domingo, 15 de enero de 2012

UN PAPEL, DOS PAPELES, TRES PAPELES, CUATRO PAPELES, CINCO PAPELES, SEIS PAPELES, SIETE PAPELES, OCHO PAPELES.

Cuando menos, curioso artículo sobre la educación y lo de cuando las barbas del vecino veas pelar. De allí rescato una frase del catedrático en sociología Fernández Enguita: “El mundo de la educación tiene una característica notable: hables de lo que hables, alguien saldrá afirmando que ‘ese no es el verdadero problema’, lo cual se revela como una táctica muy eficaz para no resolver jamás ninguno”.

Una vez superados algunos problemas que dolían intensamente, los claustros se han convertido en situaciones casi divertidas. Ojalá sucedieran con mayor frecuencia. No digo que cada día, pero comprenderán que se hace duro esperar dos o tres semanas.

Un claustro es un lugar de ocurrencias. Ocurrencias de unos y de otros. De maestros, de familias, de inspectores, o incluso de uno que pasaba por allí. Y por eso son tan divertidos, porque su capacidad de sorpresa es tan amplía como uno pueda imaginarse.

Un claustro nos muestra que nuestro oficio se aleja siempre que puede del aburrimiento que marcan los procesos rigurosos y meditados. Para los que amamos la improvisación constituye un deleite gozoso para los sentidos.

Una parte muy divertida de los claustros consiste en que te muestra el rocambolesco afán de no sé quién por documentar y oficializar cada acto que se da en la escuela, por lo que aquellos que no tenemos ninguna intención de rellenar con seriedad mil millones de papeles que son pura majadería sentimos un nuevo placer al acercarnos a este sugerente límite de lo ilegal. Ya sé que no es como robar o ser banquero, pero para nuestra moral católica dichos pecadillos ya significan un pequeño recreo. Ahora mismo acumulo veinte o treinta documentos que debería haber aplicado y o rellenado hace ya meses en algunos casos. Me refugio en la propia estupidez de la burocracia, que de pedir tantas tonterías pierde la capacidad de revisar si tales tonterías son entregadas o no.

El afán de papelizar del que les hablo puede estar en el más pequeño detalle. Una hoja para rellenar las faltas de asistencia de los alumnos, por ejemplo. Basta con complicarla con distintos códigos de color y pautas diversas, para finalmente incluir un dato en los boletines de notas de los niños que no sirve para nada.

Les digo con sinceridad que dentro de no mucho tendremos que justificar por escrito el acto de orinar en la escuela. Habrá que realizar un proyecto para cada meada con sus objetivos (no por obvios habrán de omitirse), su metodología, criterios de evaluación y propuestas de mejora para la siguiente ocasión. Me parece que llegado a este nivel de irrealidad, la mejor opción pasa por que instalen videocámaras en las clases. De ese modo se documentará cada moco que cada niño hurgue en nariz propia o ajena, se controlará el mínimo movimiento del maestro y, de paso, nos ahorrarán una buena cantidad de tinta y de tiempo. No conozco a ningún gremio en el que exista semejante exigencia de papeles para acometer cualquier acto, cualquier decisión. Esto es muy preocupante, pues las posibles hipótesis que lo explican son terribles en todos los casos: a) la escasa formación de los maestros hace necesario semejante control; b) existe tan escasa confianza en nuestro trabajo que nos exigen explicitar cada uno de nuestros actos; c) nos dirigimos hacia un modelo de escuela industrial, donde hay unos procesos estandarizados, unos certificados de calidad que alcanzar (imagino que ya existirán escuelas con sus ISOS correspondientes), por lo que todo está lleno de indicadores y criterios que revisan el cumplimiento y la optimización del sistema. Esta última posibilidad apunta a una deshumanización de lo que ocurre dentro de la escuela, hecho que, por otra parte, ya está ocurriendo (basta pensar en la pérdida de peso de áreas como literatura o filosofía en los planes de estudio).

Pero… ¿repercuten de algún modo esos papeles en lo que finalmente aportamos a los niños? ¿no está la verdadera calidad de la educación en la formación de los maestros? ¿conocen a algún maestro excelente que lo sea por su arte en rellenar a la perfección la ingente cantidad de papeles exigidos?

Que tengan buen día.

6 comentarios:

Cristina dijo...

Llego a tu blog desde "Profesor en la secundaria". Me encanta el sentido del humor con el que te expresas. Reír por no llorar. Yo estoy en tercero de Magisterio y haciendo balance de la carrera, la triste realidad es que se nos ha enseñado básicamente a rellenar los papeles esos de los que hablas. Por lo visto los conocimientos que se supone que tenemos que trasmitir no son importantes. Además de las razones que das para que hayamos llegado a esta situación (todas terribles, cierto) yo veo una cuarta que tiene que ver con la falta de profesionalidad de los pedagogos que pueblan las facultades de educación de España. Creo que cierto complejo de inferioridad les ha llevado a creer que la pedagogía es una ciencia (no pasa nada por que no lo sea - la filosofía y el derecho tampoco son ciencias y son disciplinas serias y utilísimas) lo que les ha llevado a su vez a tratar de aplicar los métodos de las ciencias experimentales a este campo. Como la empresa es del todo imposible, porque se trata de una disciplina con características totalmente diferentes, el resultado es el compendio de disparates por todos conocidos. Así, si la conclusión de un articulo de "investigación" en pedagogía resulta ser que hay que llamar "segmento de ocio" al recreo y clasificar las modalidades de juego de los niños en el patio en relación con la competencia de "aprender a aprender", pues hala, todos los maestros de España a hacerlo. En resumen, que es posible que la burocracia exista simplemente para justificar las plazas de los investigadores de las facultades de educación. Es una teoría.

Kikiricabra dijo...

Hola, Cristina. Vienes de buen lugar y me encanta recibirte.

Tu comentario me parece muy interesante.

Yo soy un poco bruto y veo buena parte de la solución muy fácil. En lo que atañe a los maestros, a primaria, generar una carrera tan larga y difícil como la que más. Parece obvio que la formación del maestro es la clave. Así pues, ahí el esfuerzo principal. Con asignaturas de ciencias, de humanidades, ..., pero de verdad, donde se aprenda con profundidad y rigor. Cosa que ahora no ocurre ni remotamente. Muchas veces el maestro apenas sabe lo que imparte, y eso es un desastre. Para transmitir pasión, amor por el conocimiento, enseñanzas valiosas, ..., hace falta una gran formación, aunque luego en la clase sólo aflore o sea necesario un porcentaje. Dice JL Sampedro que aunque en su novela un personaje apenas haga una pequeña aparición, él debe tener absolutamente clara toda la vida de ese personaje, pues es lo que otorga credibilidad y fuerza al mismo, aunque apenas aparezca. Creo que en la escuela, hace falta lo mismo respecto a la formación de los maestros. Y nuestra formación inicial apenas llega para arañar la superficie. Una formación dura también eliminaría a buena parte de los que no quieren realmente ser maestros.

Y respecto a los profesores universitarios, todos podríamos dar ejemplos vergonzantes que no creo se den en casi ninguna otra facultad. La falta de exigencia acaba impregnando todo el entramado. Por ahí también tienen un buen tajo si realmente, que lo dudo, quieren mejorar lo que realmente aportamos a los niños en la escuela. El complejo de inferioridad que nombras es autoimpuesto, me temo, a partir de una escasa exigencia. Me cansaba de explicar a mis amigos de otras carreras que aunque me exigieran poco, yo podía esforzarme las 24h del día, igual que ellos en sus ingenierías o similares. Aunque está claro que si la exigencia mínima es mayor siempre se avanza un poco más.

Si realmente existe lo del "segmento de ocio" es para cagarse en medio del mismo.

Respecto al encasillamiento de la pedagogía en un sitio o en otro y su consecuente tratamiento y desarrollo, el artículo que cito aporta una muy interesante perspectiva sobre el intento de cuantificar los resultados en educación y cómo este hecho es muy difícil o imposible porque la calidad en esta profesión encierra algo, como el oficio médico u otras que nombra también y no recuerdo, imposible de cuantificar.

Ánimo en tu formación. Tu esfuerzo y honestidad puede salvar muchos obstáculos.

amparito dijo...

Yo no conozco ningún profesor que presuma de rellenador de papeles
Pero si que coincide que, mis mejores maestros y maestras, le tenían tanta o más manía que tú.
Yo tengo otra hipótesis peor todavía: mientras rellenais esa montaña de informes os cansais para la verdadera tarea de enseñar... así los niños salen menos formados (más manejables) es una de esas teórías cospirativas que nunca quieres creer pero que resulta que alguien no solo a pensado si no puesto las herramientas para llevarla a cabo como la teoría del miedo...
Besos y feliz no rellenado de informes,
Pili Amparo
Pd.-vamos cuando quieras, o cuando empiezen a salir flores...

Kikiricabra dijo...

Hola, Amparito.

No sé. Hoy tengo más dudas que de costumbre, y eso es mucho. Igual está bien hacer papeles. Todo es tan sencillo o tan complicado como queramos hacerlo.

Un saludo y gracias por tu aportación (como te dije, si acudís por aquí con antelación podríamos conocernos y programar el día; en caso contrario, ya hablaremos cuando se acerque la primavera; si llueve, porque igual ni viene este año)

Joselu dijo...

Esas programaciones que utilizan lenguajes tan técnicos y ampulosos como si expresaran realmente algo tienen como objetivo objetivar el proceso de enseñanza de modo que se pueda modificar con arreglo a procesos productivos propios del mundo de la empresa. Si definimos objetivamente un proceso, podemos incidir en los factores que lo conforman, de modo que sería posible un aumento de la producción o una mejora de los resultados. Son paradójicas las preguntas que nos hacen los expertos en educación que nos plantean múltiples ítems tales como lo siguiente. Está en catalán pero es fácilmente comprensible:

2. Els nostres pensaments ens condicionen les emocions a partir dels quals actuem d’una manera o d’una altra. La coherència entre pensament, emoció i acció és fonamental per al benestar individual i col·lectiu. *

Hay que decir si se está en desacuerdo o de acuerdo en una tabla de uno a cuatro. Uno es totalmente en desacuerdo y cuatro es totalmente de acuerdo.

Es un proyecto para mejorar la convivencia en el centro. Este ítems y otros veinticuatro más ha exigido una reunión y debates en el seminario de lenguas, de igual modo que yo lo realicé individualmente, no dejando de decir que me parecía una majadería. Supongo que lo único que se puede contestar a una pregunta tan majadera o genial como esa es que se está totalmente de acuerdo. Así eran todas las preguntas, de salida única, porque solo una parece tener sentido. No sé si es una forma de difundir una ideología, una especie de adoctrinamiento, o qué diablos es, porque nadie podrá sacar realmente una consecuencia de aquello. Así son los expertos en educación que ahora están en el núcleo decisorio de las cosas en el mundo escolar.

Kikiricabra dijo...

Hola, Joselu. Gracias por tu participación.

Un ejemplo entre cientos. Muchos sentimos que nos movemos al ritmo de la última ocurrencia de los técnicos en la materia. No hay realmente un respaldo teórico riguroso y meditado detrás. Quizá, en el mejor de los casos, una tesis doctoral de un asunto tan tremendamente rebuscado que dista mucho de la realidad.

No sé si será ósmosis o qué proceso químico, pero con maestros implicados y con buena formación los niños obtendrían una buena enseñanza. Si invierten en este proceso recogerán mejores resultados que con listas de control, criterios infinitos e ítems extraños.

Un abrazo, compañero.

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