaces de un esfuerzo de abstracción de tal calibre. En definitiva, creo que todo esfuerzo que pueda hacer (utilizo lo que podría llamarse singular de cortesía; hay visitantes de una extrema sensibilidad) por acercar el mundo, el de verdad, a los niños de mi clase constituirá un aspecto muy beneficioso para ellos. Mañana también aprovecharemos una bombilla ya jubilada.

Mi querida madre, una muy buena madre (aunque fume a escondidas), ha comprado media docena de ejemplares de “Escuelas. El Tiempo Detenido”. Puede que agote ella, sin más ayuda, la edición. O que lo haga best-seller. Quién sabe, son cosas que sólo una madre es capaz de hacer. En todo caso, gracias por la ilusión.

Mañana, si nada se tuerce aún más, podremos respirar, que ya era hora.

Actualización de ultimísima hora: recibimos un paquete en clase del Director del Museo Pedagógico de Aragón. Va dirigido a los niños. Les pongo en situación, entrego los regalos y todos marchan a casa aún más contentos, con sus lápices, sus marca-páginas, y sus florecicas para plantar. Gracias Víctor.

miércoles, 30 de mayo de 2007

ESCRIBIRÉ, QUE SERÁ LO MEJOR.

Hallándome en el mayor embrollo informático de mi existencia, intentaré acertar a escribir cuatro palabras. Varias tardes viendo la vida pasar, encendiendo, abriendo, reiniciando, abriendo, control+alt+supr, control+alt+supr, reiniciando, apagando quitando y poniendo hasta la batería, rezando por momentos. Y así a las 16h, a las 17h, a las 18h, a las 19h, a las 20h, a las 21h, a las…; preciosos minutos estériles.

Hemos comenzado la jornada continua propia del comienzo y el final del curso. Significa que las cinco horas y media lectivas diarias (el miércoles sólo tres; cada clase de una hora) se reducen a cuatro horas (siendo ahora la duración de las clases de cuarenta y cinco minutos). Mi opinión no es favorable a esta organización temporal: las lentas dinámicas de los niños de primer ciclo (sacar libros, recoger, apuntar en la agenda, etc.) hacen inservibles, en mi caso, al 99% estas mini clases. Por ello mi recurrente sensación de ir dejando por el camino multitud de cabos sin atar se agrava terriblemente este mes.

El pobre gato nació a destiempo. Si se hubiera dado un poco de prisa hubiera tenido un gran hogar y una mejor educación. Una vez huérfano, con lombrices en las tripas, conjuntivitis, y unas pocas pulgas, merecía un poco de aprecio. Un par de visitas al veterinario, unos colirios, unas gotas, un poco de atún, sardillas, tortilla, y pienso. Otro par de visitas a Paula, que ya casi lo quiere como para convivir con él, algunos paseos campestres, una pelota y dos ratones de trapo, y el gato ya es un gato fuerte y feliz, con unos preciosos ojos azules, afiladas uñas, e incipientes dientes. Cada tarde algunos niños me lanzan un par de gritos (me encanta este sistema de llamar a una casa), me asomo al balcón y les bajo el gato. Ellos lo pasean, lo marean, lo cansan, y le permiten tomar un poco el sol y el viento. Al rato, según los planes que tengan para la tarde, me lo devuelven. En uno o dos días daré el gato a uno de estos niños, que ahora anda preocupado con las atenciones gatunas que habrá de proporcionarle. Ya ves Jaime, todos contentos.

Hablando de animales, puede leerse en este blog, vía Pablo, que cada día se extinguen en el planeta unas 150 especies animales a causa de la acción humana (a razón de unas 6 especies cada hora). El ritmo destructivo sólo es equiparable a la extinción que supuso el fin, entre otros, de los dinosaurios, hace ya unos cuantos millones de años. El que lea esto sin sentir un escalofrío, o sin sentir cierta repugnancia hacia la especie, o tiene un problema, o lo tengo yo.

Cada vez que paso por las inmediaciones de la Expo maldita me pregunto lo mismo: ¿cómo encuentra en la sostenibilidad, la armonía con el medio, el respeto a la naturaleza, …, sus grandes argumentos, si sólo observo bosques de ribera exterminados, cemento donde había hierba, arbolitos flacos clónicos, miles de farolas que ciegan, un río acogotado por las obras, cientos de plumas, miles de camiones, graveras a pleno rendimiento desinflando las montañas próximas, árboles importados con requerimientos hídricos imposibles (tilos…), …?. Ya se que las palabras políticas van a nada el kilo, pero hombre, algún límite en las palabras desvergonzadas, en las mentiras, en el valetodo, en…, quizá debiera haber. En todo caso, Aquí y aquí se expresan dos personas que, dada su formación, hablan con mejor criterio y conocimiento que yo sobre el entuerto.

Hace poco he volado con el Gurrión hasta la Peña Montañesa, en el Sobrarbe, la montaña y la tierra de José, el abuelo que dio nombre a este blog. Bien se agradece un pequeño aliento pirenaico.

Ctrl.+Alt+Supr. Formatearé el cerebro y reiniciaré el ánimo.

domingo, 27 de mayo de 2007

POPURRÍ ESCOLAR.

Ya está. Decisión tomada para el concurso de traslados a realizar en unos pocos meses. He rellenado varias botellas que serán lanzadas al mar con la esperanza de que, al menos una, llegue a buen puerto. Los criterios para redactar las notas de las botellas han sido variados, pero todos meditados y de noble naturaleza: amor a la novia, amor a la familia, amor a la naturaleza, o deseo de estar cerca de algunos grandes maestros de los que aprender. Puede haber grandes sorpresas. Al agua, ya está.

Me hace gran ilusión mantener contacto con mis alumnos, porque lo serán siempre. Lo hago con algunos a los que simplemente ayude hace ya cinco años a esconder algún trozo de comida en el comedor del Doctor Azúa (esa complicidad que molestaba a algunas mujerzuelas maliciosas). Y lo hago también, claro, con los siguientes alumnos. Envié a Raúl, un gran alumno ansotano, hace poco un cd con cantos de aves que yo tenía por participar en un programa de censos. Él me contesta agradeciéndomelo, contándome algunas peripecias propias de la profusa en anécdotas vida de un niño de once años, y me envía un foto de una abubilla que consiguió captar hace unos días en la tierra donde debí nacer. Me ha hecho tal ilusión que inmediatamente la he colocado aquí para que algunos ornitólogos y amantes de la naturaleza sepan de este niño, ya capaz de admirar, captar, mirar, los pequeños milagros que nos rodean.

También en clave navegante, esta semana los niños de mi clase visitaron el blog de Ricardo, el amable amigo que nos visitó y nos ayudo a descubrir algunas cosas de nuestro entorno. Como nos gustaron algunos de sus artículos, los niños insistieron en dejarle un comentario, que también podéis ver aquí.

Y hablando de blogs, Pablo, mi desagradecido hermano, ha invitado a colaborar en su espacio a algunas personas, obviando completamente cualquier aportación que yo pudiera hacerle. Cría cuervos…

El martes, a las 9:25, hacia la escuela, coincido con un niño y su madre. Hola, ¿qué tal?. José Luis, ayer vimos una máquina con una pala para arrancar árboles. Eso está mal y es triste porque los árboles son importantes para arreglar el cambio climático. La madre ya mira con cara rara al niño y con perplejidad al maestro. Y José Luis, también vimos unas cagarrutas en el campo, cerca de nuestro campamento. Pero no eran de nutria, porque no olían a pescado. La madre mira esta vez perpleja al niño, y atónita al maestro, mientras suspira ay Dios mío. El maestro mira para otro lado.

En clase cada niño plantó el viernes una semilla elegida entre un montón que conseguimos reunir: tomates, calabaza, girasoles, caléndulas, azulejos, …; hastiado de la limitación en el gasto escolar y de algunas malas caras, asumo la compra de asuntos como la tierra, las macetas, algunos dvd’s o libros. Además, nos sorprendemos cada día con el crecimiento de nuestro pequeño pino piñonero, con la capacidad reproductiva de algunas suculentas, o con la sobriedad vital de la uña de gato. Ya lo dijo María, la abuela que nos mostró el Museo Etnográfico Lo Masmut (vayan a verlo), mientras miraba una de estas plantas en la entrada, sobre una roca: “mi madre ya me decía que las personas son como las plantas: unas tienen todo y apenas les da para vivir, mientras que otras, como esta uña de gato, son capaces de aferrarse a la vida en el suelo más estéril imaginado”.

Otro niño de segundo ha concluido En el Reino de la Fantasía, un libro enorme que comenzó tras observar la lectura de su hermano mayor. Le ha costado varios meses, porque, además, consultaba en el diccionario cada palabra no comprendida. El viernes lo llevó a clase, lo mostró, explicó, y lo recomendó a los compañeros. Además, les indicó que la biblioteca alberga otros libritos más flacos y asequibles con las aventuras del ratón Gerónimo Stilton, y se ofreció voluntario para acompañarles y mostrárselos. Este niño es ya un maravilloso lector.

También hace poco se discutió por estos lares la conveniencia del CRIET. Se argumentaban, por una parte, lo apuros de los tutores para cumplir el programa curricular, y se abogaba por incluir en esas semanas de CRIET contenidos ordinarios de cada asignatura para compensar ese agobio posterior. O reducir el tiempo de estancia: dos semanas en vez de tres, …; por otra parte, otros aducían que la estancia en el CRIET suponía un momento único del curso, quizá lo más valioso pedagógicamente hablando, y que bienvenido el apuro curricular mientras la causa sean esas tres semanas de …vida. No hubo gran acuerdo, motivado, creo, porque las posturas surgían de unas concepciones educativas totalmente opuestas.

La exposición Escuelas. El Tiempo Detenido, ya es navegable, ofreciendo y asegurando una singladura plácida, en calma, y con viento totalmente favorable.

jueves, 24 de mayo de 2007

ESCUELA DE TORRE DE ARCAS: LAS ÚLTIMAS MIRADAS.

No sé bien qué ocurre, pero se hacen las tres de la mañana sin que apenas alcance a la mitad de mis obligaciones. Como Víctor propuso (y así gano unos pocos minutos), éste es el artículo escrito para el libro ESCUELAS. EL TIEMPO DETENIDO (es un poco largo para el formato blog, pero confiamos en el gusto lector de nuestro amables visitantes):
El ulular del cárabo avisa del crepúsculo. Son las seis, ya anochece. Unas pocas personas se esmeran en sus últimas labores del día. El pueblo parece detenido. La marcha silenciosa recupera imágenes del cercano, pero tan distante, pasado. Cada paso se escucha al caminar, y su rítmico e hipnótico sonido parece avisar de una inevitable cuenta atrás. Mientras, las oscuras calles recuerdan un tiempo austero, sacrificado, de preocupaciones auténticas.

La escuela, ya esquelética, apenas se deja abrir. El cerrojo, quizá fruto del tormento acumulado por el olvido, se niega a permitir el paso. Algunos cristales están rotos, y una gotera va minando poco a poco la tenacidad de ciertos libros y papeles, testimonio de otro tiempo, que aún se resisten a no servir nunca más.

Las sillas, los pupitres, las estanterías aún llenas de material escolar y las librerías repletas de libros, ayudan a tejer cierta ilusión mental de una escuela viva, con los niños y el maestro en pleno y bullicioso trabajo.

En la pared cuelga inválido el horario de las clases, incapaz de organizar un tiempo que ya no tiene. La tiza, sumisa y obediente, bajo la pizarra; sólo esperando el momento para empezar una nueva lección, el momento de cultivar la sensibilidad, de sembrar interrogantes, de intentar entender una parte del maravilloso mundo.

El sendero parece detenerse aquí, después de haber atravesado tramos sombríos y retorcidos, pero también otros llenos de luz y armonía:1


Los primeros años de posguerra

La brecha terrible, la guerra. Dificultades añadidas a la ya difícil vida. En el pueblo comenzó el tiempo en el que los jamones y los huevos habían de reservarse para pagar la propia vivienda, o para canjearse simplemente por cierto respeto de un bando u otro.

La ausencia de estabilidad y continuidad en el trabajo de la escuela constituyeron dos claves importantes en este período, de modo que fueron muchos los maestros que trabajaron en el pueblo durante un breve tiempo. Entonces, los niños acudían a la escuela de arriba, posterior consultorio médico, y las niñas a la de abajo, antes cementerio y hoy centro multiusos. Compartían algunos momentos de juego en la plaza, pero no estaban especialmente interesados en jugar juntos. De vez en cuando, algún grupo de chicas cogía a algún incauto muchacho y, sujetándolo, le quitaban los pantalones para su eterna vergüenza ante los compañeros.

Frecuentemente, los juegos en el recreo discurrían a la sombra de los soldados, de quienes un “qué niña tan guapa” suponía el mejor de los halagos y la certeza de la envidia de todas las compañeras.

Doña Pilar y Doña Nati fueron dos de las primeras maestras que llegaron al pueblo tras la guerra. Entonces, los dictados, la lección del día, las labores para las chicas, o el cálculo, iban componiendo el mosaico diario de la escuela. Las aspiraciones de las niñas se orientarían hacía las tareas del hogar. No cabía ni el mero pensamiento en un destino diferente, puesto que la propia familia lo valoraba como inadmisible.

Con seguridad, fueron los momentos de mayor dificultad, puesto que la destrucción generada por la lucha, la represión hacia los derrotados, la pobreza, se acompañaban del doble temor a los maquis instalados en las montañas colindantes, por una parte, y de la represión de la guardia civil, por otra, que vigilaba férreamente cualquier tentativa de colaboración con los guerrilleros. Por las noches eran frecuentes los asaltos a las cuadras, a los corrales, o las llamadas furtivas y amenazantes en busca de cualquier alimento. Incluso hubo un tiempo en el que se estableció a los masoveros la obligación de acudir al pueblo para dormir, en un intento de controlar la complicada situación que se vivía en las masías durante las noches. Un par de gallinas o un poco de levadura justificaban el intento de asalto.

Del trabajo ordinario de los maestros formaban parte exigencias como la del Frente de Juventudes de rellenar un parte mensual donde anotar pormenorizadamente asuntos relacionados con el izado de las banderas, las canciones políticas ensayadas (“Oración por los caídos”, “Cara al Sol”), la ubicación de los distintos iconos religiosos y nacionales en la clase (“Crucifijo, retrato del Caudillo, y retrato del Fundador de la Falange”), el respeto y cumplimiento regular de los preceptos políticos de la revista Mandos, o con los escolares persuadidos para su entrada en las Falanges Juveniles de Franco.

En la segunda mitad de la década de los cuarenta, el presupuesto anual de la escuela rondaba las ciento noventa pesetas, que apenas se podían destinar a un par de libros, algunos cuadernillos, papel, tinta, y material para la correspondencia.


Década de los cincuenta: nuevas dificultades

Ya en los años cincuenta, comenzó a distribuirse la “leche de los americanos”. En el recreo cada niño podía tomar su ración correspondiente, junto a una porción de mantequilla. También las familias recibían algunas raciones que incluían leche, queso, y sémola, y que constituían una valiosa ayuda para los desnutridos estómagos de la época. El maestro, que recibía minuciosas instrucciones sobre la conservación o el reparto de los alimentos desde el Servicio Escolar de Alimentación, anotaba escrupulosamente las cantidades diarias gastadas y redactaba un informe cada mes. Por su parte, los niños acudían a la escuela con sus porciones de azúcar y de Cola Cao (los más afortunados), con las que disimular el sabor de la leche en polvo.

Sorprende observar algunos informes enviados a la escuela en los que se manifiestan tallas y pesos de niños de diferentes edades organizados en las categorías “pobres”, “acomodados”, y “pobres con leche”. Estos datos, a su vez, se correlacionan directamente con “mayor rendimiento cultural […] y mejor capacidad para laborar por la grandeza de España”.

En la clase, cada semana dos niños se encargaban de la preparación del alimento: medían las cantidades, calentaban el agua, y repartían a los compañeros su ración. Posteriormente, cogían la olla y la limpiaban en el barranco con el agua que allí manaba. La arena sustituía al jabón. Hablamos de otro mundo.

En ese mundo también vivían Don Ricardo y Doña Micaela. Dos maestros que, tras varios años en la escuela, dejaron su cargo al sufrir extraños acontecimientos. El primero, yerno del escritor Desideri Lombarte, ingresó en prisión por motivos políticos. Mientras, la segunda, que “desarrolla su labor profesional con enseñanza viva, activa y práctica, basada en el amor a Dios, a la Patria, y al prójimo”, decidió seguir el consejo de los misioneros y ordenarse monja, probablemente llamada tanto por su vocación religiosa como por el anhelo de una vida con menos estrecheces. Finalmente, reconsideró la situación y volvió a retomar la profesión, ya en otro pueblo.

La escuela, con casi cuarenta niños y con esta complicada situación, vivió unos años donde ningún profesor quiso ocupar la plaza, por lo que se hicieron cargo de la enseñanza personas bien diversas: el médico, una señora amiga del alcalde, e incluso el mismo cura, recordado por su firme empeño de comprobar la resistencia de la regla contra las palmas de los alumnos despistados.

El analfabetismo centraba gran parte de los esfuerzos pedagógicos, interviniendo en la escuela las Juntas Locales y Provinciales Contra el Analfabetismo: “informa el maestro que no existe ningún analfabeto, siendo la redacción eficiente en cinco alumnos, y pésima en el resto, lo mismo que la lectura, a causa del bilingüismo dialéctico de la localidad”.

La religión católica o la exaltación patriótica encontraban idéntico espacio en la escuela que el lenguaje, la historia, o las ciencias naturales, como constatan algunas preguntas de los Exámenes para el Certificado de Estudios Primarios: “¿En qué milagro de los siguientes intervino directamente la Santísima Virgen?”, “¿Por qué amamos tanto a España?”.

Desde la Inspección Provincial de Enseñanza Primaria de Teruel la maestra recibía órdenes de cualquier naturaleza, como aquéllas en las que se informaba sobre los lugares exactos de la clase en los que colocar el crucifijo y los retratos pertinentes de los santos y los dirigentes: “Por orden del Ilmo. Director General de Enseñanza Primaria tengo el honor de comunicar a V.S. que la colocación de los símbolos ha de hacerse en forma que…”.

El abandono pedagógico encontró solución cuando una persona del pueblo hizo comprender al inspector de educación de Alcañiz la necesidad de un maestro en Torre de Arcas; uno de verdad. Así, comenzaron a desfilar por la escuela un sinfín de maestros, como Don Enrique y Doña Fina, Don Emilio, Don José María, Doña Esther y Doña Paloma, que fueron los encargados de reconducir esos anárquicos años hasta que en 1964 apareció en el pueblo la maestra Doña Mari Nieves Martín.


Doña Mari Nieves y el nuevo edificio escolar

El nuevo edificio escolar acababa de inaugurarse, merced al Plan Nacional de Construcciones Escolares de 1961, y a él ya acudieron niños y niñas agrupados en una misma clase. Era un edificio muy demandado, puesto que desde hacía más de siete años los maestros denunciaban las insoportables condiciones de la escuela femenina, carente de luz e inhabitable por la humedad. Todo el proceso de construcción del edificio (aula y viviendas) costó cuarenta y seis mil pesetas.

Doña Mari Nieves procedía de una familia adinerada extremeña, llegó sola, y permaneció en el pueblo veintisiete años. Su figura acompañó, en varios casos, a distintas generaciones de una misma familia.

La vida seguía siendo austera, sin abundancias de ningún tipo. Era normal acudir cada cierto tiempo a Morella para comprar telas con las que hacer la ropa para todo el año, o sacar adelante con la mismísima leche en polvo americana a los lechones que la cerda no podía amamantar (no era momento para dejar morir varias raciones futuras de comida). Las alpargatas se ponían cada noche cerca del fuego y luego rápidamente en los pies para hacer menos amargo el trance de conciliar el sueño.

Inalterablemente, las clases de la maestra comenzaban con los pertinentes rezos. Los ejercicios memorísticos y el repaso de las lecciones de la Enciclopedia Álvarez representaban la mayor parte del trabajo diario.

Sus alumnos, sin excepción, acudían a la misa de los domingos durante todo el curso. Incluso el día que un rayo carbonizó buena parte de la iglesia y los santos que la habitaban, Doña Mari Nieves improvisó un altar en la clase donde oficiar los actos religiosos. Algunos alumnos mantienen bien vivo ese recuerdo.

Su casa era la segunda planta del edificio escolar. El impredecible destino permite recorrer los pasillos que ella transitó tantos años, contemplar la cocina donde comió en silencio cada día, el cuarto donde soñaba cada noche, observar el salón donde se forjaron sus ideas, donde añoró, y lloró, a los suyos. Algunos cubiertos, pocos muebles lastimados, y un espejo roto son testimonio de ese tiempo.

Por la tarde, al salir de la escuela, solía acudir a alguna casa del pueblo, donde merendaba y pasaba el rato hablando con la familia. Durante el fin de semana, solía viajar a Alcañiz, puesto que allí tenía algunos amigos y aprovechaba para hacer las compras y ocuparse de asuntos de difícil gestión en el pueblo. En ocasiones, también algunas familias eran invitadas a su casa de la playa a cambio del medio de transporte, del que ella carecía.


Los últimos años: nuevos aires y el fin de la escuela

Más de dos décadas transcurrieron hasta que, ya rondando los setenta años, Doña Mari Nieves se jubiló. Este hecho fue muy importante en Torre de Arcas, e incluso, antes de su marcha, se celebró una comida a la que acudieron todos los habitantes del pueblo.

La maestra regresó a su Plasencia natal, pero periódicamente acudía al lugar en el que había dejado la parte más importante de su vida. Como muestra de su vinculación con las familias, el día que celebró su boda, ya jubilada, organizó un autobús que transportó a numerosos vecinos de Torre de Arcas hasta su residencia extremeña. Aún hoy, habiendo transcurrido casi veinte años desde su jubilación, mantiene contacto telefónico con algunas amistades.

Tras su marcha, el futuro de la escuela era ya poco esperanzador: quedaban menos de 10 niños en el aula. Este tiempo supuso un cambio rotundo en la vida de los alumnos, que, de repente, comprobaban confundidos la mirada extraña de la nueva maestra cuando ellos esperaban cada mañana puestos pie el momento para comenzar a rezar, de igual modo que cuando se levantaban raudos ante la entrada de cualquier persona en la clase. Comenzaban a recibir una enseñanza que partía de una filosofía, de una forma de entender el mundo, con pocas semejanzas respecto a la anterior. Especialmente significativas fueron las primeras estancias en los recién creados Centros Rurales de Innovación Educativa de Teruel (CRIET), donde se agolpaban múltiples novedades y se descubría ese nuevo mundo: el aluvión de nuevas amistades, de costumbres tan llamativamente liberales para ellos, las tecnologías disponibles, las excursiones, visitas, talleres, etc.; es decir, todo un universo de compañeros, maestros, contenidos, recursos, maneras de ser y de hacer, casi desconocidos hasta entonces.

El declive de la escuela aún consintió la entrada del centro en la nueva organización del tejido educativo rural: pasó a formar parte del Centro Rural Agrupado Tastavins, junto a Peñarroya de Tastavins, Monroyo, y Fuentespalda. Su previsible cierre añadió mayores dificultades, puesto que ningún maestro solicitaba una plaza próxima a desaparecer. Así, hasta que en el curso 1996-1997, con sólo cuatro niños en edad escolar, se cerró por última vez la puerta de la escuela. El último día…, la última clase…, la última palabra…, las últimas miradas.

La fuente de la que manaba la vida del pueblo se había secado. Ya no habría más gritos de niños ansiosos por entrar o salir, ni miradas curiosas, ni riñas, ni sonrisas, ni complicidad.

Ya es de noche. Huele a naturaleza, brillo de estrellas, silencio, oscuridad. Cerramos la puerta. Quizá el espacio rebosante de vida en otro tiempo, desbordante de anécdotas, de emociones y sentimientos, sea precisamente el lugar capaz de producir, al permanecer callado entre sus paredes y observarlo vacío, la sensación más intensa de desorientación y melancolía, de incomprensión y de tristeza.


1 Para la elaboración del texto se ha utilizado información del archivo municipal de Torre de Arcas, así como de fuentes orales del municipio.