miércoles, 8 de febrero de 2012

LA REBELDÍA EN LA ESCUELA. EL MAESTRO LOMBRIZ.

Un poco de fresco para el ánimo

Seguramente guardo de mi formación universitaria más aspectos negativos que positivos. Estoy convencido que los mayores problemas de nuestro gremio comienzan en ese punto: con una baja exigencia y pocos profesores convencidos de la importancia de los futuros maestros.

Los aspectos positivos se manifiestan de vez en cuando en forma de recuerdo o se inmiscuyen en medio de alguna reflexión. Es el caso de las clases con José Luis Bernal, un profesor que fomentó nuestro pensamiento y sentido crítico. Simplemente, si querías aprender, daba gusto estar con él. Recuerdo que en una de sus clases se hablaba de los distintos papeles que la sociedad asignaba a la escuela. Recuerdo una función basada en la conservación de la ideología y de los poderes socioeconómicos, donde la escuela era una herramienta (poderosa) más del sistema. Y recuerdo también, frente a la anterior, una concepción de la escuela como motor del cambio social, una escuela que ansiaba mejoras, que luchaba contra las injusticias y que trataba de formar alumnos que buscaran igualmente una sociedad mejor. ¿Qué escuela queremos los docentes? ¿qué escuela demostramos querer a través de nuestro comportamiento como gremio?

En muchos momentos de encuentro con otros compañeros de profesión acabo profundamente frustrado, triste, enfadado. Me siento solo en muchas reivindicaciones, que no son respondidas con argumentos, sino con los cada vez más frecuentes “nos lo mandan así”, “hay que hacerlo y punto”, “es una orden de arriba”. Seguramente estaré equivocado en muchas de mis ideas, y seguro que muchas veces no sabré defenderlas con la calma y la pausa necesarias, pero la respuesta en forma de actitud de conformismo e inacción de duele en el alma. Creo que vendemos humo hablando de alumnos libres, autónomos, etc., cuando este anhelo debería partir de nuestro compromiso convencido con los ideales que lo propician: rebeldía, duda constante, reflexión. En las reuniones de maestros no aparecen estos valores. Reina una mansedumbre absoluta hacia lo que venga, tenga o no sentido.

Como decía ayer, algunos libros y películas me condicionan profundamente. Paco Martínez Soria fue el modelo televisivo de baturro aragonés, con sus virtudes y defectos. Muchas veces me he identificado con el sentimiento de la escena en la que atraviesa Madrid recién llegado del pueblo, con sus gallinas en el capazo y sin saber dónde estaba su sitio en ese caos urbano. Y muchas veces también me veo en esa escena del banco en la que discuten por una peseta. Pienso que no discutía por racanería. El dinero era suyo, y por tanto manifestaba enérgicamente su protesta de igual modo que si se tratara de cinco mil duros. Constantemente nos van imponiendo a los maestros lastres y condicionantes que son esa misma peseta. Quizá el perjuicio no sea excesivo en muchos casos, sólo una mísera peseta, pero si no es justo o correcto, ¿por qué no luchar por cambiarlo? No es excentricidad ni rebeldía sin causa, son principios.

Ahora soy una lombriz que se retuerce intentando encontrar tierra húmeda donde comer y cagar tranquila unos cuantos días. Me encantaría pertenecer a un gremio rebelde, enérgico, reflexivo, crítico, activo, inconformista.

4 comentarios:

amparito dijo...

la lombriz es uno de los seres vivos más importantes (y abundantes) de la tierra.
Sin ellas el suelo poco serviría...
Asistí a un curso hará un par de años sobre la conservación de la biodiversidad en la que yo era la alumna más vieja. El curso fue bien hasta el último día que nos dieron la voz para, por grupos, buscar "remedios" contra el cambio climático.
Mi decepción fue absoluta al verme rodeada de jovenes brillates universitario, futuros APNs, Ornitólogos o biólogos...que solo planteaban que no se podía hacer nada. Que las cosas eran así. Yo, la más vieja y se supondría la más acomodada, era la única que planteaba rebeldía ante la destrucción de nuestra casa, planeta tierra.
Es una decepción que aun me dura. Pero siempre habrá rebeldes. Pero no nos engañemos, los menos.
Felices futuras rebeldías

Joselu dijo...

José Luis, yo he vivido tiempos en la docencia de inquietudes, de rebeldía, de potentes emociones en pos de un mundo más justo. Así eran los maestros hace treinta años, y los institutos públicos eran herramientas de cambio social y mental. Cuando lo pienso me conmuevo, considerando lo que somos ahora en conjunto. Un grupo profesional adocenado, sumiso, sin orgullo, sin ilusiones de ningún tipo de cambio. Nos han quebrado o nos hemos quebrado. Yo soy consciente del momento en que dejé de ser rebelde para convertirme en uno más, como todos. Recuerdo el instante en que me quebré tras una intensa lucha idealista en que me vi totalmente solo. Y ni siquiera apoyado por mis alumnos, que son también sumisos sociales (aunque sean contestatarios y respondones). Me dije "Malos tiempos para la lírica". De eso hace diez años y la situación no ha hecho sino empeorar. No hay ideales colectivos de ningún tipo, solo un intento de sobrevivir frente a lo que nos viene encima (que no es poco). Yo pensé que el movimiento del 15-M supondría una vuelta a la rebeldía de otras épocas, que calaría entre los actores del hecho educativo (alumnos, profesores) pero hoy se ve como un proceso extinguido. Ojalá me equivoque. La escuela pública está tan sola, tan desprestigiada, tan cuestionada a todos los niveles, que los profesionales que estamos detrás no osamos ya elevar la voz. Aplaudo a los compañeros de Madrid que han intentado luchar, pero los han aplastado, los han insultado, los han humillado... La derecha gobierna, pero no solo es un hecho político, es también social, mental, ideológico, existencial... Estamos desarmados. La sociedad ha girado y tenemos además mucho miedo a perder lo que nos queda. Ese es el panorama que tú tan bien describes.

Kikiricabra dijo...

Amparito, creo que la rebeldía no está reñida con el pesimismo vital y profundo. La rebeldía, aún carente de esperanza, creo que tiene su verdadera fuerza en el compromiso personal, al margen de los efectos. Creo que la edad tampoco influye demasiado. Los más jóvenes han tenido más comodidades que han alimentado el conformismo general. Nuestros grandes referentes por el cambio y la mejora suelen ser personas bien mayores. Décadas de rebeldía.

Joselu, no me digas que eres consciente del momento en que te convertiste en uno más; tus palabras no expresan conformismo nunca. Creo que la esperanza está, y siempre estará, en uno mismo. Rendimos cuentas ante nosotros mismos, lo demás no importa apenas. Siempre tenemos la opción de elegir cómo queremos ser, qué actitud mostrar. Estar satisfecho cada noche puede ser un buen premio.

Un gran saludo para ambos.

Cristina dijo...

Yo siempre he pensado que la sociedad española es profundamente insolidaria como muestra el hecho de que la corrupción campe a sus anchas por el suelo patrio: desde el último peón hasta el (yerno del) rey, todos miran por ellos mismos y sus intereses. Ser rebelde supone un compromiso que pocos están dispuestos a asumir porque sale muy caro. En el día a día son muchísimo más rentables las acciones de baja intensidad (hablo con este, me hago amigo del otro…) que una batalla cuyos mayores beneficiarios serían los más débiles. Y bueno, lo de fomentar el sentido crítico en la escuela es algo que jamás ha trascendido del papel, allá entre los ítems dedicados a la creatividad y a la formación humana. Como la caridad cristiana: es de buen tono moral encarecerla a todas horas pero practicarla, ¡ay!, no es necesario.

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