domingo, 5 de marzo de 2006

Frente a la pantalla, con las teclas dispuestas. Hoy la información es un pena:

Concurso de traslados: José Luis Capilla Lasheras. Origen: CRA Río Aragón (Huesca). Destino: CRA Algars de Cretas (Teruel).

Alguien importante se ha enterado de mi felicidad y ha decidido pegarme una gran patada en el culo.

Desde que empecé a trabajar en Huesca hace 4 ó 5 años, con mis queridas abuelas de gerontogimnasia, me han resultado muy difíciles las despedidas. Me temo que uno de los aspectos más duros de mi trabajo va a ser este.

Llevaba semanas esperando el destino. Y mi novia y mi madre, claro, y algunos más. Yo tenía la esperanza de poder seguir en Ansó. Ya saben: la naturaleza, el pueblo, su olor, sus casas, ..., y mis alumnos. Unos alumnos que se convierten en la familia de un maestro al ser las únicas personas con las que se comunica durante la mayor parte de la semana, si no toda. Y no sólo eso: los primeros alumnos que me han dado la oportunidad de ser tutor, de conocerles, de mostrarles algunas pocas cosas del mundo que nos rodea. Probablemente los alumnos que más me enseñarán durante mi camino como maestro.

He invertido, y sigo en ello, un buen esfuerzo cada día en tratar de mejorar mi relación con ellos. Ahora, esa voz de la resultante final de los movimientos migratorios de los 100.000 maestros ambulantes me dice: "Olvídese de las chorradas, que el año que viene ponemos ante usted otro grupo y vuelta a empezar". Realmente no tengo ninguna gana de volver a empezar.

Recién conocida la noticia, al comentarla con los compañeros, los alumnos detectaron alguna cosa extraña, ¿una cara triste?, y pedían información. No les dije nada (algún "¿qué pasa?" sonó 250 veces). Creo que no me atreví. La historia se repite. A mis queridas abuelas también les informé de mi despedida en los últimos días, tratando de evitar, por todos los medios, una información que resultaba dolorosa.

Al curso le quedan 4 meses, pero ya van a ser 4 meses tristes, con la certeza de que llegará junio, y el día 20 ó 21 cerraré por última vez la clase, haré de nuevo las malditas maletas, y me alejaré de Ansó. Muchas ilusiones, ideas, etc. se quedarán atrás, junto al pueblo. Y para los alumnos el nuevo curso comenzará con una nueva incógnita de lo que la ruleta les haya deparado, recordando quizá alguno al maestro recién desaparecido.

Los 6 meses anteriores han estado repletos de descubrimientos, de compañeros, de tiempo, de trabajo y resultados, ... de felicidad, en definitiva. Pero todo ha quedado empequeñecido ahora, y todo ha perdido un poco de sentido y de brillo.

Cretas es el pueblo de Jaime. Otro guiño del destino.

4 comentarios:

JRoca dijo...

El concurso de traslados es una pena cuando no te quieres mover y una vía para moverte cuando no estás a gusto. En mi caso no es ni una posibilidad porque en Catalunya este año no hay concurso y a la fuerza tengo que quedarme donde estoy.
En tu caso no te preocupes, se ve que te gusta tu trabajo y tienes ganas de aprender y dar conocimientos a los demás. Va a salir bien, ya lo verás.
Saludos

Anonymous dijo...

tendrás suerte en cualquier parte. Y sí: hay que aprender a olvidar. Y hay que aprender a empezar de nuevo. Quizá no te quedes en Cretas. Lo más fácil es que haya renuncias (bastantes renuncias) por delantre de ti y que se mueva la lista.
ánimo

José Luis Capilla Lasheras dijo...

Gracias a los dos por los ánimos y las indicaciones.

Lo de aprender a empezar y a olvidar no lo tengo claro. Cuando lo que hace que me guste tanto mi profesión es el trato establecido con los alumnos, eso de olvidar y cambiar es complicado.

No sé si puede ser un síntoma de falta de profesionalidad esa especie de apego, de lazos afectivos, ..., pero, de momento, es lo que hay.

Y sí, ya me han comentado lo de las renuncias. Eso sería una segunda estocada, ya mentalizado a mi nuevo emplazamiento, con la ventaja de ser el pueblo de mi compañero de casi todo.

Es muy curioso que la vida del próximo curso oscile entre lugares tan diversos en tan sólo unas pocas semanas.

Saludos y gracias de nuevo.

Anonymous dijo...

No lo tomes así. Cambiarás de destino, seguro. Efecto dominó. Renuncian los definitivos que han arriesgado y ahora les puede el miedo.

Y no es falta de profesionalidad. No he querido decir eso. He visto llorar a muchas maestras cuando acaba el curso, cuando se separan de unos alumnos que en realidad no son suyos -que nunca lo han sido- después de haber trabajado con ellos durante tres años.

Volver a empezar... el año próximo será mucho mejor que éste y un poco peor que el siguiente. Te lo escribe quien termina cada mes de junio convencido de que ha tenido a los mejores alumnos de su carrera. Afortunadamente, éste es un sentimiento que se repite cada final de curso.

También creo que habéis tenido mucha suerte. los principios, a veces, son un poco duros.

"35 años dictando dictados".
¿Te imaginas? 35 años...

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