lunes, 14 de septiembre de 2009

MÚSICAS Y TELÉFONOS.


Mientras caminaba en busca de la consulta en la que iban a reorganizar algunos de mis dientes destartalados en acto de servicio, una alegre melodía comenzó a sonar. En unos instantes, un señor me dio un papel donde ponía unas cosas muy interesantes sobre la sed y los modos de mitigarla, con especial mención a su versión espiritual, y, al doblar la esquina, sobre un escenario aparecieron los productores de la melodía, que brincaban sobre una gran pancarta que decía “Zaragoza, Jesucristo te ama”. Me alegré por Zaragoza, siempre está bien que te quieran, e imaginé que a cosas de estas se refiere la gente cuando me dice que en la GranCiudadDesarrollada uno tiene todo lo que necesita. También, a cuarenta kilómetros de la GranCiudadDesarrollada, cuando uno llega de un pequeño pueblo oscuro y silencioso, ya puede sentir su inabarcable mancha luminosa y su crepitar metálico. Fabricar lo que uno necesita hace demasiado ruido.



Quizá debiera contar el privilegio de tres semanas sin dar mi asignatura, pasando por cada clase para conocer a los grupos, a los tutores, los sistemas de comunicación empleados, los modos de acercarme, …, pero no, solamente contaré que la semana pasada tuve la suerte de observar a un niño que llamaba por teléfono a quien había sido su maestro, el cual, después de unos minutos de charla, dijo que había sido uno de los momentos más bonitos de su trayectoria profesional.

jueves, 3 de septiembre de 2009

DE UN RECREO HORROROSO Y UNOS NIÑOS CON LENGUAJE MODERNO Y PENSAMIENTO MEDIEVAL.

Las hadas de Ansó veranean en Vitosha

Tastavín muerde con frenesí en este instante una pelota de goma. De vez en cuando también me muerde los tobillos y los dedos de los pies. A ella le muerde el culo, supongo que por pura inteligencia. Muchos dicen que un perro no puede vivir en la Gran Ciudad Desarrollada. Allí no se puede cagar con tranquilidad por la calle y el olor a perro está muy mal visto. Él, el perro, dice que sí puede, que un tiempo prudente considera posible aguantar; que no le parece la mejor opción, pero que aguanta, y que, en todo caso, no se siente de ese lugar. Dice que es de Mirambel, que pasó por ese pueblo de joven con la bici, le gustó mucho, y se hizo de allí. Él no tiene concurso de traslados, así que está a la expectativa.


Hace dos días salía del lugar donde intentan cambiar mi conducta (ahora se pueden adquirir algunas estupendas) y pasé por el centro donde estudié EGB, BUP, y COU. Qué complejidad de siglas. Como estaba animado y veía la vida con entusiasmo, fruto de la nueva conducta ya adquirida, entré, saludé al director del centro y me asomé al recreo. Qué sensación. Un espacio en el que estuve cada mañana durante dos lustros visto con los ojos de los casi treinta años. Todo estaba igual, pero era diferente. Era un lugar visto con ojos que habían reído y llorado abundantemente desde la anterior mirada, así que todo se mostraba distinto. Observé por primera vez que era un recreo horrendo, feísimo, encementado y rodeado de edificios y tráfico gris. Quizá por culpa de ese recreo ahora debo cambiar mi conducta por otra mejor, más moderna y provechosa.


Otra aventura de esas interesantes para contar en esta cosa sin sentido aparente llamada blog ocurrió el lunes por la tarde. Bajábamos el perro Tastavín y yo a dar una vuelta por el barrio, a olisquear algún trasero y a realizar meditaciones profundas sobre la vida, cuando tres jóvenes de unos doce años pasaban por la puerta del centro en el que trabajo. Creo que ya les dije que en este centro trabajan algunos de los maestros más luminosos de este brazo de la galaxia. El caso es que los jóvenes iban diciendo cosas como “mira, un colegio de subnormales”, “eh, mira, soy mongolo, jojojo”, y otros enunciados similares mientras reían y hacían aspavientos variados. Los mozos tenían un aspecto sano, limpio, iban bien vestidos y hubieran pasado por buena gente si hubieran permanecida callados. Los llamé y les pedí disculpas por haberles escuchado, siempre se ha dicho que escuchar lo de otros está mal, pero que no me parecían muy apropiadas sus palabras, que los niños que allí estudiaban no habían elegido nacer ciegos, sordos, con piernas que no les obedecen o con cerebros que se van apagando poquito a poco, aún manteniendo risas radiantes y hermosas. Que quizá ellos, sanos y fuertes, lo que debían a esos niños era respeto y ayuda en caso necesario, y dar gracias cada instante por no tener ningún problema como ellos. Me miraron muy atentos y bastante incómodos, pensé que quizá había removido algo en sus cabezas, pero pronto vi que se alejaban haciendo chistes similares y riendo. Quedamos, el perro y yo, contrariados. Pensábamos que algunas mentalidades ya se habían extinguido, o que, al menos, ya no se daban en las generaciones de jóvenes criados al amparo de la TV y los videojuegos. Pensamos qué hubieran sentido sus padres si les hubieran visto por un agujerico, si se habrían avergonzado o no. Tastavín, el perro, que cada día reclama más derecho a expresar sus opiniones (incluso quiere abrirse su propio blog), dice que no entiende cómo aún quedan personas jóvenes que viven tan alejadas de lo que significa la integración y son capaces de referirse a las personas discapacitadas con esa falta de consideración tan desmedida, dolorosa, y terriblemente humillante. Dice que será porque no han tenido nunca la suerte de conocer a Natalia, a Santi, a Ainhoa, a Ana, a Enrique, a Jesús, a Alejandro, a Alex, …, y a sus familias maravillosas.


Buen día y hasta el próximo, si aún seguimos por este mundo.

sábado, 29 de agosto de 2009

PIRINEOS.


Después de cuatro años, una vieja revista que habrá pasado por muchas manos ha llegado hasta mí tras laberíntico e intrincado recorrido, conexión rumana incluida, encontrando un lector al que sorprender (en la primera página, la escuela de Ansó) y al que mostrar algunos caminos.


Gracias a su entrevista, he conocido a Eduardo Martínez de Pisón. No en persona, desafortunadamente. Apenas un par de páginas, unas pocas ideas, y ya ha pasado a la enorme lista de las personas con las que sería un privilegio compartir una tarde escuchándoles. Esas personas que, estoy seguro, hacen mejor el mundo. Creo que él me entendería decir que uno es de donde se siente.


Henry Russell, a su vez, aparece unas cuantas páginas antes, así que también nos hemos presentado y, no sé él, yo me he enamorado. Ayer por la tarde, sin tardar, empleé el dinero para las zapatillas, habrá que estirar las viejas, en su libro Recuerdos de un Montañero. Dice que “las cosas verdaderamente sublimes las sentimos pero no las aprendemos y todavía menos las comprendemos”. También sentía extraña atracción por dormir en maravillosas montañas y admirar cada mañana el mejor de los amaneceres.


Quizá entonces en esos sitios verdaderamente sublimes no sea lo apropiado buscar respuestas. Quizá sentirlos ya es la respuesta. Probaré con tu idea, Henry; queda poco tiempo.


lunes, 24 de agosto de 2009

LOS PEQUEÑOS Y SENCILLOS ACONTECIMIENTOS.

Otra mirada. Los maravillosos ojos del joven zorro.

Disculpas, en primer lugar, por la desaparición del blog durante varios días. Ha sido cosa de virus peligrosos y un par de cortocircuitos, pero todo esta en orden; es un decir.

A la vista de la transformación que me han provocado algunas lecturas de los últimos años, me cuestiono si leer es realmente positivo. Muchos quebraderos de cabeza, preocupaciones, problemas, …, han sido causados directamente por lo que tales lecturas han removido allá adentro. Siempre podrá pensarse, supongo, que, al margen de la lectura, cada uno supone un filtro muy particular que genera interpretaciones bien diferentes de cada obra. En cualquier caso, les dejo aquí apuntados dos títulos que me parecen soberbios y que, tengan cuidado, pueden suponerles un auténtico cambio en su pensamiento y en su concepción del mundo y de la vida: La Especie Elegida, de Juan Luis Arsuaga, y La Naturaleza en Peligro, de Miguel Delibes de Castro.

He pasado casi dos semanas saliendo al atardecer a tomar la fresca. Mi abuela me sacaba hace veinte años a tomar la fresca a la replaceta después de tomar las patatas fritas y sopas de ajo que sólo una abuela magnífica sabe hacer. Igual que en el extraño caso del lugareño que descansaba tranquilamente e improductivamente en la playa, tantas y tantas vueltas para acabar encontrando el mayor placer, y el sentido, en los más sencillos acontecimientos.

En ocho días nos reencontraremos con los niños.

jueves, 30 de julio de 2009

¿QUÉ ACONTECIMIENTOS ESTARÁN PREPARADOS PARA OCURRIR?

Un poco de aire y a volar

Hoy he realizado una tarea pendiente con las entradas anteriores. Desde 2005 hasta hoy. Inevitablemente, he leído fragmentos de aquí y allá, y he sentido la vergüenza de siempre al leer lo escrito en el pasado. También he sentido alegría al ver danzar en esas cuatrocientas entradas tantas personas, ideas y palabras, libros, niños, emociones, incertidumbres sobre lo que estaba por venir, e impresiones sobre lo que finalmente llegó.

He acabado pensando qué estaré escribiendo dentro de un mes, de cuatro meses, de un año. Qué palabras saldrán de esta cabeza desde la que se supone estoy escribiendo. Qué nos estará preparando la vida para ofrecernos dentro de un tiempo, cuánto se parecerá a la previsión que tenemos ya hecha, cuántos sustos aguardan su momento, cómo será el escenario en el que seguiremos actuando...; siempre preguntas.

Que pasen buenos días, a la vuelta del viaje les muestro lo que vieron mis ojos.

domingo, 26 de julio de 2009

MODO PREDICADOR ON.

Pajarico de Alboreca

Los libros sobre el budismo fueron grandes descubrimientos personales, pero estropiciaron buena parte de mis posibilidades escritoras. Una de las ideas recogidas en estos libros con la que me comprometí fue la de alejarme de críticas hacia aspectos externos y centrarme en las “críticas personales” y el cambio propio. “Los grandes cambios no surgen de grandes medidas tecnológicas o sociales, sino de pequeños cambios personales”, o algo similar, dicen estas lecturas. Sí, suena demasiado místico, pero el asunto es que supone un gran cambio: en el intento de ponerlo en práctica me estoy dando cuenta del enorme tiempo y esfuerzo invertido cada día en criticar, con mayor o menor acierto y respeto, un sinfín de cuestiones sobre las que realmente no tenemos demasiado poder de acción, por lo que acaba resultando una labor desagradable y, ante todo, estéril. Y mientras miramos hacia esos lugares, dejamos de mirar hacia dentro y de promover los cambios sobre los que sí tenemos absoluta responsabilidad. Sigue sonando demasiado místico. Creo que estoy pareciendo un predicador en un pedestal cualquiera de un parque americano.

A lo que iba: lo que ocurre es que buena parte de lo escrito por aquí tenía que ver con aspectos sociales, pedagógicos, culturales, …, que giraban frecuentemente en torno a la crítica, por lo que ahora me resulta difícil abordar algunos asuntos. Resulta complicado tratar temas con cierta distancia y calma sin que resulten meras descripciones planas.

Al margen de lo anterior, tres cosas:

Hoy, o uno de estos días, se aprueba una ordenanza para regular el uso de las bicicletas en la Granciudaddesarrollada. Lo que me sorprende no son las normas establecidas, más o menos variopintas, sino las opiniones que he leído en muchos foros que tratan el asunto. He encontrado una violencia sorprendente, con gente dispuesta en ambos bandos, peatones y ciclistas, a salir por la calle a “dar garrotazos al que le moleste”, o a “marcar los cinco dedos en la cara al que se acerque demasiado”. Supongo que el carácter anónimo de los mensajes, y la tranquilidad del salón desde el que se escribe propician algunas ideas violentas e inconcebibles que luego no se llevarán a cabo, pero no deja de alucinarme esa falta de civismo, de capacidad para la convivencia. De nuevo otro asunto llevado al terreno competitivo, a la confrontación de dos bandos, al quién ha ganado, peatones o ciclistas.

No es la mejor opción para cambiar el “modo predicador”, pero lo he leído al despertar y es uno de esos enlaces que quiero quede presente, por los tiempos de los tiempos, en el blog: reportaje sobre Vicente Ferrer, el dios indio de los desamparados.

Jaime me regaló Quieto, el libro de Màrius Serra donde describe las experiencias con su hijo paralítico cerebral. Es recomendable para aquellos que estéis interesados en el tema de la discapacidad (o los que queráis asomaros desde una de sus perspectivas), pues aborda un aspecto que me parece especialmente complejo y singular: cómo los padres afrontan, entienden, manejan, el cambio tan grande generado en la vida por un niño que “funciona al quince por ciento de rendimiento”, como expresa el padre. En mi año de “bautismo especial”, estas relaciones entre padres e hijos, las distintas maneras de gestionarlas, han dado lugar a grandes sorpresas, ejemplos magníficos, y abundantes enseñanzas.

Espero contar en el próximo capítulo cómo algunas personas, buenas personas al margen de sus obligaciones oficiales, están ya colaborando y cavilando para fabricar bicis especiales en las que puedan montar, disfrutar, aprender, vivir, niños especiales.

Vaya. Ayer acabé el libro, ahora estaba tecleando las anteriores líneas cuando ha sonado el “pip-pip” de la bandeja de entrada. Encuentro un mensaje de Jaime donde me cuenta que Lluís Serra, el niño protagonista de Quieto, murió ayer. Dejo de teclear.

miércoles, 22 de julio de 2009

LOS PENSAMIENTOS DEL JOVEN MILANO NEGRO.

Tendrá que frecuentar vertederos, comer carroñas, evitar a los zorros, competir con otras rapaces por el territorio, olerá muy mal casi toda su vida, pero vivirá donde su cuerpo le pida, no tendrá que acudir al gestor, y no respirará cada segundo del día cincuenta y cuatro con nueve micrómetros por metro cúbico de partículas en suspensión. Además, es una preciosidad.