lunes, 24 de agosto de 2009

LOS PEQUEÑOS Y SENCILLOS ACONTECIMIENTOS.

Otra mirada. Los maravillosos ojos del joven zorro.

Disculpas, en primer lugar, por la desaparición del blog durante varios días. Ha sido cosa de virus peligrosos y un par de cortocircuitos, pero todo esta en orden; es un decir.

A la vista de la transformación que me han provocado algunas lecturas de los últimos años, me cuestiono si leer es realmente positivo. Muchos quebraderos de cabeza, preocupaciones, problemas, …, han sido causados directamente por lo que tales lecturas han removido allá adentro. Siempre podrá pensarse, supongo, que, al margen de la lectura, cada uno supone un filtro muy particular que genera interpretaciones bien diferentes de cada obra. En cualquier caso, les dejo aquí apuntados dos títulos que me parecen soberbios y que, tengan cuidado, pueden suponerles un auténtico cambio en su pensamiento y en su concepción del mundo y de la vida: La Especie Elegida, de Juan Luis Arsuaga, y La Naturaleza en Peligro, de Miguel Delibes de Castro.

He pasado casi dos semanas saliendo al atardecer a tomar la fresca. Mi abuela me sacaba hace veinte años a tomar la fresca a la replaceta después de tomar las patatas fritas y sopas de ajo que sólo una abuela magnífica sabe hacer. Igual que en el extraño caso del lugareño que descansaba tranquilamente e improductivamente en la playa, tantas y tantas vueltas para acabar encontrando el mayor placer, y el sentido, en los más sencillos acontecimientos.

En ocho días nos reencontraremos con los niños.

2 comentarios:

Joselu dijo...

¡Qué resonancias tan cálidas me trae tu evocación de las sencillas sopas de ajo! En el frío del invierno qué placer tan elemental. ¡Cómo armonizarnos con el mundo, con nosotros mismos? En lo pequeño, en el detalle, en lo esencial, en el silencio, en la palabra cuidada. En ese tomar la fresca. Buen retorno a esa profesión que tanto amas, tan complejamente amas con ese vaivén emocional que tanto nos enriquece a los que te leemos. Tomo nota de los libros que citas.

Marciano Ansotano dijo...

Hola, amigo Joselu.

Quizá deberíamos fundar un lugar donde se tomara la fresca cada noche tras tomar sopas de ajo.

Creo que la calidez no está enturbiada por el efecto de mis recuerdos. Creo que en las sopas de ajo, en las abuelas de antes, y en tomar la fresca cada noche pervive un patrimonio valiosísimo que la sociedad moderna está perdiendo con indiferencia absoluta.

Creo que la vida está precisamente en lo minúsculo, en lo simple. Quizá incluso en lo cuántico, según dicen.

Un abrazo.
José Luis.

Publicar un comentario