martes, 9 de noviembre de 2010

CUANDO UN NIÑO TIENE SED, BEBER AGUA SUELE SER UNA BUENA OPCIÓN.


A estas alturas de espectáculo supongo que me disculparán otra frase difícilmente explicable como la del título. En todo caso, den de beber al sediento.

Cada año que pasa concedo más importancia en clase a la convivencia y a los aspectos emocionales. Por una parte, los alumnos y yo vamos a pasar juntos mucho más tiempo durante el curso que con nuestras propias familas, por lo que llevarnos bien parece sensato. Por otra parte, crear un clima agradable en clase posibilita, sin duda, un mejor trabajo en torno a las distintas áreas curriculares. Supongo que ustedes habrán trabajado en entornos con ambientes variados, así que sabrán de qué les hablo.

La creación de un ambiente de trabajo calmado, alegre, distendido, también serio y riguroso, ..., supone, por tanto, uno de los principales objetivos a alcanzar en los meses iniciales del curso.

Tal ambiente tiene que ver, supongo, con el tono empleado, con la manera de decir, de mirar, con las respuestas, con las preguntas, con los silencios. También depende de cómo materializar algunas ideas sobre el funcionamiento de la clase. Al respecto, estos días estoy considerando desde diversas perspectivas un enfoque que leí a varios autores, que me pareció muy interesante, y que intentamos aplicar ahora. Dichos autores se planteaban el sentido de una educación anquilosada basada en los castigos y en los premios y alentaban a los docentes a pelear por una escuela en la que las conductas estuvieran motivadas en la mayor medida posible por la misma conducta; es decir, que los alumnos fueran conscientes en la medida de sus posibilidades de la necesidad y el beneficio de las tareas emprendidas y el hecho de hacerlas bien y superarlas supusiera la motivación y el refuerzo necesario ¿Qué valor tiene la conducta de un niño si ha surgido exclusivamente como respuesta a un látigo amenazante o a una jugosa zanahoria? ¿qué ocurrirá cuando desaparezcan los premios y castigos? ¿puede enfocarse el aprendizaje únicamente desde los modelos del condicionamiento? ¿tiene esto algo que ver con el problema de moda en las escuelas que trata sobre jóvenes desmotivados que lo tienen todo y se muestran sin curiosidad, ni esfuerzo, ni capacidad de sorpresa? Si ustedes, maestros, padres, o personas de otras categorías sociales distintas a las anteriores (excepto banqueros y promotores inmobiliarios, que no entenderán nada, imagino) consideran detenidamente esta propuesta, observarán el cambio tan notable que supone en el hacer diario. En clase conté la versión resumida de este embrollo y todos los niños se mostraron de acuerdo. A todos les pareció coherente y justo. De este modo intentamos ayudarles a ser autónomos, responsables, y a mantener ese pequeño tesoro consistente en valorar el interés personal, el gusto por aprender, y el esfuerzo como los auténticos motores de nuestro comportamiento ¿hemos de aspirar a ello, o no?

Y ahora, como diría cualquiera de nuestros políticos consultando a micrófono cerrado a cualquiera de sus técnicos sobre una charla en torno a un tema que desconocía pero sobre el que ha dado una conferencia de cinco horas: ¿qué piensan ustedes? ¿dónde cojean estas ideas tan bonitas que les he contado? ¿cuál es el sentido de las cosas?

Que tengan un muy feliz miércoles.

3 comentarios:

Joselu dijo...

¡Qué placer poder debatir todavía en un tiempo en que los niños todavía son permeables y escuchan la voz del profesor alentándoles a ser mejores y a trabajar sin necesidad de estímulos positivos o negativos! No es lo que yo me encuentro día a día, y lo más decepcionante suele ser el ambiente en que están los muchachos del bachillerato. Quiero explicármelo y comprender que están sobrecargados de materia tras largos años de no hacer nada, se les acumulan los exámenes, los trabajos, el proyecto de la llamada investigación (treball de recerca), varios practican deporte tres horas al día. No consideran que a los dieciocho años tengan que ser maduros, ni que la clase deba ser rigurosa... Algo pasa en medio de lo que tú cuentas y el final del proceso que resulta en gran medida descorazonador. Pero esta es mi atalaya y no contemplo todo el panorama. Feliz miércoles.

Tundra dijo...

Creo que es la clave para el buen funcionamiento de la clase y también para el buen desarrollo de una persona. En el momento en que te das cuenta de que todos esos rollos no son por nadie más que por tí, y empiezas a ver que algo tiene sentido (o casi, pocas cosas tienen sentido...), entonces todo surge solo, e incluso disfrutas de la tarea de ir al colegio y aprender.

Suerte tienen esos niños de vivir en Anso.

Marciano Ansotano dijo...

Hola, Joselu.

No sé si realmente existe ese contexto del que hablo o simplemente los niños aún no tienen los mecanismos de rebelión que sí tienen los adolescentes. Además, obligar a actuar a la conciencia, a la responsabilidad, al sentido crítico, ...pensar, en definitiva, es profundamente peligroso para el incitador, que se las tendrá que ver con distintos guardianes del orden establecido, de normalidad, y de las costumbres.

Águila azor-gallinácea, no sé muy bien para qué son esos rollos. Quizá tampoco sean por ellos. No sé. En todo caso, invitan a vivir de una manera que parece más valiosa.

Un fuerte abrazo para ambos.

Publicar un comentario