viernes, 3 de marzo de 2017

(RE)MIRANDO HACIA EL INTERIOR.


Recuerdo despertar a media noche sintiendo la necesidad de escribir alguna idea inmediatamente. Leo estos días lo escrito hace ya un puñado de años y me sorprende extraordinariamente la confianza y ligereza con la que escribía y valoraba cualquier tema, ya fuera sobre Naturaleza, sobre economía o sobre la sociedad. ¡Qué incauto y atrevido me observo desde el futuro! 

La escuela era mi tema preferido y sentía enormes ganas de reflexionar y escribir sobre ella. Hoy no siento ninguna gana de escribir sobre la Educación. Creo haber adquirido una sensación muy pesimista sobre mi oficio que disipa el interés para referirme a él. Es posible que cuando escribía con frecuencia mantuviera un sentimiento íntimo de confianza en la mejora de las circunstancias. Hoy esa confianza ha desaparecido en buena medida. O quizá es más probable que sean mis fuerzas las desaparecidas o que me haya convertido en un maestro de escaso valor que no posee capacidad alguna para transformar y mejorar la realidad circundante más cercana.

De los felices años pasados quizá quede solamente el sentimiento de perplejidad, de no entender casi nada y sentirme muy extraño rodeado de personas que parecen entender todo a la perfección. Hoy, en la escuela, miro a los alumnos mayores y me pregunto cómo será su vida adulta, cómo encontrarán un hueco para desarrollar una vida plena y satisfactoria. Es incierto ese camino, con tanto aviso y amenaza de cambio, de inestabilidad, con tanto ruido desde todas partes.

Cada día florecen gurús y expertos omniscientes, expertólogos decíamos cuando cenábamos juntos en la aceitosa calle María Moliner, que dan su receta acerca del camino de la verdad en la escuela: unos quitarían los exámenes, otros las asignaturas, algunos cambiarían los muebles, hay quienes relegarían al maestro a un papel de supervisor, quienes dejarían en manos de videojuegos o aplicaciones informáticas variadas buena parte de la Educación... decenas de opciones avaladas por el último pedagogo de moda nominado al mejor maestro del siglo. Sin embargo, en mi caso acumulo nuevas e intensas dudas cada curso superado.

Lectura y escritura reposadas. Leí a Juan José Millás hace unos cuantos años señalar a la lectura como una de las actividades más transgresoras y subversivas posibles. Creo que la idea adquiere mayor sentido cada segundo que pasa. Vamos a ello.

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