domingo, 28 de septiembre de 2008

DE LOS OLVIDOS Y LOS SUEÑOS, Y DE CUANDO JUZGA EL QUE NI SABE NI TIENE RESPETO.


La noche del jueves, en el instante previo a introducirme en el mundo de los sueños, justo en los últimos segundos de consciencia, apareció en la cabeza un tema magnífico sobre el que escribir, un tema importante e interesante del que quedaría un escrito que me dejaría muy satisfecho en mis humildes pretensiones escritoras. Hice un esfuerzo por fijar los límites difusos de la idea, pero no tuve fuerza para coger de la mesilla la Libreta de Apuntar la Vida. Y ahí el gran error, puesto que ya van tres días en los que intento recordarla: esa idea ya escapó y se quedó atrapada para siempre en los sueños y las fantasías de esa noche. Quién sabe qué idea no escrita sería, qué otras ideas habrán no nacido de ella, y qué magníficos libros no escritos se completaron en esa noche de olvidos y de ausencias.

Al dedicarme a la educación, he atravesado varias etapas sobre la consideración de mi profesión que creo pueden generalizarse. A grandes rasgos, puedo decir que la consideración de los estudios de magisterio cuando uno está en la universidad es lamentable, paupérrima. La concepción de los estudiantes de otras carreras e incluso de muchos de la propia se refiere a unos estudios menores, muy asequibles, para personas con no demasiadas expectativas de éxito en la vida. Algo de andar por casa, para esforzarse lo justico, en definitiva.

Poco a poco, uno va estudiando, progresando, formándose, conociendo, leyendo; llega un día en que entra en una escuela, comparte la vida con los niños, con las familias, …, y comienza a pensar que no, que quizá ésto sea más importante de lo que parecía en principio. Luego conoce a algunas personas que dedican SU VIDA a la escuela, a la educación, a los niños, lee a grandes sabios que confían sus esperanzas de un mundo mejor a los maestros y a la escuela, y finalmente se convence de que, como he dicho otras veces, está dedicado a uno de los dos oficios más bellos e importantes que existen.

Hecho este preámbulo, únicamente quiero expresar una petición, y es la de exigir, en la pequeña escala de este blog, respeto máximo y escrupuloso por parte de esas otras profesiones que se creen con el derecho de menospreciarme, juzgarme, y exigirme las responsabilidades que les parecen oportunas. Esta mañana escuchaba “No es un día cualquiera”, en Radio Nacional, cuando han entrevistado al pediatra Ignacio de Arana (aquí, en torno a la sexta raya de la primera hora). Hablaban sobre obesidad infantil, hábitos saludables, etc. Cuando la periodista le ha indicado si no es suficiente con el ejercicio que hacen en gimnasia en la escuela, el entrevistado ha contestado que “muchas veces en gimnasia se limitan a cubrir el expediente para que los padres queden tranquilos”, entre otras palabras.

Quizá debieran aprender en primer lugar, tanto una como otro, que gimnasia no existe, que supone un desprecio por las connotaciones que arrastra del pasado (ya saben, lo militares, brazos en cruz y esas cosas), y que la denominación desde hace más de quince años es educación física. Además, el segundo podría tener la humildad de no juzgar con semejante desprecio a todo un colectivo en el que hay muchas personas que, como acabo de escribir, dedican SU VIDA a educar niños, a hacerlos mejores, a ayudarles en su descubrimiento del mundo, a acompañarles con dedicación en un tramo fundamental de sus vidas. Y ya en materia, quizá pudiera interesarse por las funciones de la asignatura a la que se refiere con tal ligereza, que poco tiene que ver con ese hacer niños flacos; al contrario, y más que nunca, nuestra preciosa asignatura no tiene otro objeto que el de contribuir a la educación de los niños. Y al que le suene raro, pues que lea o que pregunte y, además, yo le presentaré el ejemplo de unos cuantos maestros (que, en primer lugar, son tremendamente cautos y respetuosos). Quizá sea la obesidad más bien un problema suyo, de la todopoderosa y omnipotente profesión médica que todo lo puede, puesto que entre sus funciones de pediatra entra, creo, la prevención. Y si el problema se le apodera, quizá sea por su complejidad, no por la supuesta irresponsabilidad de otros que poco tienen que ver y menos que hacer.

Es obvio que escribo hastiado y harto del desprecio que frecuentemente manifiestan hacia la educación otros profesionales que se consideran en la cima absoluta del éxito social y personal. Tampoco les culparé en exceso. Seguramente la escuela, la versión a la que yo me refiero (no la del currículum actual inspirado en las leyes europeas que pretenden fabricar trabajadores eficientes y rentables, simples engranajes para que gire y se sostenga el entramado económico; lo dice la propia ley, no yo), simboliza unos valores absolutamente desprestigiados en la sociedad, donde lo que no se puede traducir al lenguaje del euro, simplemente no vale nada.

Para acabar, Lamima también busca dignidad y respeto.

jueves, 25 de septiembre de 2008

OTRA VEZ LOS PLATOS CHINOS.

Creo que la riqueza de mi vida bien podría medirse según las fotos que tengo disponibles. En este caso, ni una mediocre puede acompañar al texto.

Últimamente intento cultivar el sentido del humor al escribir, con dudosos resultados quizá. Hoy no es necesario, puesto que los profesionales de la risa adquieren el protagonismo estelar: no me digan que no se parte uno (incluso Pío es un nombre con un toque de humor).

He acudido a la tienda ciclista habitual a cambiar la cadena de la bici. Todo normal hasta que al salir me dice el dueño: “y ánimo hombre, alegra la cara que se te ve hecho polvo”. Ha sido la confirmación: mi cuerpo ha adquirido una configuración externa de la que no tengo conciencia. El problema es que tantos ánimos me han dado últimamente para mi aparente melancolía y decaimiento que lo mejor será, he pensado, adquirir realmente la condición melancólica y triste. Puede resultar muy peligroso contradecir a tu propia apariencia.

En la escuela sigo interpretando el número circense de los platos chinos. Ya lo he representado otras muchas veces, y podría decirse que soy especialista, pero ahora tengo la mitad ya por el suelo. Tras un mes rebosante de información y novedades, espero poder comenzar la semana próxima a orientar el trabajo a realizar con cada grupo. La principal dificultad está representada por las necesidades tan específicas que tiene cada niño, que exigen una gran individualización de las actividades y, por tanto, una programación cuya complejidad se multiplica por mil. Además, algunos requieren una atención constante, por lo que las sesiones de grupo en las que hay trabajar con seis niños también me generan inquietud.

Y luego está la psicomotricidad, de la cual yo no sé nada.

martes, 23 de septiembre de 2008

QUE ESTOY TRANQUILO, MAÑO.

Dicen que la cuarta parte de animales del mundo son escarabajos. Él, tan tranquilo (vive en la Jacetania).

Comienzo el cuarto año como aprendiz de maestro y me encuentro con un cansancio sorprendente. Otros cursos me cargaba de ideas e intenciones voluntariamente y, pasadas unas semanas, comenzaba a dudar si podría desarrollar todo decorosamente durante el curso. En este caso, la carga viene impuesta por las nuevas circunstancias y he observado algunos síntomas de fatiga (en mi cuerpo, claro) que me preocupan.

Por otra parte, no dejan de repetirme el “tú tranquilo, no te preocupes, que tienes cara de susto”. Será la impresión de mi cara, pero el sentimiento real no es el de miedo o similar; al contrario, tiene que ver con sentirme poco o nada formado y preparado ante las nuevas situaciones que se presentan, y con la autoexigencia de realizar dignamente mi trabajo. Una cara seria de serie es agotadora por la cantidad de aclaraciones que implica. Quizá busque otra en la chatarra.

Esta semana he comenzado con las clases de educación física, y me resulta muy desalentador no tener apenas nada organizado, no saber en muchos casos qué hacer. Hasta un determinado nivel de desarrollo en los niños, adaptar las ideas que tengo en la cabeza y que he consolidado los cursos pasados no resulta excesivamente difícil, pero hay otros casos en los que las adaptaciones ya no son posibles, y exigen un planteamiento totalmente diferente que actualmente me desborda.

Añádase a ésto que la bibliografía sobre educación física en educación especial es poco abundante. Apenas “el juego y los alumnos con discapacidad” y los títulos del maestro Alfonso Lázaro del CPEE Gloria Fuertes de Andorra son los que he podido utilizar de momento.

Lo más lógico, dicho lo anterior, parece dejar de teclear y ponerme a intentar aclarar mínimamente el entuerto.

Por cierto, me gusta citar los libros que me ayudan a ser mejor persona (por tanto, mejor maestro): ya han acabado (¿nos acaban ellos o los acabamos nosotros?) La Ciencia y la Vida y Articuentos, de Sampedro, Fuster, y Lucas el primero y Millás el segundo. He disfrutado infinitamente con su lectura. En el próximo escrito intentaré extraer algunos de los fragmentos gloriosos de estos libros, simplemente para plasmar una pequeña porción de las ideas que mi inútil memoria no me permite retener.

sábado, 20 de septiembre de 2008

ANA PELEGRÍN.


El documento donde escribo las entradas del blog suele ser un desastre desordenado donde voy añadiendo ideas, enlaces por visitar, libros, fragmentos llamativos, temas que desearía tratar, citas, etc.

Acabo de hacer una pequeña limpieza y he comprobado que, entre otros, dejé sin abordar dos importantes cuestiones el curso pasado: la primera consistía en haber realizado un artículo en catalán, como dedicatoria a la tierra en la que viví y trabajé durante dos años, y también para Jaime, por ser su lengua materna y, por tanto, a través de la que entiende el mundo; la segunda se refería a Ana Pelegrín, una maestra de la que me habían hablado algunos grandes compañeros como una persona especialísima, sabia, sensible, entregada a asuntos como la poesía y la expresión corporal. Lamentablemente, sobre esta señora voy a hablar fuera de tiempo, puesto que falleció hace unos pocos días. En todo caso, no quería dejar de nombrarla y de citar algunos de sus libros:

- Poesía española para jóvenes.
- Poesía española para niños.
- Huerto del Limonar. Poetas del 27.
- Raíz de amor.
- Cada cual atienda su juego.

Algunas de sus palabras: “La poesía es un modo de escribir la vida, de retenerla en la palabra, de inscribirla, frágil y permanente, como si por un instante consintieras -diría García Montero- que a veces se vive en un libro de poemas” (Raíz de amor).

Y uno sus poemas seleccionados. Un poema muy especial para recitar a la persona que amas o para crear un momento mágico en una escuela de primaria:

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

Octavio Paz (Libertad bajo palabra).

NOTICIAS EN DESCOMPOSICIÓN.

Deseaba comentar un par de actos vandálicos, pero he meditado y he preferido tragarme las noticias primero, hacer la digestión (pesada, eso sí), y manejar únicamente unos pocos nutrientes ya digeridos. Tratar asuntos crudos es un problema, y acabo atragantándome. Además, este obrar es mucho más budista.

Así pues, únicamente me queda referirme a la palabra enajenación. Nunca me ha gustado esta palabra, y siempre que la escucho siento que esconde terribles intenciones. Nunca tendríamos que fiarnos de asuntos en lo que hubiera que enajenar nada. Mucho menos si no es nuestro. Y también deseaba referirme a la palabra secarral. Bueno, ésto no lo he digerido del todo. Mis jugos gástricos no han podido con las erres, y por eso tendría que rumiar todavía sobre la formación de los que escriben en los periódicos y los que toman decisiones, de los distintos intereses de las personas ante algo concreto y la lógica falta de acuerdos, de las enfrentadas maneras de ver el mundo, etc. Malditas erres.

jueves, 18 de septiembre de 2008

DE ESPONJAS Y CARTAS.

Lóbulo frontal: ideas en plena cristalización.

Ya he leído varias veces a escritores sobre el excelente recurso que supone coger una libretica, un lápiz (el de la dolorosa muerte, según Millás), y dedicarte a mirar y captar la realidad. Para Sampedro, ésto es hacer la esponja: colocarte en un lugar estratégico y dejar que los flujos de la realidad te traspasen mientras se realiza un cuidadoso filtrado de los elementos más interesantes. Parece ser que geniales novelas y ensayos han encontrado brillantes ideas en autobuses, parques, tertulias de bar, o mercadillos.

Desde hace años, cuando estoy en la gran capital, nada más entrar en ella, me veo desbordado de estímulos sonoros, luminosos, de gente por todas partes, etc. Esta sensación aumenta conforme el espacio disminuye, y, así, cuando viajo en el autobús no escapo de la perplejidad al observar lo que me rodea. Digamos que estos días, en una especie pseudomasoquismo, he encontrado un resquicio de placer en el tormento que para mí supone moverme por la ciudad. He cogido cierto gusto y habilidad para hacer la esponja. He de decir que ahora los teléfonos móviles facilitan mucho el flujo de realidad a través de los poros de este animal, por que resulta muy fácil capturar alimento: lo mismo te enteras de los índices bursátiles que de las vacaciones del interlocutor, o del joven con cara de niño, calzoncillos de diseño en las axilas, gorra a medio caer, que aseguraba haber mandado a cinco tipos al hospital a base de golpes con un bate de béisbol en su última pelea. Eso sí, sin navajas, concluía en un arrebato de nobleza. Ya tengo mi libreta de capturar fragmentos de vida.

Otra de felicidad pedagógica. Ayer, una niña a la que podemos adornar con adjetivos como buena, educada, inteligente, curiosa, trabajadora, y guapa, me escribió una carta. Esta niña tiene 6 escasos años, y yo sólo le di clase de EF durante el curso pasado. En todo caso, nos llevábamos muy bien, y fue un placer enorme tenerla como alumna. Me tomo la libertad de transcribir su escrito, porque me encanta (me parece un honor que una niña de esta edad me escriba después de tres meses sin verme), y porque creo sirve para poner ejemplo de la importancia y la riqueza (no sólo a nivel pedagógico) de las relaciones que se establecen entre el maestro y sus alumnos:

Hola José Luis:

¿Cómo estás?. Te echo de menos. Ya me han traído la bici de la Comarca. Es roja y muy grande y no toco el suelo.

¿En Zaragoza ya ha empezado la escuela?, ¿has ido a la Expo?. Yo sí y es muy chulo. Este verano me he acordado mucho de ti por todo lo que me has enseñado de deporte.

Pronto empezaré el cole y no sé qué maestro o maestra nos habrá tocado.

Un beso.

Este trabajo es un jaleo, tan pronto tienes que llenar como vaciar, y me coge siempre con las alforjas del revés.

martes, 16 de septiembre de 2008

UNA SONRISA.

Pajarico realizando un curso de formación en su descanso migratorio

El desdichado zarcero, un pajarico de unos pocos gramos que está en plena migración, se acercó para decirme que tranquilo, que también pasan por aquí de vez en cuando esquivando coches y edificios. Que siempre habrá algún agujero para meter un rato la cabeza. Lógicamente, lo enseñamos en las clases, lo curamos, le dimos una buena ración de larvas de mosquito, y felizmente pudo continuar su increíble viaje.

Lo poco que he leído sobre evolución y psicología parece demostrar a las claras que los sentimientos que despiertan los niños en los adultos tienen relación con la conservación de la especie. Esa ternura que generan las crías de los humanos no es sino un mecanismo evolutivo para asegurar la perpetuación de la especie a través de la protección de los adultos. Una mera fórmula. Cuatro reacciones químicas que activan unos lugares concretos del sistema nervioso …

Conocer esta explicación de nuestro comportamiento, averiguar que no tenemos apenas control del mismo, sino que está determinado completamente por un mecanismo evolutivo, bien pudiera generar cierta frialdad: una explicación tan asépticamente científica sobre unas sensaciones y sentimientos tan personales representan una extraña combinación. Pero no, ni frialdad ni nada. Está claro que las razones de la evolución son mucho más poderosas que nuestros azarosos y variables pensamientos.

Bien, todo este embrollo para simplemente decir que cada día que pasa me encuentro más tranquilo en la escuela, más contento con los niños. Voy aprendiendo sus expresiones, sus gestos, sus sentimientos y emociones, y ellos van conociéndome también a mí. Y, a lo que iba, un niño que se acerca, tira de ti, te da un beso y se va, o una mano que se mueve dubitativa por el aire hasta rozar y agarrar la tuya, o unas miradas iniciales sorprendidas y curiosas que concluyen en una magnífica sonrisa que alegra el mes entero, seguirán significando, aquí o allá, algunas de las razones por la que ser maestro se encuentra entre las dos ocupaciones más bellas del planeta.