jueves, 23 de marzo de 2006


Permítaseme hoy no comentar cosa alguna. Hoy sólo traigo a la memoria una poesía (G.A. Bécquer) que sonaba frecuentemente en las clases de otro de mis maestros ya fallecidos. Se contaba de él que tenía todo el dinero que era posible tener, y que se dedicaba a la enseñanza por puro placer. En todo caso, guardo con cariño su recuerdo.


Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz,
eso eres tú.

¡Tú, sombra aérea que cuantas veces
voy a tocarte te desvaneces
como la llama, como el sonido,
como la niebla, como un gemido
del lago azul!

En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento
del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,
eso soy yo.

¡Yo, que a tus ojos en mi agonía
los ojos vuelvo de noche y día;
yo, que incansable corro y demente
tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión!

miércoles, 22 de marzo de 2006

Desde principio de curso una idea me preocupa. Un compañero ya maestro nos avisaba: "ojo chicos: hay que trabajar mucho, que es muy duro, que acabas hecho polvo, que el lobo es fiero y feo, que ...". Y, hombre, que me sienta cada día más contento y más feliz en el trabajo me da que pensar. Igual soy un vago, y no hago mi trabajo como debiera. Igual debo hacer algo para sentirme un poco peor, más cansado. No sé, quizá trate de marchar a casa un poco más triste cada día.

Sigo pensando, y últimamente más, sobre qué es bueno enseñar. Sigo sin tener claro cuánto debo desviarme del programa formal en actividades más "innovadoras" (menos formales). No dejo de pensar que hay horas y horas empleadas en el único objetivo de hacer aprender algo y unos meses después ese algo se ha evaporado como un espíritu.

Sigo preguntándome qué queda después de esa evaporación para tratar de dirigirme directamente a ello, a lo importante, a lo que queda.

Luego también comprendo que aún dedicando el esfuerzo a un "algo" totalmente evaporable, siempre podrá haber efectos colaterales positivos: aprender hábitos de esfuerzo, de sacrificio, disciplina, etc. No puedo identificar ni a los malos de la película.

El no poder ver los resultados de la enseñanza hasta pasados unos años, y ni siquiera entonces porque podrán haber influido tantos factores que ya no se podrá establecer la causalidad exacta de cada uno, es algo que me fastidia enormemente, ya que no puedo contar con ese "lo has hecho bien" o "cuidado, lo has hecho mal". Y, claro, como esto es como es, tampoco cuento con un maestro veterano del que aprender cada día. Al menos siempre quedan unos cuantos con los que se puede contar para pedir un consejo. Gracias Mariano (otra vez).

domingo, 19 de marzo de 2006

DESPEDIDAS.

Jaime sigue obligándome a que titule mis artículos, así que, una vez más (y ya son muchas), espero complacerle.

Los últimos días hablando de mi triste concurso de traslados siempre he recordado que entre mis ya varias despedidas de grupos recuerdo con especial cariño y pena la correspondiente a los grupos de gerontogimnasia de Huesca.

Esos años fueron muy especiales por muchas razones: vida independiente, ciudad bonita y agradable, buenos años de estudio, descubrimientos, ajetreo, etc. Pero esos alumnos tienen la mayor parte de culpa. Fue mi primer trabajo estable en que trabajé con muchos y variados grupos. Recuerdo un comienzo muy complicado, con muchas dudas, cuestionado a veces. Pero después, la experiencia, el cariño, los problemas, ..., de todas esas personas hicieron ese milagro de convertir ese trabajo en algo que va bastante más lejos, y acaba implicándote de manera muy personal. Ya he dicho otras veces que es por lo que me gusta mi trabajo.

Como digo, la despedida fue un trance para mí. En ese momento, las clases ya eran un poco más que sesiones de gimnasia. Muchas veces recuerdo muchas anécdotas, personas, cuento anécdotas de esta época a mis alumnos actuales, y cuando tengo la suerte de poder pasear por Huesca confío en encontrarme con alguna de estas personas.

Hoy me ha escrito unas de estas alumnas, Pilar, como suele hacer cada cierto tiempo. Pilar fue maestra, y siempre me animaba con mis estudios y me decía que tuviera paciencia y esperanza. Como le he dicho, cada uno de sus mensajes es una gran alegría. Además, me manda recuerdos de las otras compañeras que aún continúan ejercitando el cuerpo. Y que, tras varios años (3), me sigan recordando es todo un honor.

Creo que hasta este momento, los alumnos me han enseñado a mí mucho más que yo a ellos. Es una deuda que siempre quedará pendiente.

viernes, 17 de marzo de 2006

Si mi profesor de filosofía hubiera podido mostrarme cosas como esta, unos cuantos vídeos y fotos...; simplemente un día en la gran ciudad. Entonces hubiese comprendido rápido qué narices quería decir Marx con lo de la alienación del hombre.

Hoy hemos hablado un poco en clase del botellón. Es bonito hablar con personas cuya corta edad aún les permite reparar en las cosas evidentes, y, por tanto, no entender el propósito de las masas adolescentes dispuestas a beber veneno hasta que su cuerpo se rinda.

Me he permitido unas parodias de los sesudos argumentos de los bebedores, y los alumnos, entre risas, coincidían en que no eran razones de excesivo peso. Muchos alumnos también saben que sus padres se manifestaban cuando eran jóvenes por razones sociales, de injusticia, de libertad, de ...; Y algo resulta extraño en estas nuevas quejas de los jóvenes: "pedimos derecho a acabar vomitando en las calles". Los tiempos cambian.

La verdad es que estas cosas se escapan a mi comprensión. No sé donde están las inquietudes de todos esos miles de chicos, ni sé donde están sus padres poniendo un poco de sentido común. Me parece una juventud malgastada.

Recuerdo mis años de estudiante universitario: los momentos en los que la clase realmente estuvo unida fueron aquellos en los que tuvieron que protestar porque en no sé qué fiesta les pretendían poner unas limitaciones a la hora de servir cerveza. Esos potenciales maestros estaban indignados: cómo iban a pedir 10 barriles menos!. Los derechos son los derechos.

El año pasado, mientras hacía una cosa con no demasiado sentido, escuche una conferencia de un dirigente político argentino en torno al dopaje. Fue un placer escuchar su oratoria y su lucidez. Una de las imágenes que consiguió grabar en mi cabeza fue la que se refería a que la explicación del dopaje había que buscarla en la sociedad general. Una sociedad moderna química, dijo. Sociedad en la que hay una pastilla para dormir, otra para despertar, otra para no comer, otra para comer, una para ...., otra para...

Pues supongo que esta juventud tan alcoholizada y drogada no es sino fruto de esa sociedad química. Aunque, al menos, esos futuros ingenieros entrevistados en el CPS de Zaragoza podían defender con un poco más de inteligencia su derecho a emborracharse, su derecho a dejar todo un barrio lleno de basura y mal olor, y su derecho a alterar la vida de las familias del barrio, cuyos hijos incluso debían tomar precauciones por si el alcohol traía algún efecto colateral poco deseable. Vivir en un pueblo vuelve a alejarme de estos problemas.

Conozco a varios abuelos que mañana madrugan, como los últimos 70 años, que gustosos se llevaban a alguno a trabajar a primera hora.

miércoles, 15 de marzo de 2006

No hay demasiado que contar.

Hoy ha sido el tercer día de esquí de marzo. Un esplendoroso día que reconcilia a cualquiera con la vida. Los niños lo han pasado muy bien, han aprendido muchas cosas y siguen incorporando a sus vidas algunos hábitos y pequeños placeres físicos que en el futuro les reportarán, probablemente, un poco más de calidad de vida, o, simplemente, de felicidad.

El Ayuntamiento de Ansó ya nos ha dejado disponible un cheque para que podamos seguir incorporando libros y materiales a nuestra Escuela. Así da gusto.

Y respecto a Educación Física, que un poco olvidada la tengo por aquí, hemos empezado con varios cursos una unidad de gimnasia rítmica. Cada día encuentro nuevas justificaciones para la asignatura que no supe vislumbrar años atrás. Es un auténtico placer haber pasado varios días jugando hasta bien tarde con niños que al salir de la Escuela seguían practicando algunos de los ejercicios practicados en clase.

Por cierto, Sergio ha acabado ya su libro. Libro con el que ha disfrutado y que seguramente, y espero, dará pie para que lea muchos otros.

lunes, 13 de marzo de 2006

Dos dudas me acompañan:

El domingo ayudé un poco a mi hermanillo a estudiar lengua. Le he explicado muchas veces que aunque no vea sentido a algunas asignaturas, o crea que no le serán de utilidad, de una manera u otra le ayudan: le permitirán crear esquemas de razonamiento aplicables a otras situaciones, le ayudarán a crear diferentes maneras de entender las cosas, darán pie a nuevas realidades que podrán abrirle miles de caminos, etc. Pero luego, tras leer el contenido de su control de lengua, me cuestiono si mis palabras tienen sentido o sería mejor que se olvidara de la lengua, marchara a jugar unas partidas al futbolín y luego leyera un buen libro. En el Florido Pénsil eran curiosísimas e increíbles esas retahílas de palabras que debían aprender los niños sin saber muy bien por qué ni para qué ("...los gallegos son listos, precavidos, ...; los vascos son nobles, tímidos, ..."). Pues eso mismo me recordaban los valores morales presentes en la Celestina (libro que probablemente ya no leerá nunca), o las mil y una reglas de formación del género y número en los sustantivos.

Y segunda: cenando una de esas cenas que sólo una madre puede improvisar en 5' a unas horas escandalosas, estaba pensando sobre el curso, el trabajo, etc. En esas andaba cuando caí en la cuenta de algo: creyéndome como me creo integrante de un oficio milenario, un trabajo relevante en las diversas sociedades, algo lo diferenciaba de otros actualmente. Pensaba en los antiguos oficios artesanos donde la figura del aprendiz se acompañaba inexorablemente de la figura de su maestro. Más fácil aún: en cualquier empresa, por cutre que sea, el novato tiene al lado alguien que le enseña, o, al menos, le pega un palo cuando hace mal el trabajo. De repente sentí la gran importancia de este hecho, que por ser tan común no me había despertado gran reflexión hasta ahora. Así de claro, los maestros somos tan buenos, nuestra formación inicial tan genial, nuestros medios tan soberbios, nuestra implicación tan ejemplar, y bla, bla, bla, que estoy haciendo toda esta parte inicial del camino sin un maestro con 40 años de experiencia a mi lado. Ya sé que hay prácticas y esas cosas, pero entonces no era maestro. En la gestión de la escuela creo que hay procesos y aplicaciones que sólo se dan en ésta y que, por lo ineficientes o carentes de sentido, no se dan en ningún otro orden de la vida.

jueves, 9 de marzo de 2006

Estas semanas también debo realizar algunas actividades para superar mi fase de prácticas. Al contrario que Jaime, yo no seré honrado con la visita de un inspector. Aquí son más confiados y creerán lo que les cuente en una memoria que pienso hacer este fin de semana en un par de horas. No creo que la tontería merezca más tiempo. Creo que el desastre ya empieza con el sistema de oposición, por lo que lo sucesivo no puede ser mucho mejor.

A veces comparo con la tendencia a la eficacia en la gestión que suele ser objetivo de toda empresa privada, y aquí hay muchas cosas que parece que van hacia lo contrario.

También sigo escandalizado de una especie de recortes y medidas de ahorro aplicadas a la escuela. Me acuerdo de un gran profesor que siempre nos citaba algunas ayudas y subvenciones públicas como las que recibe una empresa privada como el Real Zaragoza, y luego tenemos que ir con cuidado de apurar el material, no recibimos bien la señal inalámbrica porque un nuevo punto de emisión cuesta a la administración 60 euros, o para recibir una vieja impresora, porque la mía estaba rota, han tenido que pasar 6 meses. Mientras, en una mañana, el Coronel Tapioca se gasta en munición para... maniobras lo llaman, y para la comida de la cabra, más dinero del que yo puedo dedicar para comprar libros durante todo un curso. Prioridades.

En el mundo real, en la Escuela hoy hemos recibido la mesa de ping-pong. Comprada con equilibrismos en el presupuesto y con un pequeño atraco por la espalda al ayuntamiento (que nos permitirá comprar más libros). La mesa llega desde el baúl de José Antonio Ferrando, lo que significa mil y una facilidades y ayudas. Los niños la han recibido entre sorpresas, gritos, y saltos de alegría. La hemos montado entre unos 25 y hemos estado jugando hasta las 20:30, tras merendar varias tortas y rosquillas. Incluso alguno ya se ha llevado una pala y una raqueta para entrenar en la cocina. Ya me perdonarán las madres.

Por la mañana, intentando entender algo sobre las perspectivas y aprovechando el gran día, hemos bajado a dibujar al campo.