miércoles, 21 de septiembre de 2016

EL ARTE MAYOR.

Los niños de quinto y sexto estudian sobre la poesía de arte mayor y menor. Incluso en tan obligatorias como inservibles evaluaciones iniciales se les pregunta por ello. Sin embargo, ninguno lee nunca poesía, en ninguno se ha despertado cierto interés hacia ella, ninguno sabe dar una mínima aproximación sobre qué es la poesía; y lo peor, nada de esto último preocupa a nadie. Mientras cuenten sílabas y escriban con atino si arte mayor o menor, todo está bien en la escuela y en la poesía. 

Comienza el día, pronto llegan los niños.

lunes, 29 de agosto de 2016

POLVO DE ESTRELLAS.

Estoy absolutamente hipnotizado tras la lectura de la introducción de un libro que comentaré por aquí en algún momento. Es una idea de tal profundidad que no comprendo cómo las charlas de los habitantes del Planeta, los bien alimentados al menos, no giran cada instante en torno a ella. En cualquier caso, alabanzas para Pere Estupinyá por ocupar de un modo tan meritorio parte del hueco enorme que existe en España en torno a la divulgación científica. Aunque sin ciencia es difícil hacer divulgación. Mariano y sus secuaces.

Hace mucho que no revolotea alguna por aquí

En unos días comienza el curso, un nuevo curso. A la incertidumbre de siempre le añadiré esta vez un poco de miedo. El curso pasado dudé en muchos casos si era un maestro mínimamente decente y competente. Y las dudas aún me acompañan. Algunos compañeros ejemplares, por otra parte y casualmente, sin relación con lo anterior, me lanzan algunos piropos en relación al trabajo. En mi cabeza es muy difícil de asumir ser buen maestro y mal maestro a la vez. Desearía que mi oficio fuera más sencillo y unívoco. Igual finalmente soy muy mal maestro y no soy capaz de enseñar lo necesario a los niños que se sitúan frente a mí.

Como en las grandes rupturas amorosas o los grandes traumas en general, cuesta hablar del suceso hasta pasado un tiempo y las consecuencias suelen ser importantes y con efecto a largo plazo. En lo que me respecta, la principal consecuencia es que, a la primera ocasión que encuentre, intentaré dejar de ser tutor. Me parece un oficio de un riesgo a la altura del de torero o funambulista. De una responsabilidad máxima y con una colchoneta muy pequeñita bien lejana. Representa una enorme pena, puesto que ser tutor en una escuela rural ha sido siempre una de las mayores ilusiones que he sentido en mi trabajo. No tengo claro si es válida la generalización de que las relaciones con las familias son cada vez más complicadas. Me inclino a pensar que sí en base a mi no muy larga trayectoria. Ser especialista de Educación Física es precioso en similar medida, con capacidad para invertir todo el trabajo que se desee, e implica un 99% menos de quebraderos de cabeza. 

Parece ser que para despedirme de esta faceta estaré con un grupo de niños de segundo a sexto de primaria. Un grupo con cinco edades diferentes y con cierta problemática de comportamiento desde hace tiempo. Será un buen reto antes de la retirada parcial.


miércoles, 6 de julio de 2016

SEVERINO PALLARUELO.


Releyendo escritos de hace años me entristezco comprobando que soy un maestro y una persona muy diferente a la que comenzó. Quizá el cambio no sea negativo en sí mismo; el problema es que compruebo haber perdido muchas virtudes y energía del comienzo y haberlas sustituido por desilusión en muchos casos. Las grandes personas que he tenido la suerte de conocer tienen el factor común de mantener la ilusión intacta y a prueba de bombas, precisamente han enfocado su carrera y su vida hacia lo positivo, dejando de lado los problemas e inconvenientes. Examen de conciencia, perdón de los pecados y propósito de enmienda. Creo que era así. A los dioses de todas las religiones pasadas y futuras pongo de testigos para este nuevo propósito que me planteo.

Este curso pasado no pasará a la historia personal como un buen curso, más bien al contrario, pues me enfrenté a un problema que me superó y me hizo considerar la opción de cambiar de trabajo o planeta. Sin embargo, sucedió que uno de los días que lo integraron fue quizá el mejor día que he pasado en la escuela. Ese día acudió a mi clase Severino Pallaruelo. 

No pude dejar constancia de esta visita en el blog de clase ni en ningún otro lugar, así que me gustaría que quedara reflejado, al menos, en este lugar.

Se planteó la posibilidad de su visita gracias al contacto de una compañera. Severino desde el primer momento se mostró interesado, así que fuimos dando forma a la visita poco a poco. Sus múltiples perfiles nos hacían dudar sobre qué actividades plantear. Su enorme figura también suponía cierta presión para dar lugar a un muy buen día escolar.

En lo personal significaba recibir en mi clase a una persona muy admirada y escritor de uno de los libros más cautivadores que he leído.

Finalmente y si la memoria no me falla, hace ya tres meses, las actividades consistieron en una presentación del visitante por parte de los alumnos mayores, una presentación del pueblo hecha en conjunto por los niños, un repaso de Severino de sus principales libros, un taller de escritura (¡con uno de los mejores y más prolíficos escritores aragoneses!) y una parte final en la que los niños realizaron una entrevista al escritor. Las semanas previas habíamos visto algunos vídeos (navatas, por ejemplo) y estudiado temas de historia y tradiciones cercanos a los temas que finalmente tratamos este día.

Para una persona que no ha trabajado con niños suele resultar difícil acceder al registro adecuado en vocabulario y complejidad del lenguaje, pero no fue el caso... los tres maestros presentes recibimos una lección magistral sobre el arte de mantener embobados a 11 niños y tres adultos con el simple artilugio de la palabra. Pudimos conocer historias emocionantes del Capitán Hook y el escorbuto de sus marineros, de los abuelos gemelos curanderos de caballos, de cómo se fue hilando el libro de José (de la dignidad humana ajena a trajes y titulaciones; su asistencia a la presentación del libro, sus miradas a la librería La General de Aínsa para comprobar si se vendía su libro...), de la impactante anécdota del batanero de Lacort... conocimos la historia del aula 28 del IES Biello Aragón de Sabiñanigo, fuimos testigos de las reflexiones de un profesor que ejerció con total dedicación más de cuatro décadas, de un inspector de educación que sintió el peso de la burocracia sin alma, de un escritor de veintiún libros publicados (¡"y cinco o seis más por los cajones de casa"!), de un profundo conocedor del arte y las tradiciones aragonesas y, seguramente, del mejor conocedor del territorio aragonés. Además, o quizá causa de todo lo anterior, tuvimos frente a nosotros a un entusiasta del conocimiento y del aprendizaje. Y, además y como guinda, a una persona que irradia bondad.

No sé realmente qué huella quedará a los niños de ese día. Supongo que unos pocos encontrarán en el futuro alguna referencia y caerán en la cuenta de que recibieron en su clase a esa persona cuando eran bien pequeños. Sí tengo la certeza de que para mí fue una de las actividades más afortunadas que he emprendido desde que soy maestro. Muchas gracias a Severino Pallaruelo y a los que colaboraron en su visita.

viernes, 17 de junio de 2016

WHY DOES MY HEART FEEL SO BAD? LA VIDA. VOLUMEN II.

Siempre he pensado que moriría pronto. Siempre pienso con extrañeza en estar aún vivo. En cualquier caso sí parece que es apostar sobre seguro considerar que he comenzado hoy, quizá de forma simbólica (pero, ¿qué hay más importante?) la segunda parte. La primera comenzó saliendo de un lugar oscuro a través de algo similar a un túnel, así que para esta ya cuento con la ventaja de la experiencia. Curioso paralelismo.

La escuela, perdonadme los optimistas, se ha confirmado como un lugar extremadamente difícil donde rige cada vez más la burocracia. Y no cualquier burocracia, sino aquella cuyo principal objetivo consiste en salvar el culo con el menor número posible de rasguños o responsabilidades. El curso que ya concluye ha sido una fantástica experiencia sobre la variedad de mentalidades presentes en las familias, sobre cómo se pueden generar algunos problemas que sin atajarse a tiempo se convierten en sensacionales problemas. Cómo cada nivel jerárquico simplemente busca evitar problemas aunque ello suponga obviar los problemas y la responsabilidad profesional, y cómo, de forma muy llamativa e incluso graciosa, deben agarrarse a fórmulas radicalmente opuestas. Un equipo directivo que se aferra a la inacción y a satisfacer a las familias a cualquier precio y una inspección educativa que para satisfacer igualmente a las familias se limita a contemplar robóticamente los indicadores, estándares, criterios, rúbricas y demás inefables hijos del apocalipsis tecnócrata que asola las escuelas aragonesas tratando de convertirlas en fábricas de tornillos. Creo, del modo más riguroso que soy capaz, que ser maestro comprometido es actualmente una labor titánica.

Y la vida sigue corriendo, igual que en la primera parte. Estoy muy contento, hacía muchos meses que no sentía la necesidad de escribir. Continúa el diecisiete de junio de 2016.

lunes, 16 de noviembre de 2015

LA AGONÍA DE LA ESCUELA, EL ESPLENDOR MEDIEVAL.

Hace unos días, en clase de Ciencias Naturales, unos cuantos niños soltaron las frases de "es que los humanos no somos como los animales", "es que eso es así porque Dios lo hizo...". A partir de ahí pasamos una hora discutiendo sobre el pensamiento que exige razones, argumentos, explicaciones, y el pensamiento que se cree las cosas porque sí, sin requerir justificación o prueba alguna. He pensado mucho en los días sucesivos y he llegado a la conclusión de que me equivoqué, no tuvo sentido dar tantas vueltas al asunto con niños muy pequeños que aún no tienen argumentos suficientes y madurez como para valorar ajustadamente este tipo de ideas. Pero precisamente aquí radica el gran desastre de la religión en la escuela: se cuela en la cabeza de los niños cuando no tienen espíritu crítico para juzgar la validez de lo que se les ofrece y, a partir de ahí, solo si se dan las circunstancias adecuadas, quizá algún día se replanteen algunas ideas, pero de entrada el sistema operativo ya está configurado de serie en el modo religioso. En la citada clase hablábamos de evolución, de fósiles, de descubrimientos sobre adaptaciones de distintos seres vivos. ¿Qué hacer cuando los niños tienen ya preconfigurado el pensamiento para atribuir las explicaciones a causas divinas y milagrosas? La batalla está perdida. A la vista de un niño de primaria, los argumentos con pruebas, con nombres de científicos, los frutos de décadas de estudio e investigación... poseen exactamente el mismo rigor que la última fabulilla que hayan escuchado en religión y que puede tratar sobre la creación del mundo hace 2000 años o sobre la creación de los humanos por intervención divina, en unos minutos y a partir de unos trozos de barro, para gobernar al resto de bestias naturales. Esto está así establecido en la cabeza de los niños que estudian religión. Queda establecido como verdadero o, al menos, con la misma veracidad que cualquier otro contenido que les trasmitimos en el resto de áreas. Es un crimen contra la razón permitir en la escuela la asignatura de religión que se imparte muchas veces a continuación de las Ciencias y que impide radicalmente el desarrollo de los contenidos propios de las áreas, como son todos los que tienen que ver con los seres vivos y su evolución, la astronomía, la historia de La Tierra, etc. Si los maestros, incluidos los que imparten religión, tuviéramos un poco de sentido común y rigor en lo que hacemos, clamaríamos contra esta situación.

Las materias que se imparten en la escuela están muy cerca de variados campos científicos y de conocimiento: biología, fisiología, matemáticas, anatomía, filología,  arte... Todos estos campos han experimentados desarrollos enormes durante su existencia, con especial incidencia en las últimas décadas. Por ejemplo, las ciencias biológicas y la tecnología caminan con pasos de gigante y se sitúan hoy en disposición de avances y descubrimientos que a los profanos nos parecen con frecuencia más propios de la ciencia ficción. Pero la escuela es ajena a cualquier avance. Avance y escuela solo pueden convivir en forma de palabras en un blog de un miserable maestro como yo, no en la realidad. Se habla de maestro innovador cuando un maestro actúa del mismo modo que ya actuaban otros hace ciento treinta años (¡imaginen las prácticas del no innovador!), los cambios que se producen son fruto del último ramalazo que ha sufrido el iluminado de turno, bien sean los estándares de evaluación, la inclusión o no de la religión en el currículo escolar, el desglose de Conocimiento del Medio en Ciencias Naturales y Ciencias Sociales, el mandar 2 horas de deberes cada día o no mandar nada, el tener a los niños de cursos inferiores de primaria trabajando al estilo de un campo de trabajos forzados o dejándoles directamente que se guíen por sus libres apetencias y hagan lo que les venga en gana... En la escuela no existe ningún avance en base a lo aprendido en el pasado, un avance fruto de la formación, fruto de expertos que marquen un camino claro según criterios avalados por sus resultados. Se llenan los currículos de palabras a las que, en la acción real, vaciamos de sustancia: ciudadanos libres, espíritu crítico, capacidad para pensar autónomamente... Palabrería hueca más cercana a los políticos que a un campo que quisiera avanzar hacia prácticas más acertadas, rigurosas y coherentes. La escuela actual está llena de centros y de maestros cuyo comportamiento se limita a leer el libro de texto, mandar los ejercicios, corregirlos y hacer exámenes que inciden únicamente en la capacidad memorística. Esta forma de actuar es simplemente una gran forma de perpetuar prácticas pasadas que nada tienen que ver con esas bonitas palabras que aparecen en nuestro currículo. Para mayor jolgorio, una buena proporción de las familias equiparan esa forma de enseñar con lo correcto, pues es lo que ellos vivieron y además es más fácil justificar el esfuerzo con la prueba de la memorización que con métodos que realmente trabajen hacia el esfuerzo en pensar, en entender, en expresar, en ser críticos. Incluso demandan explícitamente actividades repetitivas, mecánicas, más trabajo para casa y más exámenes. Un magnífico maestro de maestros solía repetir que hiciéramos lo que hiciéramos en el aula tuviéramos siempre muy claro por qué lo hacíamos, qué buscábamos con esa actividad. Esta norma no se cumple ni a nivel organizativo general en los que planean los currículos y definen las leyes educativas ni en los maestros que cada día abren las clases. Se actúa en base a ideologías, en base a lo que uno vivió en su escolaridad, en función de las mil modas que nos asaltan cada semana (salud, emociones, valores, inteligencias múltiples...), o directamente en función del mínimo esfuerzo, pero son siempre cambios y actuaciones que no obedecen a un plan rigurosamente planeado según unos conocimientos validados. Hace unos días leía a Gregori Luri; hablaba sobre diferencias en los entornos de aprendizaje de niños de distintos estratos sociales. Aportaba datos como las palabras que cada tipo de niño escuchaba cada día y lo que ello implicaba en su vocabulario, su lenguaje y el desarrollo de su pensamiento. Partía de datos claros y constatados, analizaba la situación y establecía propuestas orientadas a objetivos claros. Era magnífico leerlo porque no se suelen encontrar este tipo de planteamientos alrededor de la escuela.

Hace unos días, mientras visitaba a una persona querida en esos centros donde los ciudadanos de los países avanzados aparcamos a los mayores a la espera de que mueran y dejen de molestar en una estructura social donde no cabe ser lento y no productivo ni consumista, me encontré con una cita de Víktor Frankl, el eminente psiquiatra autor de El hombre en busca de sentido. Decía algo parecido a que nos pueden arrebatar absolutamente todo lo que poseemos, pero siempre seguiremos siendo dueños de nuestra actitud ante esa pérdida. Estaba dando vueltas a los temas sobre los que acabo de escribir cuando leí la frase... y entonces pensé en cuál debería ser la actitud ante una escuela religiosa, desorientada y en muchos casos con prácticas más cercanas al franquismo que al momento de modernidad y cambio en el que supuestamente vivimos. En principio, aunque no creo que el señor Frankl lo aprobase, frustración, desesperación y derrotismo. Buena semana.


martes, 13 de octubre de 2015

DECADENCIA.

Ojalá firmara yo las siguientes líneas. Qué atino.

Así, no sabiendo creer en Dios, y no pudiendo creer en una suma de animales (la humanidad), me quedé, como otros de la orla de las gentes, en aquella distancia de todo a la que comúnmente se llama Decadencia. La decadencia es la pérdida total de la inconsciencia; porque la inconsciencia es el fundamento de la vida. El corazón, si pudiera pensar, se pararía.

El dolor ante la incomprensión de la vida. Vivir entre las grietas del desasosiego punzante. Fernando Pessoa.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

SOBRE LA IMPOSIBILIDAD DE SENTIR LO INEXISTENTE. Y UNAS FOTOS.


En principio, mejorar el lenguaje permite ampliar las posibilidades de pensamiento y estas, a su vez e igualmente en teoría, actuar de un mejor modo ante las distintas situaciones que la vida va colocando por delante.

E
El árbol del gotero. Así se llama la especie. O el de echar de menos a un hermano, en jerga científica.

Estaba tumbado en el suelo antes de ponerme a teclear considerando cómo actuaría en las circunstancias actuales en las que vivo si mi pensamiento fuera de un modelo de mejor calidad, si no fuera de los encontrados en la sección de oportunidades y restos de fábrica. Qué ocurriría si el lenguaje me permitiera una mejor comprensión del mundo. Tras varias secuencias de pensamientos y con mi leal compañero observando y e intentando mostrar su siempre acertado punto de vista, he llegado a considerar que es imposible. No es posible saber qué haríamos si fuéramos otro. Solo tenemos experiencia desde nosotros, no existe la opción de valorar qué haría si no fuera yo. Solo he sido yo durante toda mi vida. Una lástima en casos como este. El amigo perro ha añadido que sería similar a intentar valorar un sabor de un alimento inexistente. He replicado que me parecía un ejemplo un poco forzado y sobre ello hemos discutido unos instantes.




En mi granja habrá gallinas libres y filósofas y estas vacas.

Hace unos días escuchaba a unos periodistas hablar sobre la profesionalidad que supone transmitir siempre durante los directos el estado emocional requerido independientemente de los sentimientos y las circunstancias personales. Decían que eso era ser profesional. Siempre me ha parecido curioso este asunto referido a trabajos en los que tienes que mostrarte positivo, alegre, dinámico... al margen de que ese día tengas ganas de tumbarte y llorar durante horas. Me parecía curioso porque a mí me resultaba difícil dar clase algunas veces cuando los demás ámbitos no acompañaban. Sin embargo ahora, ya ocurrió el curso pasado, estar en clase con los niños supone un paréntesis en el caos que rodea lo demás. En el peor momento posible no hay opción a no sentir su alegría, sus ganas de juego y de conocer el mundo. Son las horas en las que más ganas de vivir siento durante el día. Es una auténtica fortuna. 

La hora azul se pone roja.

 Limpieza turistera, buscarán ruralidad el próximo verano.

Y en estas andamos mientras se asoma el otoño que nos devolverá la oscuridad y el frío. Los turistas compradores de mermeladas made in abuela pirenaica dejarán paso a la quietud y al tiempo detenido. 


 Aunque suelo firmar yo, él siempre es coautor intelectual de los escritos que salen medio decentes. Y fotogénico, ¡quién se pareciera!