lunes, 24 de agosto de 2009

LOS PEQUEÑOS Y SENCILLOS ACONTECIMIENTOS.

Otra mirada. Los maravillosos ojos del joven zorro.

Disculpas, en primer lugar, por la desaparición del blog durante varios días. Ha sido cosa de virus peligrosos y un par de cortocircuitos, pero todo esta en orden; es un decir.

A la vista de la transformación que me han provocado algunas lecturas de los últimos años, me cuestiono si leer es realmente positivo. Muchos quebraderos de cabeza, preocupaciones, problemas, …, han sido causados directamente por lo que tales lecturas han removido allá adentro. Siempre podrá pensarse, supongo, que, al margen de la lectura, cada uno supone un filtro muy particular que genera interpretaciones bien diferentes de cada obra. En cualquier caso, les dejo aquí apuntados dos títulos que me parecen soberbios y que, tengan cuidado, pueden suponerles un auténtico cambio en su pensamiento y en su concepción del mundo y de la vida: La Especie Elegida, de Juan Luis Arsuaga, y La Naturaleza en Peligro, de Miguel Delibes de Castro.

He pasado casi dos semanas saliendo al atardecer a tomar la fresca. Mi abuela me sacaba hace veinte años a tomar la fresca a la replaceta después de tomar las patatas fritas y sopas de ajo que sólo una abuela magnífica sabe hacer. Igual que en el extraño caso del lugareño que descansaba tranquilamente e improductivamente en la playa, tantas y tantas vueltas para acabar encontrando el mayor placer, y el sentido, en los más sencillos acontecimientos.

En ocho días nos reencontraremos con los niños.

jueves, 30 de julio de 2009

¿QUÉ ACONTECIMIENTOS ESTARÁN PREPARADOS PARA OCURRIR?

Un poco de aire y a volar

Hoy he realizado una tarea pendiente con las entradas anteriores. Desde 2005 hasta hoy. Inevitablemente, he leído fragmentos de aquí y allá, y he sentido la vergüenza de siempre al leer lo escrito en el pasado. También he sentido alegría al ver danzar en esas cuatrocientas entradas tantas personas, ideas y palabras, libros, niños, emociones, incertidumbres sobre lo que estaba por venir, e impresiones sobre lo que finalmente llegó.

He acabado pensando qué estaré escribiendo dentro de un mes, de cuatro meses, de un año. Qué palabras saldrán de esta cabeza desde la que se supone estoy escribiendo. Qué nos estará preparando la vida para ofrecernos dentro de un tiempo, cuánto se parecerá a la previsión que tenemos ya hecha, cuántos sustos aguardan su momento, cómo será el escenario en el que seguiremos actuando...; siempre preguntas.

Que pasen buenos días, a la vuelta del viaje les muestro lo que vieron mis ojos.

domingo, 26 de julio de 2009

MODO PREDICADOR ON.

Pajarico de Alboreca

Los libros sobre el budismo fueron grandes descubrimientos personales, pero estropiciaron buena parte de mis posibilidades escritoras. Una de las ideas recogidas en estos libros con la que me comprometí fue la de alejarme de críticas hacia aspectos externos y centrarme en las “críticas personales” y el cambio propio. “Los grandes cambios no surgen de grandes medidas tecnológicas o sociales, sino de pequeños cambios personales”, o algo similar, dicen estas lecturas. Sí, suena demasiado místico, pero el asunto es que supone un gran cambio: en el intento de ponerlo en práctica me estoy dando cuenta del enorme tiempo y esfuerzo invertido cada día en criticar, con mayor o menor acierto y respeto, un sinfín de cuestiones sobre las que realmente no tenemos demasiado poder de acción, por lo que acaba resultando una labor desagradable y, ante todo, estéril. Y mientras miramos hacia esos lugares, dejamos de mirar hacia dentro y de promover los cambios sobre los que sí tenemos absoluta responsabilidad. Sigue sonando demasiado místico. Creo que estoy pareciendo un predicador en un pedestal cualquiera de un parque americano.

A lo que iba: lo que ocurre es que buena parte de lo escrito por aquí tenía que ver con aspectos sociales, pedagógicos, culturales, …, que giraban frecuentemente en torno a la crítica, por lo que ahora me resulta difícil abordar algunos asuntos. Resulta complicado tratar temas con cierta distancia y calma sin que resulten meras descripciones planas.

Al margen de lo anterior, tres cosas:

Hoy, o uno de estos días, se aprueba una ordenanza para regular el uso de las bicicletas en la Granciudaddesarrollada. Lo que me sorprende no son las normas establecidas, más o menos variopintas, sino las opiniones que he leído en muchos foros que tratan el asunto. He encontrado una violencia sorprendente, con gente dispuesta en ambos bandos, peatones y ciclistas, a salir por la calle a “dar garrotazos al que le moleste”, o a “marcar los cinco dedos en la cara al que se acerque demasiado”. Supongo que el carácter anónimo de los mensajes, y la tranquilidad del salón desde el que se escribe propician algunas ideas violentas e inconcebibles que luego no se llevarán a cabo, pero no deja de alucinarme esa falta de civismo, de capacidad para la convivencia. De nuevo otro asunto llevado al terreno competitivo, a la confrontación de dos bandos, al quién ha ganado, peatones o ciclistas.

No es la mejor opción para cambiar el “modo predicador”, pero lo he leído al despertar y es uno de esos enlaces que quiero quede presente, por los tiempos de los tiempos, en el blog: reportaje sobre Vicente Ferrer, el dios indio de los desamparados.

Jaime me regaló Quieto, el libro de Màrius Serra donde describe las experiencias con su hijo paralítico cerebral. Es recomendable para aquellos que estéis interesados en el tema de la discapacidad (o los que queráis asomaros desde una de sus perspectivas), pues aborda un aspecto que me parece especialmente complejo y singular: cómo los padres afrontan, entienden, manejan, el cambio tan grande generado en la vida por un niño que “funciona al quince por ciento de rendimiento”, como expresa el padre. En mi año de “bautismo especial”, estas relaciones entre padres e hijos, las distintas maneras de gestionarlas, han dado lugar a grandes sorpresas, ejemplos magníficos, y abundantes enseñanzas.

Espero contar en el próximo capítulo cómo algunas personas, buenas personas al margen de sus obligaciones oficiales, están ya colaborando y cavilando para fabricar bicis especiales en las que puedan montar, disfrutar, aprender, vivir, niños especiales.

Vaya. Ayer acabé el libro, ahora estaba tecleando las anteriores líneas cuando ha sonado el “pip-pip” de la bandeja de entrada. Encuentro un mensaje de Jaime donde me cuenta que Lluís Serra, el niño protagonista de Quieto, murió ayer. Dejo de teclear.

miércoles, 22 de julio de 2009

LOS PENSAMIENTOS DEL JOVEN MILANO NEGRO.

Tendrá que frecuentar vertederos, comer carroñas, evitar a los zorros, competir con otras rapaces por el territorio, olerá muy mal casi toda su vida, pero vivirá donde su cuerpo le pida, no tendrá que acudir al gestor, y no respirará cada segundo del día cincuenta y cuatro con nueve micrómetros por metro cúbico de partículas en suspensión. Además, es una preciosidad.

jueves, 2 de julio de 2009

INFINITAS RUEDAS EN GIRO PERMANENTE.


El camino discurría entre inabarcables bosques de pinos, abetos, hayas, tejos, y serbales. De vez en cuando aparecían algunas plantas temibles, como la belladona o la dulcámara (familiares de tomates, patatas, y tabaco), y otras magníficas, como las diversas orquídeas, el hipérico, o el martagón. Escarabajos, arañas, mariposas y el resto de seres diminutos cumplían un día más el contrato con sus respectivas plantas y ofrecían tesoros a los que sabían mirar con la suficiente paciencia y el necesario conocimiento. Los pájaros realizaban sus asuntos y envolvían el bosque de melodías ininterrumpidas: el tamborileo de los picapinos, el silbido agudo del agateador, y los cantos de los pinzones, currucas y otros seres de los aires. El joven camachuelo, con unas pocas semanas en este mundo, comía fresas silvestres felizmente. Por encima, los aviones y vencejos dibujaban sus alargados trazos blancos y negros, mientras, controlándolo todo y tocando el cielo con los extremos de sus alas, águilas reales y buitres escrutaban el valle arrastrados por las corrientes de aire. El mismo viento de casi todos los días, en el aire la fragancia por la que suspirarían en Grasse, y paredes calizas infinitas propias una escala de gigantes por donde se descolgaban larguísimos hilos de agua que se abrazaban en el fondo del valle. Un ciclo que rueda cada día. Estemos o no. Vivamos o no.

En otra parte, en el lugar moderno y encementado que crece y crece (la Gran Ciudad Desarrollada), el curso escolar ha concluido. Junio ha sido un mes de gran aprendizaje y mucho trabajo. No sé aún qué pensar: revolotean experiencias memorables y emocionantes junto a otros aspectos en los que he fallado estrepitosa y dolorosamente. La imagen de lo que ha supuesto la escuela este año se resume en treinta o cuarenta personas que se juntan el último día para despedir el curso y que son sorprendidas con la proyección de un audiovisual en el que se muestran muchas de las imágenes de los momentos más especiales vividos en nueve meses con los niños. Algunas lágrimas y la sensación de la fortuna que supone compartir trabajo, esfuerzo, e ilusiones con personas tan excepcionales. Un curso inolvidable, en todo caso.

Ya hace tres años que acabé tristísimo mi curso en Ansó, dos que finalicé aliviado el primer año en Peñarroya, y uno que concluí confundido el segundo año en Peñarroya de Tastavíns. Ahora ha terminado el cuarto año como aprendiz de maestro. Seguiré buscando los abetos, las hayas, y durmiendo todos los días que pueda bajo las estrellas. El tiempo corre demasiado. Buen Verano.

jueves, 18 de junio de 2009

NOCTAMBULISMOS.

Es Tastavín, el perro que apareció en la carretera para salvar a sus hermanos y decidió quedarse.

La semana pasada quedé con dos niños de la escuela para hacer una excursión a los Galachos de Juslibol. Pasamos la tarde juntos, y la excursión permitió pasear con el pequeño Tastavín, tirar piedras para hacer “la rana” en los lagos, jugar con palos, merendar bajo la sombra de un álamo, y todas esos asuntos tan serios que un niño debería poder hacer cada día. Durante las tardes de las dos últimas semanas he preparado las reuniones de evaluación de cada aula. Al reflexionar, pienso en los niños, pero especialmente en mi trabajo, en mi intervención, y llego a la conclusión de que no sé hacer casi nada, que lo conseguido tiene siempre más relación con la maduración del niño, con el hecho de conocernos mejor (aquí el mérito es simplemente para el tiempo y su implacable avance), o con otros factores. Me doy cuenta que lo que hago bien es estar con los niños, pasear y jugar con ellos, acompañarles al Galacho de Juslibol y hacer que vuelvan contentos a sus casas, contarles historias, …, compartir fragmentos de la vida, en definitiva. Y no sé si esto es importante o no, si forma parte de mi trabajo, pero definitivamente es lo que mejor sé hacer. Para realizarlo a diario necesito un pueblo.

Haber adquirido algunos recursos me está permitiendo acabar el curso en buena forma, y necesitar menos las vacaciones de verano que lo que necesité las de navidad o semana santa. De forma sobresaliente y excepcional, conocer mejor a los maestros y resto de profesionales con los que comparto escuela está significando un hecho de riqueza infinita. Mi experiencia previa se resume en tres años, lo cual puede resultar exiguo, pero creo poder afirmar que difícilmente volveré a estar en otro centro donde todos y cada uno de los maestros sean ejemplos de dedicación y amor por su trabajo como aquí ocurre. Y (activar negrita, mayúsculas y lucecitas de colores) donde, cuando hay que tomar una decisión, lo natural resulta considerar a toda costa las opciones de mayor beneficio para los niños. El esfuerzo necesario para conseguirlo, lo oficial, lo burocrático, etc., irán después.

Siento por primera vez el placer de reuniones de evaluación de varias horas en las que se analizan desde mil ángulos cada uno de los detalles que rodean a cada niño, de tutores que escuchan con interés sobre unos tipos de educación física que trabajan en algo llamado praxiología motriz, e incluso indican que sería muy positivo poder escuchar a alguno de ellos en la escuela. El placer de un trabajo difícil donde cada segundo está invertido en aportar beneficios a los alumnos. Lamentablemente, está ciento sesenta kilómetros al sur del lugar donde debería estar.

Hoy los niños me han hecho sentir feliz nada más entrar a la escuela, me han dado esas muestras de cariño que hacen de este trabajo una experiencia conectada de manera tan especial con la vida y con las emociones. Por la noche me han llamado dos niñas de Peñarroya para felicitarme y decirme que se acordaban de mí. Espero verlas pronto.

Hace poco leí sobre un pueblo aborigen que se sorprendía absolutamente al conocer la costumbre civilizada de celebrar los cumpleaños, cuyo único mérito recae en el paso del tiempo (dos veces ya nombrado el paso del tiempo…). Al contrario, cuando uno de sus miembros sentía que era mejor en algún sentido, que había perfeccionado alguna capacidad de su persona (más sensible con los demás, mejor cazador, mejor recolector, más útil para el grupo en algún aspecto, etc.), lo comunicaba al grupo y celebraban una gran fiesta. Y con esta idea me despido, pues me parece maravillosa.

Sigo con la desconcertante aula seis.

sábado, 13 de junio de 2009

DE CUANDO UNO SALE DEL TRABAJO SINTIÉNDOSE AFORTUNADO POR LO COMPARTIDO.

Con los últimos suspiros de energía del día, puedo teclear que ha sido una semana memorable en la escuela. Aquellos que sean maestros sabrán el valor de esta afirmación cuando ésta era la semana de reuniones de evaluación, entre otras tareas. Cuando me jubile, si tengo la suerte de ello (cada día vivido como si fuera el último...), recordaré este tiempo como aquel en que tuve la fortuna de compartir trabajo con muchos de los mejores y más involucrados maestros con los que se cruzó mi camino.

Maestros hasta los huesos que lloran la ausencia de un alumno el curso próximo. La suerte de un trabajo en el que todo el mundo hace horas extras a cambio de nada (material, se entiende) por auténtico amor a la profesión, a los niños.

Cuando duerma un poco me explico mejor.