lunes, 21 de noviembre de 2005

Los asuntos tratados en los artículos anteriores me hacen recordar, más todavía, una especie de dilema, que no es tal, iniciado hace tres años durante una campaña de Semana Blanca en Villanúa.

Allí acudí como acompañante de los niños del Doctor Azúa de Zaragoza (por aquel entonces era monitor de comedor; una suerte de trabajo, lo aseguro). Esa semana coincidimos con muchos otros colegios y centros de secundaria, y compartíamos albergue con muchos de ellos. Por eso, conocí a muchos maestros y profesores de otros centros.

Ascensión era una señora que daba Educación Física en un instituto de Zaragoza. Una de las ideas que defendía se refería a que trataba de delimitar con rectitud la diferencia entre ser profesora y ser amiga. Ella era profesora y no amiga de los alumnos. Es decir, en resumen, su comportamiento en las clases era consecuencia única del lazo profesional que se establece con los alumnos por ser elementos necesarios del proceso, del trabajo, totalmente alejado de cuestiones sentimentales, amistosas, etc.

Por otra parte, mi trabajo con niños hasta ahora está siendo todo lo contrario. Desde la época como monitor de comedor, hasta ahora como maestro, pasando por cualquiera de los 32 trabajos anteriores, mi relación con los comensales, alumnos, deportistas, ..., siempre ha sido satisfactoria mucho más allá de lo puramente profesional: me han contado problemas personales, ilusiones, alegrías, enfados, anécdotas, y yo también les he contado a ellos. De hecho, aún intercambio correos con algunos de ellos (niños de 11 años, que me envían acertijos, y otros que rondan los 70), y creo que en cosas como ésta, o como las (tan bonitas) que cuenta Mariano Coronas, se encuentra aquello que puede hacer tan especial el oficio de maestro. Eso pienso de momento.

Una idea similar intenté defender en la última prueba de las oposiciones. Ahora comprendo que en ese momento es muy importante (quizá lo único importante) explicar bien qué entiendes por Escuela y Educación. En su momento, puesto que yo aún no lo veía, un benefactor lo vio por mí y me ayudó para que pudiera expresarlo.

De todos modos, no dejó de considerar que las escuelas son muy distintas entre sí, muy distintas de los institutos, muy distintos los alumnos, …, y gran parte de la relación que se establece con los alumnos viene determinada por algunas de estas cuestiones (quizá Ascensión no tuviera otras opciones). Creo que ahora mismo mis condiciones son idílicas (zona rural, tutor, problemas inexistentes en el alumnado, …) para aspirar a tener una gran relación con mis alumnos. Y en ello estoy.

martes, 15 de noviembre de 2005

Las aguas van retornando a su cauce tras la tormenta vivida en forma de concurso de traslados. (Para los que tengan interés y no lo conozcan: una vez aprobada la oposición, en Aragón te envían el primer año a tu destino provisional de prácticas, que suele ser un destino bastante acorde con tus intereses. Durante el comienzo de curso de ese primer año, debes ordenar un listado infinito de centros, y según las vacantes dejadas por maestros más antiguos y con más puntos, te asignan tu destino definitivo, donde podrías, si quisieras, permanecer toda tu vida laboral). Uno no se da cuenta de lo grande que es Aragón, y de la cantidad de pueblos conocidos y desconocidos que incluye hasta que no hace un concurso de este tipo.
El domingo me sentí auténticamente mareado de pensar las vidas tan distintas que me podrían deparar cada uno de los posibles destinos: niños, entorno, padres, distancias, felicidad...
Por otra parte hoy he tenido la primera reunión del curso con una madre de unos alumnos. La señora es una persona muy educada y amable, pero sigo sintiendo gran incertidumbre en situaciones de este tipo. Se puede decir que no me gustan nada. Ya he vivido algunas situaciones difíciles de manejar donde algunos padres pierden el control y la educación, y realmente es algo muy desagradable. Muchas de estas veces creo que un problema es que padres y profesores hablan de una realidad que perciben de un modo totalmente diferente.
Otras veces, conocer cierta preocupación y algunas dudas de las familias ayuda a espabilar y darte cuenta que la profesionalidad debe ser máxima porque lo que estás haciendo es muy importante.
Por último, algunos ya lo saben: hace poco tuve la ocasión de escuchar a mi abuelo contar algunas cosas sobre su infancia. Puedo resumirlo en que con 9 años tuvo que salir pitando de su casa, Villarroya de los Pinares (Teruel), con su familia y con lo puesto mientras caían balas a escasos metros. Unos cuantos años de estar medio escondido, otros cuantos años de volver y seguir medio escondido, un padre en la cárcel, una madre marcada y objeto de burla, un poco de hambre. Y la escuela: contaba aún con resignación cómo en los años de la posguerra, el poco tiempo que tuvo para ir al colegio podía permanecer horas en la clase sin que la maestra se dirigiese a él para nada, ni corregir, ni ayudar, nada. Es decir, entrar, sentarse, esperar, levantarse, salir.
Siento vértigo al pensar en la cercanía de estos relatos. Siento gran tristeza al darme cuenta que estas historias se van perdiendo poco a poco, con la repetida sensación de que no hacemos todo lo que podemos por escucharlas y aprender de ellas, honrando así, al menos, la memoria del que las cuenta.

jueves, 10 de noviembre de 2005

Ya llegan los problemas.
Han estado agazapados, esperando hasta ser suficientemente grandes como para asaltarme y hacerme temblar de miedo, y de dudas...
El problema se llama concurso de traslados. Siempre he pensado que una vez que apruebas deberías pasar una segunda oposición que confirmase tus dotes para rellenar papeles de este tipo. Siempre intento dejarlo para última hora, con el ánimo irracional de que el tiempo hará que, por alguna extraña razón, no deba rellenarlos. De hecho, estoy escribiendo ahora, antes de mi hora habitual, en ese intento de posponer el solemne acto.
Pero el problema auténtico se encuentra en que tengo, por una parte, una maravillosa novia terriblemente arraigada en la maldita Zaragoza y, por otra parte, una gran ilusión en poder seguir, y acabar, mis días en un lugar como el que me encuentro: Ansó, donde tengo casi todo lo que necesito para ser feliz.
En lo referente al trabajo, que es lo propio del blog, y aunque tengo corta experiencia, creo que tiene poco que ver con el de la ciudad. Aquí los niños son 30 ó 500 veces más felices que los de la ciudad, más sanos, más alegres. El trato con ellos es de momento magnífico, familiar. Los compañeros de trabajo, en muchos casos, comparten ilusiones, inquietudes.
El año pasado me cansé de ver niños y adolescentes que caminaban (es un decir, porque iban siempre en autobús, o coche) tristes a la escuela, entre ruidos, tráfico, y que, al acabar, se dirigían a sus casas de igual modo, sin relación con los compañeros, sin posibilidad del juego propio de su edad. Aquí casi todo es diferente.
Cuando vuelvan a leer esto, a saber dónde estará mi futuro. Y mi felicidad...

lunes, 7 de noviembre de 2005

"Manda mucha tarea, es el profesor, nos repite todo 200 veces, si hacemos algo tarde nos castiga, todo lo pone en la pizarra, está enamorado de un perro que se llama Tina, siempre tiene que estar todo en silencio, es muy chistoso, con todas sus quejas se podría escribir un diccionario y no nos cuenta nada de su vida privada".
No es Shrek el Ogro, es la descripción del maestro que esto escribe realizada por uno de sus brillantes alumnos, con el enigmático pseudónimo D.I.S. Qué majo es Diego.
Todo sigue discurriendo apaciblemente. Sigo pensando que me va a faltar tiempo para hacer todas las cosas que este trabajo y este pueblo me ofrecen (los que me visitan saben de lo que hablo).
Entre los problemas: en la oposición, y en estos últimos años, una de las cosas más oídas y defendidas se refiere al establecimiento y consolidación de hábitos (de trabajo, esfuerzo, higiene, etc.) por parte de los alumnos. Siempre he estado de acuerdo con ello. Lo que está ocurriendo es que al que está resultando difícil establecer sus propios hábitos en las clases es a mí.
O es la falta de experiencia o es que soy un profesor caótico, pero me doy cuenta que hay muchas ocasiones en que mi propio comportamiento es el que despista, o altera el buen funcionamiento del grupo. Creo que debo esforzarme en respetar más algunas pautas del horario, orden de asignaturas, etc. Pienso que a veces simplemente ocurre que tengo ganas de hacer tantas cosas que no respeto el ritmo natural de los niños.
Vuelvo a acabar con agradecimientos: desde el principio del blog hablo de lo afortunado que me siento. En cuanto a las ayudas recibidas en los últimos meses no lo soy menos. Hay ocasiones en los que ciertas ayudas desinteresadas tienen un precio incalculable, y siempre estaremos en deuda con ellos: José Antonio Ferrando, Julio Latorre, Charo Romero, José Luis Bernal, Víctor Juan.

jueves, 3 de noviembre de 2005

Hoy el cansancio es muy grande, lo que suele equivaler en mi caso a ideas poco lúcidas.
Esta tarde he experimentado una extraña sensación de no saber si actuaba bien o no. En una reunión del claustro ha surgido una fuerte polémica sobre la religión y su alternativa. En concreto la discusión giraba en torno al agravio comparativo entre los niños que estudiaban religión y los que estudiaban la alternativa a la religión, dado que estos últimos utilizaban cosas tan diabólicas y malignas como ordenadores, que los niños de religión no utilizaban. Yo creo que el problema queda zanjado desde el momento que los niños en religión pueden usar tantos recursos, o más, y tan motivantes, o más, como en cualquier otra asignatura, y en esa línea me he manifestado con quizá excesiva claridad. Sólo es cuestión de que el profesor lo estime oportuno.
Pero, aparte de lo anterior, la discusión ha dejado entrever muchas ideas implícitas que los profesores iban aportando sobre el asunto religioso: los que creen en ello y están a favor de su inclusión curricular, los que creen pero no piden su inclusión, los que ni creen ni quieren. Y más aún: la asignatura alternativa: los que creen que no tiene sentido tal cual está, los que opinan que el currículo la delimita con extrema ambigüedad, los que la contemplan como una desventaja para los que estudian religión, los que la creen como un momento para el trabajo exclusivo de educación en valores, etc.
En toda está polémica evidentemente se postulan profesores, se mezclan padres, aparecen niños.
Yo tengo muy claras mis ideas sobre esto, pero en todo caso me crea dudas que haya un claustro con unas opiniones tan variopintas. Hace tiempo que los grupos me dan miedo como instrumento de trabajo (porque hubo un tiempo donde trabajar en grupo fue sinónimo de perder muchísimo tiempo) y hoy he acabado con la sensación de que algunos problemas de la escuela no tienen fácil solución porque tienen que ver con la ideología personal de cada uno.
Esto acaba de recordarme una de esas extrañas ideas de las, a veces, hablaba con mi hermano catalán, en ese intento frecuente de resolver los problemas de la enseñanza en 5', desde la ignorancia y la ilusión: pensábamos que para ser maestro se debería hacer un examen con el que comprobar la buena voluntad, los buenos sentimientos, del aspirante.

miércoles, 26 de octubre de 2005

Sigo siendo un privilegiado. Cada vez más.
Hoy han venido a la escuela Andrés y su hermana, es decir, los gestores del Centro de Interpretación de la Prehistoria de Hecho. Han explicado a los alumnos algunas cosas sobre las distintas etapas prehistóricas y la evolución del hombre. Después los más pequeños han hecho unas bonitas pinturas prehistóricas y los medianos y mayores hemos intentado cazar un ciervo de papel con "azagaya y propulsor" (pueden pasar un buen día con alguna de las actividades culturales que se ofrecen en este centro).
De nuevo ha surgido la problemática de la creación de un parque natural en este valle, del rechazo de sus habitantes. De nuevo surge ese sentimiento de desamparo de las gentes de estas tierras ante la voluntad de la capital del reino: Zaragoza. Tanto cuando no se acuerdan de ellos (casi siempre), como cuando se acuerdan y actúan con total desconsideración (al menos, así lo sienten) hacia los mismos.
Cada momento me siento más ensimismado de comprobar como participan los alumnos en aquellas actividades que consiguen "engancharles", y día a día disfruto más con la tutoría. La relación establecida con los alumnos, situaciones, anécdotas, la posibilidad de ayudarles en tantos ámbitos, ..., hacen de ella algo que no podría conseguir desde únicamente mi parcela de Educación Física.
Además, también he vuelto a confirmar mi pasión frustrada por la biología. Estaría días enteros escuchando a las personas que conocen la naturaleza y son capaces de interpretar todos sus gestos, sus detalles. Por cierto, me he propuesto realizar un modesto herbario en el que trataré de involucrar a los alumnos.
Hoy para acabar, un agradecimiento: cuando uno está empezando una trayectoria, tiene dudas, ilusiones, proyectos, ..., no se puede agradecer suficientemente que un maestro consolidado, con mucho trabajo, y que no me conoce de nada, tras abordarle digitalmente sin mucho que ofrecerle, me brinde su teléfono, su experiencia, y algunas cosas más de las que hablaremos otro día. Espero poder aprender mucho de personas como él. Gracias Mariano.
Mañana creo que contaremos con el bautizo digital de Jaime, nuestro hermano en el exilio.

lunes, 24 de octubre de 2005

Aunque tengo serias dudas de si merece la pena viajar dos horas para mantener una reunión de poco más de una hora, estoy contento porque al fin he conocido a Alfredo Larraz, una persona de referencia para los que estamos intentando comprender el qué y el por qué de la Educación Física. Casi todas las personas que me han aconsejado me han repetido alguna vez que hay que hacer esfuerzos por escuchar, ayudar, estar cerca, ..., de las personas de las que se puede aprender.
La semana pasada comenté a un compañero que me encuentro un poco desbordado por tantas cosas nuevas que me he encontrado al comenzar el curso: trabajo, alumnos, padres, reuniones, compañeros, pueblo, etc. Además, hay una cosa que no sé con demasiada certeza si debo pensarla o no, y es que me parece que sería un poco más rentable desde el punto de vista educativo que sustituyeran algunas reuniones, jornadas de formación, cursos, etc., por un algo de tiempo personal para preparar mis clases y organizar mi trabajo. Entiéndase esto con cuidado, porque supongo que todo tiene su sentido y su momento, pero en mi situación de recién llegado tengo tantos cabos por atar que agradecería poder centrarme más tiempo en las cosas más importantes: las clases.
Y, por otra parte, llevo varios días (sí, realmente años, pero en los últimos días más aún) pensando en el sentido de la Educación Física. Veo a los alumnos en clase y me planteo qué es lo realmente importante para ellos, para su formación. Pienso en el nuevo currículo, que no acabo de encajar en todo este tinglado, en el antiguo currículo, que tampoco conseguí identificar como totalmente coherente. No comprendo aún cuál es la auténtica dimensión de la asignatura, y esto me parece muy preocupante siendo que soy, en mi centro, el principal encargado de defenderla y transmitirla. Espero que el curso me sirva para solucionar este asunto.
Las clases hoy han discurrido no muy bien. También ando en ese punto de dudas en el que no conozco con claridad hasta donde se les puede exigir responsabilidad a estos mozos y hasta donde debo transigir. O hasta donde dar confianza y después tener la autoridad suficiente como para transmitir algunas cosas.
Una confesión para acabar: me cuentan y aseguran que suelo ser demasiado crítico y negativo, aunque no acabo de estar de acuerdo. Trataré de que el martes sea un gran día.