jueves, 2 de octubre de 2008

QUISIERA ESTAR SOLO EN EL SUR.

Desde la Sierra de Alcubierre. Cuando la soledad permite escucharnos con calma.

Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.

El sur es un desierto que llora mientras canta,
y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos
abriendo un eco débil que vive lentamente.

En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.

Luis Cernuda.

Luis Cernuda colaboró en las Misiones Pedagógicas, el proyecto republicado creado en 1931 para hacer una sociedad mejor. Ana María Pelegrín, en la antología Huerto del Limonar, afirma que "es el poeta de la soledad". Así pues, bienvenido.

martes, 30 de septiembre de 2008

CERRADO POR OBRAS.

Apuntalando las paredes que quedan en pie y temiendo que el tejado caiga sobre la cabeza.

Tres vocales aún en la memoria.

domingo, 28 de septiembre de 2008

DE LOS OLVIDOS Y LOS SUEÑOS, Y DE CUANDO JUZGA EL QUE NI SABE NI TIENE RESPETO.


La noche del jueves, en el instante previo a introducirme en el mundo de los sueños, justo en los últimos segundos de consciencia, apareció en la cabeza un tema magnífico sobre el que escribir, un tema importante e interesante del que quedaría un escrito que me dejaría muy satisfecho en mis humildes pretensiones escritoras. Hice un esfuerzo por fijar los límites difusos de la idea, pero no tuve fuerza para coger de la mesilla la Libreta de Apuntar la Vida. Y ahí el gran error, puesto que ya van tres días en los que intento recordarla: esa idea ya escapó y se quedó atrapada para siempre en los sueños y las fantasías de esa noche. Quién sabe qué idea no escrita sería, qué otras ideas habrán no nacido de ella, y qué magníficos libros no escritos se completaron en esa noche de olvidos y de ausencias.

Al dedicarme a la educación, he atravesado varias etapas sobre la consideración de mi profesión que creo pueden generalizarse. A grandes rasgos, puedo decir que la consideración de los estudios de magisterio cuando uno está en la universidad es lamentable, paupérrima. La concepción de los estudiantes de otras carreras e incluso de muchos de la propia se refiere a unos estudios menores, muy asequibles, para personas con no demasiadas expectativas de éxito en la vida. Algo de andar por casa, para esforzarse lo justico, en definitiva.

Poco a poco, uno va estudiando, progresando, formándose, conociendo, leyendo; llega un día en que entra en una escuela, comparte la vida con los niños, con las familias, …, y comienza a pensar que no, que quizá ésto sea más importante de lo que parecía en principio. Luego conoce a algunas personas que dedican SU VIDA a la escuela, a la educación, a los niños, lee a grandes sabios que confían sus esperanzas de un mundo mejor a los maestros y a la escuela, y finalmente se convence de que, como he dicho otras veces, está dedicado a uno de los dos oficios más bellos e importantes que existen.

Hecho este preámbulo, únicamente quiero expresar una petición, y es la de exigir, en la pequeña escala de este blog, respeto máximo y escrupuloso por parte de esas otras profesiones que se creen con el derecho de menospreciarme, juzgarme, y exigirme las responsabilidades que les parecen oportunas. Esta mañana escuchaba “No es un día cualquiera”, en Radio Nacional, cuando han entrevistado al pediatra Ignacio de Arana (aquí, en torno a la sexta raya de la primera hora). Hablaban sobre obesidad infantil, hábitos saludables, etc. Cuando la periodista le ha indicado si no es suficiente con el ejercicio que hacen en gimnasia en la escuela, el entrevistado ha contestado que “muchas veces en gimnasia se limitan a cubrir el expediente para que los padres queden tranquilos”, entre otras palabras.

Quizá debieran aprender en primer lugar, tanto una como otro, que gimnasia no existe, que supone un desprecio por las connotaciones que arrastra del pasado (ya saben, lo militares, brazos en cruz y esas cosas), y que la denominación desde hace más de quince años es educación física. Además, el segundo podría tener la humildad de no juzgar con semejante desprecio a todo un colectivo en el que hay muchas personas que, como acabo de escribir, dedican SU VIDA a educar niños, a hacerlos mejores, a ayudarles en su descubrimiento del mundo, a acompañarles con dedicación en un tramo fundamental de sus vidas. Y ya en materia, quizá pudiera interesarse por las funciones de la asignatura a la que se refiere con tal ligereza, que poco tiene que ver con ese hacer niños flacos; al contrario, y más que nunca, nuestra preciosa asignatura no tiene otro objeto que el de contribuir a la educación de los niños. Y al que le suene raro, pues que lea o que pregunte y, además, yo le presentaré el ejemplo de unos cuantos maestros (que, en primer lugar, son tremendamente cautos y respetuosos). Quizá sea la obesidad más bien un problema suyo, de la todopoderosa y omnipotente profesión médica que todo lo puede, puesto que entre sus funciones de pediatra entra, creo, la prevención. Y si el problema se le apodera, quizá sea por su complejidad, no por la supuesta irresponsabilidad de otros que poco tienen que ver y menos que hacer.

Es obvio que escribo hastiado y harto del desprecio que frecuentemente manifiestan hacia la educación otros profesionales que se consideran en la cima absoluta del éxito social y personal. Tampoco les culparé en exceso. Seguramente la escuela, la versión a la que yo me refiero (no la del currículum actual inspirado en las leyes europeas que pretenden fabricar trabajadores eficientes y rentables, simples engranajes para que gire y se sostenga el entramado económico; lo dice la propia ley, no yo), simboliza unos valores absolutamente desprestigiados en la sociedad, donde lo que no se puede traducir al lenguaje del euro, simplemente no vale nada.

Para acabar, Lamima también busca dignidad y respeto.

jueves, 25 de septiembre de 2008

OTRA VEZ LOS PLATOS CHINOS.

Creo que la riqueza de mi vida bien podría medirse según las fotos que tengo disponibles. En este caso, ni una mediocre puede acompañar al texto.

Últimamente intento cultivar el sentido del humor al escribir, con dudosos resultados quizá. Hoy no es necesario, puesto que los profesionales de la risa adquieren el protagonismo estelar: no me digan que no se parte uno (incluso Pío es un nombre con un toque de humor).

He acudido a la tienda ciclista habitual a cambiar la cadena de la bici. Todo normal hasta que al salir me dice el dueño: “y ánimo hombre, alegra la cara que se te ve hecho polvo”. Ha sido la confirmación: mi cuerpo ha adquirido una configuración externa de la que no tengo conciencia. El problema es que tantos ánimos me han dado últimamente para mi aparente melancolía y decaimiento que lo mejor será, he pensado, adquirir realmente la condición melancólica y triste. Puede resultar muy peligroso contradecir a tu propia apariencia.

En la escuela sigo interpretando el número circense de los platos chinos. Ya lo he representado otras muchas veces, y podría decirse que soy especialista, pero ahora tengo la mitad ya por el suelo. Tras un mes rebosante de información y novedades, espero poder comenzar la semana próxima a orientar el trabajo a realizar con cada grupo. La principal dificultad está representada por las necesidades tan específicas que tiene cada niño, que exigen una gran individualización de las actividades y, por tanto, una programación cuya complejidad se multiplica por mil. Además, algunos requieren una atención constante, por lo que las sesiones de grupo en las que hay trabajar con seis niños también me generan inquietud.

Y luego está la psicomotricidad, de la cual yo no sé nada.

martes, 23 de septiembre de 2008

QUE ESTOY TRANQUILO, MAÑO.

Dicen que la cuarta parte de animales del mundo son escarabajos. Él, tan tranquilo (vive en la Jacetania).

Comienzo el cuarto año como aprendiz de maestro y me encuentro con un cansancio sorprendente. Otros cursos me cargaba de ideas e intenciones voluntariamente y, pasadas unas semanas, comenzaba a dudar si podría desarrollar todo decorosamente durante el curso. En este caso, la carga viene impuesta por las nuevas circunstancias y he observado algunos síntomas de fatiga (en mi cuerpo, claro) que me preocupan.

Por otra parte, no dejan de repetirme el “tú tranquilo, no te preocupes, que tienes cara de susto”. Será la impresión de mi cara, pero el sentimiento real no es el de miedo o similar; al contrario, tiene que ver con sentirme poco o nada formado y preparado ante las nuevas situaciones que se presentan, y con la autoexigencia de realizar dignamente mi trabajo. Una cara seria de serie es agotadora por la cantidad de aclaraciones que implica. Quizá busque otra en la chatarra.

Esta semana he comenzado con las clases de educación física, y me resulta muy desalentador no tener apenas nada organizado, no saber en muchos casos qué hacer. Hasta un determinado nivel de desarrollo en los niños, adaptar las ideas que tengo en la cabeza y que he consolidado los cursos pasados no resulta excesivamente difícil, pero hay otros casos en los que las adaptaciones ya no son posibles, y exigen un planteamiento totalmente diferente que actualmente me desborda.

Añádase a ésto que la bibliografía sobre educación física en educación especial es poco abundante. Apenas “el juego y los alumnos con discapacidad” y los títulos del maestro Alfonso Lázaro del CPEE Gloria Fuertes de Andorra son los que he podido utilizar de momento.

Lo más lógico, dicho lo anterior, parece dejar de teclear y ponerme a intentar aclarar mínimamente el entuerto.

Por cierto, me gusta citar los libros que me ayudan a ser mejor persona (por tanto, mejor maestro): ya han acabado (¿nos acaban ellos o los acabamos nosotros?) La Ciencia y la Vida y Articuentos, de Sampedro, Fuster, y Lucas el primero y Millás el segundo. He disfrutado infinitamente con su lectura. En el próximo escrito intentaré extraer algunos de los fragmentos gloriosos de estos libros, simplemente para plasmar una pequeña porción de las ideas que mi inútil memoria no me permite retener.

sábado, 20 de septiembre de 2008

ANA PELEGRÍN.


El documento donde escribo las entradas del blog suele ser un desastre desordenado donde voy añadiendo ideas, enlaces por visitar, libros, fragmentos llamativos, temas que desearía tratar, citas, etc.

Acabo de hacer una pequeña limpieza y he comprobado que, entre otros, dejé sin abordar dos importantes cuestiones el curso pasado: la primera consistía en haber realizado un artículo en catalán, como dedicatoria a la tierra en la que viví y trabajé durante dos años, y también para Jaime, por ser su lengua materna y, por tanto, a través de la que entiende el mundo; la segunda se refería a Ana Pelegrín, una maestra de la que me habían hablado algunos grandes compañeros como una persona especialísima, sabia, sensible, entregada a asuntos como la poesía y la expresión corporal. Lamentablemente, sobre esta señora voy a hablar fuera de tiempo, puesto que falleció hace unos pocos días. En todo caso, no quería dejar de nombrarla y de citar algunos de sus libros:

- Poesía española para jóvenes.
- Poesía española para niños.
- Huerto del Limonar. Poetas del 27.
- Raíz de amor.
- Cada cual atienda su juego.

Algunas de sus palabras: “La poesía es un modo de escribir la vida, de retenerla en la palabra, de inscribirla, frágil y permanente, como si por un instante consintieras -diría García Montero- que a veces se vive en un libro de poemas” (Raíz de amor).

Y uno sus poemas seleccionados. Un poema muy especial para recitar a la persona que amas o para crear un momento mágico en una escuela de primaria:

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

Octavio Paz (Libertad bajo palabra).

NOTICIAS EN DESCOMPOSICIÓN.

Deseaba comentar un par de actos vandálicos, pero he meditado y he preferido tragarme las noticias primero, hacer la digestión (pesada, eso sí), y manejar únicamente unos pocos nutrientes ya digeridos. Tratar asuntos crudos es un problema, y acabo atragantándome. Además, este obrar es mucho más budista.

Así pues, únicamente me queda referirme a la palabra enajenación. Nunca me ha gustado esta palabra, y siempre que la escucho siento que esconde terribles intenciones. Nunca tendríamos que fiarnos de asuntos en lo que hubiera que enajenar nada. Mucho menos si no es nuestro. Y también deseaba referirme a la palabra secarral. Bueno, ésto no lo he digerido del todo. Mis jugos gástricos no han podido con las erres, y por eso tendría que rumiar todavía sobre la formación de los que escriben en los periódicos y los que toman decisiones, de los distintos intereses de las personas ante algo concreto y la lógica falta de acuerdos, de las enfrentadas maneras de ver el mundo, etc. Malditas erres.