lunes, 7 de marzo de 2011

UNA IMAGEN DE UNOS QUINCE SEGUNDOS.

La vida está sucediendo justo enfrente.

Desde que tengo interés por la fotografía, ocurre que capto algunos fragmentos de la realidad como si fueran representaciones casi congeladas. Veo el encuadre, los elementos que la componen, la luz, etc. Supongo que esto le ocurre a cualquier aficionado. Por esta razón en el blog a menudo describo situaciones, escolares principalmente, que responden a este modo de percibir el entorno. En algunos casos, por distintas razones, se combinan los elementos que tengo delante de los ojos de una forma especial creando una efímera imagen de una belleza especial. Difícilmente puedo intentar captarla con una cámara, si estoy trabajando, por lo que centro el esfuerzo en tratar de retener cada detalle para conservarla en la memoria un tiempo. Allí hará su efecto y poco a poco se irá desvaneciendo hasta pasar a engrosar la lista de lo olvidado.

Hoy tan sólo quería compartir una de estas imagenes que pude captar el miércoles pasado. No se parece en nada a otra de hace cinco años pero, curiosamente, ambas provocan una sensación sorprendentemente similar. Esto pude observar: estoy de pie al lado de mi mesa (la clase se estira hacia los lados formando un espacioso rectángulo); frente a mí los pupitres en forma de semicírculo y, más atrás, tres grandes ventanales que dan hacia el este; en uno de ellos, sobre medio coco que pende del enrejado exterior, come gusanos y semillas un carbonero; a la derecha, en el rincón más alejado, los diez niños se apiñan en torno a la pantalla del ordenador para leer algo que les he mostrado; decorando la escena decenas casi imperceptibles de detalles testigos del desarrollo del curso: libros, fotografías, noticias, cuadernos,…; y, como fondo soberbio, una copiosa nevada que añade un matiz mágico al conjunto. Y allí estaba de pie, mirando a los niños, al carbonero, los copos de nieve, …, contemplando todo ese conjunto como si fuera materia para algún tipo de ensoñación. O quizá lo fuera.

Buen comienzo de semana.

3 comentarios:

amparito dijo...

Veo que tu asignatura alternativa va viento en popa a todo carbonero
El pajarillo preferido de mi pequeña Luna es el Herrerillo (ella lo llama Ferrero por precioso poster de pájaros que editó el ligallo de fablans del Alto Galligo)
El otro día uno comia migas de pan en nuestra ventana pero ella se lo perdió y cuando saqué la cámara, por supuesto, desapareció.
No les gustará tener la memoría estática de la fotografía???
Besos

Eloi BLQ dijo...

no sé si es exactamente la misma sensación que has compartido con nosotros, pero a veces a mí me parece encontrarme como un extraño en un lugar, no saber porque se está allí y preguntarse donde estaría si hubiera elegido otra vida, o si hubiera nacido en otro sitio, o si lo que hago realmente lo estoy viviendo y entonces es cuando esa imagen se queda congelada unos segundos y se une a otras imágenes en un modo linear de la vida, donde todo tiene un sentido y me pongo de nuevo a mis tareas.

Kikiricabra dijo...

Hola, Amparito. Los comederos los dejamos colocados y así podemos seguir a los pajarillos en mitad de una división muy difícil o de una bella poesía. El herrerillo es precioso, pero es que cuanto más conoces a cualquier ave (o ser vivo), más belleza observas en cada una. Aún el acentor con su modesto plumaje es magnífico. Si lees esto y te apetece, puedo mandar a tu hija algunas fotos de este pajarillo "ferrero".

Eloi, en el escrito no me refería exactamente a eso, pero creo que sí compartimos algo similar a la sensación que describes. En mi caso, es frecuente percibirme a mí mismo y al contexto como si fuera un espectador de la situación, que se torna extraña e irreal. Quizá esté tipifizado como delito o como enfermedad y deberíamos estar ahora atados y tomando alguna pastilla de colores.

Un abrazo para los dos.

Publicar un comentario